Cambios y amenazas en la nueva economía global... ¿qué países están preparados para 'brillar'?
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Cambios y amenazas en la nueva economía global... ¿qué países están preparados para 'brillar'?

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Cambios y amenazas en la nueva economía global... ¿qué países están preparados para 'brillar'?

bulletRastreamos las fuerzas que amenazan a las economías más importantes del mundo para determinar qué tan preparadas están para afrontar los cambios.

Bloomberg / Tom Orlik, Scott Johnson y Alex Tanz
11/12/2019
Actualización 10/12/2019 - 4:50
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Hace veinte años, la economía china era una décima parte de la estadounidense. En 2019, tiene dos tercios su tamaño. Para 2039, en la trayectoria actual, será 10 por ciento más grande. India habrá superado a Japón y Alemania para reclamar el tercer puesto en el ranking mundial y Vietnam estará cerca de ingresar a las veinte mayores economías. O no...

Fuerzas disruptivas están sacudiendo la economía global. Los regímenes populistas se alzan contra las convenciones políticas. El proteccionismo sofoca los flujos comerciales que impulsaron el ascenso de China. La automatización y la economía digital potencian la productividad de algunos, pero erosionan las viejas ventajas de otros. La amenaza del cambio climático acecha.

El camino hacia la prosperidad, seguido con éxito por Corea y Japón, es cada vez más difícil de andar. Desde Beijing hasta Brasilia, lograr la combinación adecuada de inversión inteligente, mano de obra calificada, capacidad de innovación y gobernanza efectiva es un reto. Combatir las fuerzas disruptivas que, desde el proteccionismo hasta el cambio climático, amenazan con impactar las economías de ingresos bajos y medios, es otro desafío.

El informe New Economy Drivers and Disrupters Report, impulsores y disruptores de la nueva economía, documenta las nuevas fuerzas que dificultan el camino hacia el desarrollo y trastocan el paradigma de ganadores y perdedores en la economía global.

El informe, elaborado por Bloomberg Economics, abarca 114 economías, que representan el 98 por ciento del producto interno bruto mundial. Con base en datos de fuentes oficiales, académicas y del mercado, creamos una serie de índices para medir el desempeño de los impulsores tradicionales del desarrollo: fuerza laboral, inversión y productividad.

Pero también medimos el efecto de los grandes disruptores (populismo, proteccionismo, automatización, digitalización y cambio climático), revelando qué economías están expuestas a un mayor riesgo y cuáles están preparadas para aprovechar las oportunidades.

La principal conclusión es que la movilidad económica es cada vez más difícil. Las economías de ingresos bajos y medios están, en general, mal posicionadas para adaptarse a las disrupciones venideras. Sin una respuesta temprana y ambiciosa forjada a nivel nacional e internacional, el número de economías que transitan de ingresos bajos a medios y luego a un estado de altos ingresos, podría disminuir aún más.

China, por ejemplo, destaca en los impulsores tradicionales del desarrollo. La rápida modernización de la infraestructura, los avances en educación, la inversión en investigación y desarrollo y la determinación del gobierno han generado cuatro décadas de crecimiento estelar. En la búsqueda de un modelo de desarrollo, los políticos ahora tienen la misma probabilidad de mirar al Este que al Occidente como ejemplo.

Pero en la otra cara de la moneda, en lo que respecta a los cambios que cimbran a la economía global, China está peor posicionada. El proteccionismo amenaza con entorpecer los flujos comerciales y ralentizar el avance de la tecnología. El cambio climático agravará el estrés en su extensa costa y en una población ya amenazada por la escasez de agua. La enorme desigualdad y la limitada movilidad social representan una amenaza a mediano plazo para la estabilidad política.

Para China y otras economías de ingresos bajos y medios, acertar con los impulsores tradicionales del desarrollo sigue siendo una condición necesaria para el éxito económico. Sin embargo, por sí sola, ya no es suficiente. Responder acertadamente a las fuerzas disruptivas es esencial.

Partiendo de una posición de mayor fortaleza, las economías desarrolladas enfrentan el mismo desafío. Para Estados Unidos, una fuerza laboral robustecida por los inmigrantes y una mayor productividad estimulada por el comercio podrían mantener el crecimiento anual del PIB en 2.7 por ciento en la próxima década. Sin esos impulsores, las proyecciones de Bloomberg Economics muestran que el crecimiento podría caer al 1.4 por ciento. En Reino Unido, la factura del Brexit sobre el crecimiento ofrece un ejemplo aún más inmediato de cómo los cambios disruptivos pueden alterar la suerte económica de las naciones.

El peligro del proteccionismo: los orígenes de muchos de los cambios que transforman la economía global se remontan a dos fuentes, el comercio y la tecnología.

El comercio es un impulsor de la prosperidad. El comercio sin acuerdo sobre las reglas del juego, y sin compensación para los perdedores, ha originado una reacción proteccionista. Bloomberg Economics estima que el costo de la guerra comercial entre Estados Unidos y China podría ascender a un billón 200 mil millones de dólares para 2021, con el impacto propagado en la cadena de suministro asiática. El Brexit y la amenaza estadounidense de aranceles a las importaciones de automóviles se suman a la factura.

