Una tras otra
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Una tras otra

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Una tras otra

06/06/2018
Actualización 06/06/2018 - 10:00

Entiendo el hartazgo. Lo comparto. Casi todos estamos hartos de la corrupción desmedida que priva en este país. No todos, claro está. Karime Macías seguro está feliz de que se le haya permitido a ella y a su marido robar miles de millones de pesos para su tan poco merecida abundancia. Los beneficiarios silenciosos y ocultos de las corruptelas del caso Odebrecht estarán encantados de que el tema no se investigue más. Con la corrupción desmedida, la administración actual se encargó de echar por la borda sus propios logros.

En este sexenio hubo avances relevantes. La reforma energética generará cambios positivos en la forma de aprovechar los recursos del país. La reforma educativa propiciará una mejor educación para los niños mexicanos. Son sólo dos de las reformas que se hicieron, pero que fueron mal comunicadas generando expectativas de cambios instantáneos. No se puede arreglar en un año, ni en dos, ni en un sexenio, las distorsiones ocasionadas en décadas. Hoy esas reformas están en riesgo.

El modelo económico —lo que sea que eso signifique— ha sido cuestionado sin reconocer sus logros. Los estados del país que se han abierto a la competencia, al cambio tecnológico, al comercio han crecido y lo han hecho de forma sostenida logrando mejorar en todas las variables económicas: crecimiento importante del empleo formal, aumentos en productividad, disminuciones en pobreza y disminuciones en desigualdad. Los estados en los que este modelo económico no se aplica viven rezagados. Son estados que no crecen, que viven las consecuencias de la ineficiencia petrolera. En ellos, la informalidad es rampante, la productividad es la menor del país y es donde se concentra la pobreza. Con estos extremos, el promedio del crecimiento del país es mediocre.

Hoy el candidato puntero y probablemente el siguiente presidente de México, acompañado de su equipo, capitalizan este hartazgo y estas diferencias en su estrategia en su campaña.

Sin embargo, de llevarse a cabo sus promesas, no sólo no acabará la corrupción, sino que el tan ansiado crecimiento económico no llegará y tampoco erradicarán la pobreza como promete en su proyectos de nación.

El lunes, Rocío Nahle, propuesta como futura secretaria de Energía, tuiteó que con López Obrador habrá créditos sin intereses que incluso podrán pagar con crías, lo que permitirá multiplicar el hato ganadero en México. Solo se requerirá voluntad política para hacerlo.

Es increíble la irresponsabilidad de este tipo de propuestas.

Claro que será aún más irresponsable aplicarlas. ¿Créditos gratis? ¿Quién los dará? ¿Lo financiará el gobierno? ¿Con qué recursos? ¿Con los ahorros que obtendrán al corregir las ineficiencias actuales en el gasto público? ¿O será con los ahorros que se darán al desaparecer mágicamente la corrupción? ¿Pagar con crías? ¿Alguien dará un crédito en pesos que será pagado con pollos o cerdos o vacas? No creo que los intermediarios financieros estén dispuestos a recibir el reembolso de su crédito —sin intereses— con animales. Suponiendo que el gobierno es quien dará los créditos, ¿el gobierno los recibirá? ¿Y qué hará con ellos?

Es lamentable la irresponsabilidad de este tipo de propuestas que denotan, además, un profundo desconocimiento de los temas. Hay mucha gente preparada en este país y con vocación de servicio público. Habrá que acercarse a ellas.

No es la única. López Obrador dice que los campesinos de Guerrero dejarán de sembrar amapola para cultivar maíz. No entiendo por qué lo harían. ¿Estarán dispuestos a ceder las ganancias que obtienen de este cultivo ilegal para ganar significativamente menos? Hay un mercado que ha llevado a cultivar amapola. ¿Se les dará la diferencia entre lo que podrían obtener y lo que obtendrán? Si sí, ¿cómo lo financiará? Así no se resolverá el problema que se intenta resolver.

No cuestiono la gravedad de la corrupción, pero la cifra que López Obrador da en sus discursos, mítines y spots es inventada. Según él, “se roban” cada año 500 mil millones de pesos del presupuesto de acuerdo, también según él, al Banco Mundial. Ese estudio no existe. Increíble la facilidad para mentir y la ligereza con la que sus seguidores, particularmente los académicos, le permiten la mentira.

También propone bajar a la mitad los sueldos de los altos funcionarios. ¿Sabrá López Obrador que los salarios en el sector público han aumentado significativamente menos que la inflación en por muchos años? En términos reales el salario ha bajado continuamente. Con salarios nominales aún más bajos, los mejores funcionarios se irán al sector privado o a donde les paguen más. Se atraerá peor capital humano abriendo aún más la puerta a la corrupción.

Comparto el hartazgo, entiendo el deseo de cambio. Pero con tontería tras tontería sólo se agravarán los problemas que se pretende resolver.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.