Hambre de sexo
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Hambre de sexo

09/05/2018
Actualización 09/05/2018 - 14:38

Es probable que la palabra deseo aparezca en la mente como sinónimo de sexo. Quizá cuesta más trabajo asociarla a otras necesidades como las de escucha, compañía y compartir la vida en distintos escenarios. Para algunas personas primero debe satisfacerse el deseo sexual para sentir ganas de acompañar, escuchar, consolar y desplegar amor y ternura. Dicen que los hombres tienden a sentir así. Para otros primero es la compañía, la conversación, el abrazo o la complicidad de una actividad compartida y luego aparece el deseo sexual. Dicen que las mujeres en general se sienten así.

Sería irresponsable asignarle un lugar al sexo en la vida de una pareja porque sólo la pareja misma puede determinar su importancia; sin embargo, en los países que pertenecen a la OCDE (México es uno de ellos) la primera o la segunda causa por la que se busca el divorcio es la falta de sexo.

No tener vida sexual podría parecer un problema de primer mundo o sea una trivialidad, pero es mucho más serio de lo que parece y una alarma que debería escucharse.

El sexo mantiene a dos personas unidas porque es una de las formas más elocuentes y profundas de la aceptación incondicional; de esa parte íntima de la personalidad que puede desplegarse seguros de que no habrá juicio ni rechazo. Todas las fantasías y los anhelos carnales podrían caber en el intercambio de una pareja que se ama y que ha construido una base sólida de confianza. El sexo es un modo de legitimar la existencia del otro como un ser digno de aceptación, amor y deseo.

Cuando una pareja deja de tener sexo comienza a sentir que ya no es posible ser auténtico en la presencia del otro. La víctima del rechazo difícilmente puede hablar con tranquilidad de sus sentimientos y comienza a comportarse de modo sintomático: azota puertas, rompe platos por accidente, se vuelve callado, indiferente, agresivo o sarcástico y a veces un poco monstruoso, justificando con esta reacción la falta de deseo de quien ahora sí encuentra más pretextos para seguir alejado o alejada. Un círculo vicioso que alimenta la distancia.

Una de las conversaciones más difíciles de tener es sobre la falta de sexo en una relación. Es vergonzoso no sentirse deseado y además tener que hablar de ello. La reconstrucción de la cercanía sólo puede ocurrir si ambos pueden aceptar los sentimientos que los llevaron a la desconfianza y a la frialdad. Puede ser insatisfacción en otros planos de la vida lo que ha enfriado la pasión. Pueden ser agendas imposibles de cuadrar o el silencio del menos deseoso que no se siente comprendido o valorado, que se cansa de las rutinas o que tiene miedo del juicio si expresa anhelos y fantasías sexuales, que abarcan desde darse más besos hasta querer encuentros menos convencionales. Hablar y escuchar en un formato sencillo y no acusador es difícil. Es necesario describir los deseos sexuales o la falta de éstos con honestidad, sobreponiéndose al enojo y al miedo. La pregunta que hay que responder es muy simple: ¿Qué quiero del sexo?

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.