Profecías autocumplidas
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Profecías autocumplidas

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Profecías autocumplidas

28/11/2018

La economía es una caja negra donde las decisiones agregadas de millones de entes económicos dificultan cualquier tipo de predicción. La teoría no alcanza un consenso sobre la dinámica que genera los ciclos económicos, pero las crisis son recurrentes y los economistas sí consensuan que su gestación responde a desequilibrios estructurales o burbujas financieras.

Sin embargo, cada vez más se señala a otra causa de las crisis que no atiende a cuestiones estructurales y es más difícil de medir, las expectativas. La pérdida de confianza, aunque no tenga fundamento sólido, puede llegar a desencadenar una recesión en un proceso descrito como profecía autocumplida.

Algunos economistas influyentes han señalado que la crisis financiera del 2008 y la de deuda europea podrían tener de fondo una pérdida de confianza, que terminó por generar un rebalanceo (léase crisis), mayor al que le correspondía. En momentos previos a la crisis, el consenso de analistas descartaba que las condiciones del momento apuntaran a una recesión de tal magnitud.

Ahora, la mayoría de analistas e inversores pronostican un menor crecimiento global. Algunos vaticinan grandes crisis, otros meras desaceleraciones. La realidad de la ciencia económica es que aún no poseemos modelos lo suficientemente afinados para pronosticar crisis. La trayectoria histórica de progreso económico enfila todas las proyecciones hacia mejores perspectivas, pero hay sobradas evidencias que choques externos y fortuitos suelen desviarlas temporalmente. Como mucho, podemos inferir los efectos de un evento observado anteriormente, pero se nos escapa pronosticar el momento en sí.

En México, por el momento, no ha habido ningún cambio estructural, pero el sector privado ya lo da por hecho. Las señales del nuevo gobierno, que ni siquiera ha tomado posesión, reavivan un escenario de alta incertidumbre, comparable al que generó el proteccionismo de Estados Unidos.

Esta perspectiva contrasta con una mejor percepción del futuro por parte de una mayoría de votantes que pidió el cambio de régimen y que, manteniendo todo lo demás constante, debería ser positivo para el crecimiento.

Creo que aún está por ver quién ganará el pulso, pero es sumamente peligroso seguir apostando por el peor escenario. Cuando los agentes económicos mantienen perspectivas optimistas no siempre aciertan, pero cuando se generaliza el pesimismo es mucho más probable que se materialice.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.