Otra Presidencia tripartita
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Otra Presidencia tripartita

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Otra Presidencia tripartita

10/10/2018
Actualización 10/10/2018 - 7:57

El gran diseño de la presidencia de Enrique Peña Nieto fue ceder el poder a Luis Videgaray y Miguel Ángel Osorio Chong, entonces secretarios de Hacienda y de Gobernación, y a Aurelio Nuño, el jefe de la Oficina de la Presidencia. A través de ellos gobernaba, mediante una delegación implícita del poder, y sólo ellos tenían acceso directo al presidente. El resto del gabinete tenía que pasar retenes burocráticos y enfrentar la furia de uno de ellos cuando al margen de esa tríada lograba un acuerdo con Peña Nieto. Ese férreo control encerró a Peña Nieto en Los Pinos y lo aisló. El modelo se desgastó y terminó con una implosión. Aun así, López Obrador piensa hacer lo mismo.

López Obrador está preparando su propia presidencia tripartita, aunque el modelo difiere del que se implementó en el gobierno de Peña Nieto y es radicalmente distinto en el origen de su diseño. Lo más importante es que el presidente electo, a diferencia de quien será su antecesor, tendrá el control de esa tríada en Palacio Nacional, y no subordinado al poderoso trío de los primeros años del peñismo. Otra característica que lo hace diferente es que no habrá miembros del gabinete involucrados –con lo cual las legítimas ambiciones sucesorias que pudiera estimular, están acotadas–, sino serán parte del staff de la Presidencia.

La presidencia tripartita de López Obrador estará integrada por tres personas que se encargarán de temas específicos. En al área jurídica –por donde pasarán todos los temas que establecerán las bases para la cuarta transformación– está el consejero jurídico designado, Julio Scherer, que ha sido su abogado por más de una década y quien en los últimos años también ha sido una de las personas a quien también encarga temas políticos específicos. Para llevarle la relación con el sector empresarial y con inversionistas, que será un área estratégica en el próximo gobierno, estará Alfonso Romo, próximo jefe de la Oficina del presidente. En la parte política, un cargo fundamental porque hará el trabajo que siempre había hecho predominantemente López Obrador, estará Manuel Velasco, el senador con licencia que está terminando su mandato como gobernador de Chiapas.

Velasco es la revelación de esta presidencia tripartita, pero también una ratificación de la creciente influencia que está teniendo con López Obrador. Velasco trabajó para Morena en las elecciones presidenciales y algunos de sus colaboradores más cercanos son ahora colaboradores cercanos del tabasqueño. El gobernador y senador, con muy mala imagen pública, es sin embargo, un eficiente operador político. Una demostración de ello fue conseguir el aval de Peña Nieto para impulsar a Morena en Chiapas, y en contra de José Antonio Meade, candidato presidencial del PRI y el gobierno. Cómo lo hizo, no se sabe. Lo único cierto, revelado por él mismo a sus cercanos, es que el respaldo a Morena fue platicado y autorizado por el presidente.

La presidencia tripartita, a diferencia también de lo que sucedió con Peña Nieto, no es un modelo ajeno a López Obrador, como sí lo era para el presidente, que como gobernador del Estado de México tenía relaciones e interacciones directas, que perdió en Los Pinos. López Obrador, en cambio, ha pulido ese sistema desde que era jefe de Gobierno en la Ciudad de México, donde tenía colaboradores a quienes encargaba asuntos específicos. Quien más trabajo político desarrollaba en aquellos años con encargos delicados de López Obrador, era René Bejarano, que trabajaba en su oficina.

En la última campaña presidencial, el entonces candidato utilizó para esos fines a diferentes personas. Scherer y Romo fueron dos de ellos, así como Tatiana Clouthier, su coordinadora de campaña, pero cuya primera prioridad fue acercarle a grupos de la sociedad con quienes nunca había tenido relación. Su principal enlace, sin embargo, ha sido su hijo Andrés, la persona de mayor confianza del presidente electo, aunque aún no está claro si como se pensó antes de la elección presidencial, lo acompañará como consejero sin cartera en el gobierno o se irá a estudiar un posgrado a Boston.

No se sabe cómo gobernará López Obrador, y aunque no es lo mismo la presidencia que la jefatura de Gobierno capitalino, se pueden hacer conjeturas razonables de cómo lo hará. En el Palacio del Ayuntamiento ofrecía sus conferencias de prensa mañaneras, que comenzaron como una estrategia para llenar los espacios de información matutinos y jalar a todo el gobierno para comenzar sus labores temprano, y presidía la reunión con el gabinete de seguridad. Después desayunaba, generalmente de trabajo y en su oficina, tras lo cual encargaba los temas del día a Bejarano. A media mañana se iba de la oficina, a veces a jugar beisbol, muchas veces a reuniones con diferentes grupos de la sociedad, y regresaba en la tarde para revisar los pendientes. López Obrador ya adelantó que en la presidencia tendrá una conferencia de prensa mañanera y presidirá las reuniones con el gabinete de seguridad. De ahí en adelante aún no se sabe cómo dividirá sus días.

Pero el diseño de su presidencia tripartita permite suponer que será un modelo similar al que siguió en el Palacio del Ayuntamiento, donde a través de sus brazos informales gobernará el día con día. López Obrador tendrá una mayor carga de trabajo en Palacio Nacional, pero como lo han hecho otros presidentes, dispondrá de tiempo suficiente para otras tareas. Algunos de sus antecesores usaban las tardes para reuniones de trabajo privadas e incluso personales. Conociendo a López Obrador, el tiempo que le quede libre será utilizado en lo que es su vida: trabajo político y electoral, porque su siguiente meta está en 2021.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.