La estafa maestra y el triángulo de la amistad
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La estafa maestra y el triángulo de la amistad

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La estafa maestra y el triángulo de la amistad

27/06/2018
Actualización 27/06/2018 - 13:23

José Antonio Meade aceptó la candidatura presidencial del PRI a sabiendas de que se jugaba un albur. Era su prestigio personal contra la mala fama del partido y del gobierno que lo impulsaban. Dicen que algo parecido habría calculado el presidente de la República: que un puro calme la ira y logre que la polis priista no sea destruida.

Como reza el dicho, Meade se metió a redentor y acabó crucificado. No hubo escándalo del peñismo que no le colgaran. Desde Odebrecht hasta Javier Duarte, de la operación Zafiro revelada en Chihuahua al gasolinazo, de la visita de Trump a Ayotzinapa, de la 'casa blanca' a la estafa maestra. El candidato que presumía de honesto fue el pararrayos de los nubarrones de corrupción, improvisación e indolencia de estos años.

Lo anterior no quiere decir que Meade, en tanto servidor público de primer nivel de este sexenio, estuviera libre de responsabilidad en algunos de esos casos. Por ejemplo, la estafa maestra le persiguió en los debates presidenciales donde le reclamaron, en el mejor de los casos, su inacción frente a los millonarios desvíos detectados por la Auditoría Superior de la Federación (que en paz descanse).

Pero cabe preguntarse si el presidente de la República, en una jugada de oficio político, no tuvo al destapar a Meade una segunda agenda, una que le permitía que Pepe se convirtiera en el cordero mediático que absorbiera la atención de las culpas del sexenio, mientras otros personajes de esta administración intentaban la Lavolpiña: llegar al siguiente puesto caminando, sin apenas ser cuestionados.

Porque la estafa maestra no es sólo Meade, y para el caso no es sólo Rosario Robles. Ese cuestionado esquema fue mucho más allá de Sedesol y no todos han sido llamados a rendir cuentas. Entre éstos, por ejemplo, está el candidato a senador por Chihuahua, José Reyes Baeza (adelanto al lector que el también exgobernador chihuahuense dice que cualquier señalamiento se trata de guerra sucia, etcétera, etcétera).

Animal Político publicó el lunes un reportaje en el que se informa que la Secretaría de la Función Pública ya sancionó a Héctor Valles Alvelais, colaborador de Reyes Baeza en el Fovissste cuando ese organismo dio 129 millones de pesos a la Universidad Autónoma del Estado de México. Ese caso forma parte de 'La Estafa Maestra' publicada por AP y Mexicanos contra la Corrupción y la Impunidad. Las empresas que más se beneficiaron de esos 129 millones fueron las de un personaje de nombre Francisco Javier Ramírez Lares.

Como se expone el reportaje de esta semana, Ramírez Lares, Valles Alvelais y Reyes Baeza son amigos. Y el primero de ellos obtuvo otros mil millones de pesos en contratos por parte del ISSSTE y del Fovissste cuando los presidió su amigo, el hoy candidato a senador por el PRI.

Al acceder a esos contratos, empresas de Ramírez Lares llegaron al extremo de algo que podría señalarse como simulación de competencia, pues él estaba detrás de una empresa llamada Nubaj y de otra de nombre Neixar Systems SA de CV, y ambas se presentaron en al menos una ocasión a 'competir' por un contrato.

Cuando los periodistas le preguntaron al respecto, Ramírez Lares dijo primero que “ambas compañías son ‘competencia amiga’ y que no forman parte de un mismo corporativo”. Aunque finalmente acabó admitiendo que es apoderado de Neixar y dueño de Nubaj. Cómo les quedó el ojo con ese nuevo concepto de “competencia amiga”.

Insisto: Reyes Baeza dice que él no tuvo nada que ver con que Valles Alvelais, su amigo y colaborador en el Fovissste, le diera a la UAEM un contrato que en buena medida acabó en manos de empresas de su otro amigo, Ramírez Lares. Pura casualidad. O si no, que nos lo explique Meade, que para eso se metió a esto, para dar la cara por los que se esconden detrás de su fama de funcionario probo. A él ni al bonito 'triángulo de la amistad' de Reyes Baeza lo invitan. Qué gachos.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.