Nosotros los fifís
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Nosotros los fifís

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Nosotros los fifís

05/10/2018
Actualización 05/10/2018 - 9:07

Nosotros los fifís no aceptamos que nadie nos dispute el monopolio de la cursilería.

Entiéndelo bien, desclasado, tú no tienes derecho a una boda con chorros de rosas ni a un desplante de melcocha en la mesa de los postres. En nosotros, esos detallitos son ten-den-cia; en ti, opulencia.

Porque nosotros los fifís nos las hemos visto negras (es un decir, nada qué ver con ese color, Dios no lo quiera) para acaparar el derecho de la frivolidad, un arte que hemos cultivado por generaciones para que ahora resulte que de buenas a primeras cualquiera se nos quiera igualar.

¿Casarse de frac? Momentito, antes de rentar tan lustrado terno responda el censo fifí: ¿cuántos de sus antecedentes fueron abiertamente porfiristas? ¿Qué rama familiar tiene apellidos compuestos? ¿Ninguno? Uy, ¿qué le parece casarse de chinaco? ¿No? ¿De tarasco? ¿Tampoco? Bueno, pero no nos arrugue mucho el frac, y menos se acostumbre a él, no lo olvide, es sólo rentado.

Nosotros los fifís hay una cosa que justo estamos descubriendo: que los no fifís también se casan. Dónde se había visto tamaño arribismo: ¿por qué no se juntarán nomás así, como los animalitos?

Nosotros los fifís sabemos que las malas mujeres pierden a los buenos hombres. Por eso denunciamos a esas pérfidas. Qué MeToo ni qué inventos. Él era un buen hombre hasta que en su destino se le apareció una Eva cualquiera. O eso dice Guadalupe Loaeza en su columna de ayer: “Hemos de decir, porque lo conocemos, que nunca hemos sabido nada de César Yáñez que fuera cuestionable. Al contrario, como miembro del grupo íntimo del Presidente electo, es uno de los colaboradores más apreciados por su lealtad, su bajo perfil y su indiscutible profesionalismo. Sin embargo, acerca de ella se dicen muchas cosas nada sweet..., de allí que concluyamos que el tipo de boda se le parece más bien a la novia, que al novio. Con todo el trabajo que ha de tener César Yáñez en estos momentos, no ha de haber podido seguir de cerca toda la organización de la fiesta. No se ha de haber enterado de nada hasta que leyó las crónicas. Del menú de la ceremonia, lo que llama más la atención es que se haya servido como primer tiempo: “Cola de Langosta”, y como segundo, “Bisque de Langosta”. ¡Cuántas langostas lloraron y, finalmente, mataron para complacer a la novia! A ella la imagino igual de narcisa que Karime de Duarte y escribiendo una y otra vez, en un cuaderno: “me merezco muchas, muchas langostas”. Por ello hemos decidido llamarla, con todo respeto, Lady Langosta (…) Seguramente ella logró su objetivo de lucirse con sus amigas, con las que siempre compitió por presumir su poder y riqueza y, en esta ocasión, sin duda les ganó”.

Nosotros los fifís no somos malas personas. Deseamos la felicidad a todos, y por eso les decimos, hagan sus fiestas en locales sin enjarre o, si gustan, para ello cierren calles (el Paseo de la Reforma again no, plis), llénense de barbacoa de hoyo o de carnitas cuando más, pero nada de menú afrancesado ni de vals para enamorados.

Y sobre todo ubicatex, porque si te llegas a confundir, si de buenas a primeras sientes que de la cuarta transformación eres el fifí, por atender el canto de las sirenas del Hola perderás lo que siempre fuiste, pero nunca lograrás nuestro pedigrí.

Porque ustedes habrán ganado un pedacito de poder, pero fifís en México sólo hay unos, nosotros, y como nosotros de clasistas, ningunos.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.