Pedro y el lobo
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Pedro y el lobo

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Pedro y el lobo

06/07/2018
Actualización 06/07/2018 - 9:06

El domingo diez de junio, a tres semanas de las elecciones, en parroquias de Jalisco se repartió propaganda en contra de Pedro Kumamoto, candidato independiente al Senado por aquella entidad. Tan sólo en la zona metropolitana de Guadalajara fueron detectados volantes en contra del joven político en las afueras de los templos del Señor de la Salud, Nuestra Señora de Bugambilias, Nuestra Señora de Guadalupe, El Calvario, El Santísimo Redentor, Nuestra Señora del Refugio, San Nicolás de Bari, San Pedro Apóstol, Nuestra Señora de Loreto y San Francisco Javier.

Algunos volantes fueron repartidos entre quienes iban a misa ese día; otros fueron dejados en parabrisas de autos cercanos. En los mismos se muestra una foto del candidato pegada en la copia de un oficio del Congreso del estado de Jalisco. El título de ese panfleto es “Exhorto de Pedro Kumamoto exigiendo norma abortista”. Fechado el 13 de octubre de 2016, en ese oficio varios diputados pedían a la Secretaría de Salud estatal que implemente “a cabalidad la Norma Oficial Mexicana NOM-046-SSA2-2005 relativa a los criterios para la prevención y atención de la violencia familiar, sexual y contra las mujeres en los términos que esta dispone”. Entre las firmas está la de Pedro.

Este caso es sólo uno de los factores de 'guerra sucia' mencionados en un reporte interno del equipo del candidato Kumamoto, que junto con su compañera de fórmula, Juanita Delgado, quedaron fuera del Senado por 60 mil votos, que es la ventaja que le sacó el segundo lugar de la competencia, representado por la candidata de Morena. El primer lugar de la contienda se lo llevaron los candidatos de Por México al Frente, Clemente Castañeda y Verónica Delgadillo.

En esa guerra sucia, y no sólo en el tsunami nacional provocado por Andrés Manuel López Obrador con su partido Morena, habría que buscar la clave de la derrota de los wikicandidatos al Senado.

Además de los volantes en los templos, Kumamoto fue objeto de una campaña telefónica y cibernética que incluyó mensajes negativos, falsos o tergiversados a través de páginas de Facebook, canales de YouTube, sitios web, videos y envíos de SMS el día 30 de junio con el mensaje de que el candidato quería “ser Senador e impulsar su agenda de avanzada: legalización del aborto, drogas y adopciones gay”.

Todas esas páginas tuvieron su actividad principal en junio, tercer mes de las campañas. En consonancia con todo ello apareció Juan Sandoval Íñiguez, que no ha dejado la política, a pesar de que ya no es el cardenal titular de la arquidiócesis de Guadalajara.

“Algún otro que anda por ahí de candidato, con cara de buena gente, fue uno de ellos, uno que anda de candidato, el que llevó al gobernador y de alguna manera lo convenció de que aplicara la Norma 046, que es una norma abortista tremenda (…) metió esa iniciativa en la cabeza del gobierno estatal, que la mandó a la Secretaría de Salud para que la ponga en práctica; y ya se han practicado abortos bajo el amparo de esta macabra, asesina y terrible Norma 046”, dice Sandoval Íñiguez en el video (https://www.youtube.com/watch?v=G8-JNbR1efQ).

Tras la derrota de Kumamoto y sus compañeros (ninguno de los wikicandidatos se coló al Congreso federal o local) no ha faltado quien se enconche en el flojo recurso de que perdieron por novatos o por apostar su suerte a las redes sociales.

Con más de 260 eventos públicos registrados en el INE, con visitas a más de 100 de los 125 municipios, Kumamoto y su movimiento tendrán que revisar sus errores e insuficiencias. Pero si por un lado te pega la avalancha morena, por otro el peso en Jalisco de Movimiento Ciudadano –al que algunos también ven como posible autor o coautor de esos mensajes–, y encima te cae el lobo, que sin pudor ni castigo interviene indebidamente en la política, tu suerte está echada. Todos los demás, esos que ganaron, deberían preocuparse: hoy le tocó a Kuma&friends padecer al lobo; mañana irá por ellos.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.