‘Paddington 2’: la bondad no debe pasar de moda.
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‘Paddington 2’: la bondad no debe pasar de moda.

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‘Paddington 2’: la bondad no debe pasar de moda.

'Paddington 2' no tiene ironías ocultas, pero sí actuaciones llenas de calidez y encanto y a la generosidad como protagonista.

Eldaa García
11/02/2018
Actualización 11/02/2018 - 11:55

Hay algo en Paddington, salido del “más profundo Perú”, que nos impide ser cínicos con él. Nacido por accidente como un regalo para su esposa, Michael Bond insufló en él algunas de las cualidades del británico por excelencia: los buenos modales (manners first), la amabilidad y la generosidad.

En esta segunda entrega, el adorable osito ya está completamente integrado a la familia Brown, dirigida por Mary y Henry Brown (entrañables Sally Hawkins y Hugh Boneville), que lo ha arropado como un de los suyos. No obstante, aún siente nostalgia y escribe a diario a su tía Lucy, quien vive aún en el asilo para osos ubicado en lo profundo de la selva.

Como el cumpleaños de ella ya se acerca, Paddington desea hacerle un regalo único y especial, por lo que acude a la tienda del señor Gruber, en donde encontrará un viejo y hermoso libro con los principales atractivos de Londres.

Todo iría bien hasta ahí de no ser porque ese libro es la llave a un gran tesoro, del cual tiene conocimiento Phoenix Buchanan (un Hugh Grant con una enorme capacidad de burlarse de sí mismo), un actor venido a menos que desea apoderarse de ese ejemplar a como dé lugar, lo que desata una serie de acontecimientos que terminan con el osito siendo enviado a la cárcel.

Es a partir de ahí que la magia de la cinta dirigida por Paul King se muestra en todo su esplendor: ahí, con los rudos entre los rudos, tanto el grandioso Knuckles (Nudillos, no Puños, interpretado por el magnífico Brendan Gleeson) como Paddington, enmarcados en una fotografía que por momentos recuerda a Hotel Budapest de Wes Anderson, nos envían un mensaje esencial: que la bondad siempre hará sacar lo mejor tanto de quien la da como de quien la recibe.

Paddington 2 no tiene cinismo ni ironías ocultas, pero sí actuaciones llenas de calidez y encanto que nos recuerdan que nunca se debe dejar atrás a los tuyos y que la generosidad a veces puede revivir corazones, incluso de los de aquellos que nunca han hecho nada por nadie. Michael Bond puede sonreír satisfecho de que su pequeño y peludo hijo es un gran embajador no sólo del british charm, sino también de algunas de las más bonitas cualidades del ser humano.

Mermelada de naranja para todos.