La personalidad autoritaria
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La personalidad autoritaria

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La personalidad autoritaria

02/05/2018

Theodor Adorno y Max Horkeimer escribieron en 1950 un libro importante para el mundo de la psicología. La personalidad autoritaria fue un intento de explicar por qué el nazismo ganó terreno en Europa. Adorno y Horkeimer usaron varias escalas sociales para intentar entender el racismo y el odio que permitió el asesinato de 6 millones de judíos y la muerte de millones en el plano psicológico.

La Escala F de Adorno (F de fascista) no nos es ajena ni caduca. Todo lo contrario, vigente y mucho más cercana de lo deseable: Padres y madres que califican todo como bueno o malo y que desde el maniqueísmo moral “educan” hijos angustiados que siempre se sienten del lado incorrecto. El bien y el mal aplica a muy pocas cosas: al asesinato, a la violación, al abuso de inocentes, pero los moralistas generalizan y solo "piensan": esto es malo, está prohibido, es antinatural, y omiten la reflexión que las contradicciones, ambivalencias y fallas humanas requiere.

La sumisión se considera la única opción frente a una autoridad incuestionable. Se debe obediencia a los padres solo por el hecho biológico de serlo, pero no porque se lo hayan ganado aprendiendo a escuchar, comprender y negociar. Pobres padres que creen que sus hijos están bien educados cuando se han dedicado a domesticarlos como si fueran animales para que tengan la apariencia que necesitan. La moral que no es autónoma solo funciona con vigilancia y castigo. Los niños y adolescentes que no aprenden de porqués y que no tienen libertad (de acuerdo a su edad) para elegir son muchos más propensos a romper peligrosamente con todos los dogmas impuestos. Es el fanatismo que en todos los planos afirma: esta es la verdad y no se critica ni se cuestiona, a riesgo de sufrir el ostracismo, ser tachado de traidor o de mal hijo y hasta la muerte en algunos cultos y sistemas políticos.

La agresión, en la forma de castigos como el maltrato psicológico o físico, cárcel, tortura, pena de muerte o asesinato, es justificada por los autoritarios, porque quienes actúan mal se la merecen. Como el hombre que insulta a su pareja porque lo provocó; el padre que da una bofetada o denigra al adolescente pues su forma de ser no cumple sus criterios ni expectativas; los estados totalitarios que reprimen la libertad de expresión y todas las formas de la protesta.

Los autoritarios tienen una visión oscura de los otros. Están obsesionados con el pecado, el mal, la mala conducta, la inmoralidad. Creen que toda la gente mentirá, hará trampa o robará si tiene la oportunidad. Están a favor del despliegue sin límites del poder y rechazan con fiereza las ideas que consideran peligrosas o demasiado arriesgadas porque tienen una visión del mundo en blancos y negros.

Los autoritarios, desde el punto de vista de las defensas psicológicas, proyectan sus propios sentimientos de inadecuación, rabia y miedo en un o unos chivos expiatorios. Son puritanos en sus ideas sobre la sexualidad sin darse cuenta de que la represión provoca lo que temen: reacciones violentas frente a la falta de libertad y conductas sexuales de riesgo. Podríamos dejar de ver el autoritarismo en los otros y ser capaces de reconocer el propio.

Vale Villa es psicoterapeuta sistémica y narrativa.

Conferencista en temas de salud mental.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.