En nuestro índice de proteccionismo, China, directamente involucrada en la guerra comercial y con sus propias barreras de acceso al mercado, figura como una de las grandes economías más vulnerables. El Reino Unido, que tras su divorcio podría romper lazos con la zona de libre comercio más grande del mundo, también ocupa un lugar destacado. Para los países en vías de desarrollo, como Vietnam, que buscan seguir el camino hacia la prosperidad a golpe de exportaciones, la puerta a los mercados globales se está cerrando. Sin libre comercio, el desarrollo se convierte en una gesta más difícil.

La automatización: la transferencia de tareas ofrece avances en la productividad y la rentabilidad a expensas de una mayor inseguridad laboral. El Global McKinsey Institute estima que para 2030, alrededor del 14 por ciento de la fuerza laboral mundial (375 millones de trabajadores) va a tener que buscarse una nueva ocupación. El rápido progreso en inteligencia artificial y aprendizaje automático, al aumentar el rango de tareas que pueden automatizarse y reducir el costo, podría impulsar más esa cifra.

De gestionarse mal, el resultado para las economías desarrolladas será una mayor polarización en los ingresos, con una división creciente entre los privilegiados altamente cualificados y los desposeídos de escasa cualificación. En el caso de los mercados emergentes, los salarios más bajos reducen el incentivo para automatizar, pero ello no significa que el riesgo disruptivo sea bajo.

Nuestro índice revela que las economías de altos ingresos enfrentan el riesgo más directo de la automatización. Pero la capacidad de maximizar los beneficios y minimizar los costos de la automatización también depende de otros factores, como las habilidades y la flexibilidad de la fuerza laboral, el gasto en capacitación y el porcentaje de la población con educación universitaria. Los resultados muestran que los mercados con una alta proporción de trabajadores en tareas rutinarias, con escasa red de apoyo para los trabajadores desplazados y una pequeña población con educación universitaria enfrentan los mayores riesgos.

La brecha digital: impulsada por las rápidas reducciones en el costo de la comunicación, la economía digital promete un aumento dramático en la productividad. A nivel mundial, cerca de 4 mil millones de personas están conectadas a internet. En las economías de altos ingresos, cuatro de cada cinco están conectadas. En las economías en desarrollo, el uso de internet es de 45 por ciento.

El impacto económico es de largo alcance. El aumento masivo en los flujos de datos está alimentando lo que el economista Richard Baldwin llama la “tercera escisión”, con el potencial de que se externalicen más servicios, como ocurre con la manufactura. Si se hace bien, la digitalización augura una mayor productividad, con la posibilidad de que las economías de ingresos bajos y medios avancen en el camino del desarrollo. Si se hace mal, la brecha digital exacerbará la polarización de los ingresos en las economías desarrolladas y dificultará que el resto se suba a este tren de oportunidades.

Los resultados de nuestro índice digital exponen una marcada brecha digital. Las economías de altos ingresos, con Singapur y Corea a la cabeza, tienen una infraestructura de alta calidad y altos niveles de penetración entre las empresas, los consumidores y el gobierno.

Con algunas excepciones, sus contrapartes de ingresos bajos y medios adolecen de eso. La economía digital presenta una nueva oportunidad para el desarrollo. Pero muchos están mal posicionados para aprovecharla.

La política populista: tras analizar datos electorales desde 1870, un equipo de investigadores de la Universidad Libre de Berlín concluyó que las crisis financieras detonan un mayor apoyo a los partidos populistas.

La crisis de 2008 no fue la excepción. Desde Estados Unidos hasta Italia, una ola de resentimiento ha rediseñado el mapa político. Definimos a los gobernantes populistas como aquellos que abogan por la gente común en contra de las élites corruptas, favorecen soluciones de sentido común frente a políticas complejas y priman la unidad nacional sobre la participación internacional. Siguiendo esa definición, el 43 por ciento del PIB en las economías del G-20 está ahora bajo el control de gobernantes populistas, frente al 8 por ciento en 2016.

La evidencia nos dice que los gobernantes populistas son mejores para identificar problemas que para encontrar soluciones. El resultado, en varias configuraciones, ha sido el proteccionismo, la oposición a la inmigración, las ventajas fiscales para ciertos grupos, los ataques a la autonomía del banco central y la incertidumbre política. Una serie de factores contribuye al ascenso del populismo. La alta desigualdad, la baja movilidad social y el alto desempleo provocado por la recesión o la crisis financiera son denominadores comunes.

Otros factores, como el aumento de la inmigración, las importaciones que desplazan la fabricación nacional, las altas tasas de criminalidad y las instituciones políticas débiles, también influyen.

Teniendo en cuenta estos factores, nuestros resultados revelan el mayor riesgo en las economías de ingresos bajos y medios. Esto refleja una combinación de alta desigualdad, baja movilidad social y gobierno débil. Turquía, donde los errores políticos ya han contribuido a una crisis financiera, aparece entre los países más vulnerables.

El desastre climático: Los líderes que abrazan políticas de repliegue están mal posicionados para enfrentar un riesgo sistémico adicional: el cambio climático.

A medida que las temperaturas continúen subiendo, los impactos económicos serán muy amplios. La incertidumbre sobre los riesgos climáticos y el impacto de las medidas de mitigación supone un desincentivo para que las empresas inviertan. Las temperaturas más altas reducen la productividad laboral. Y la necesidad de adaptación climática desvía los recursos de usos más productivos.

Para estimar el riesgo del cambio climático, utilizamos el índice de vulnerabilidad de la Iniciativa de Adaptación Global de Notre Dame, que rastrea la exposición al cambio climático en alimentos, agua, salud, servicios ecosistémicos, hábitat humano e infraestructura.

Las economías de ingresos bajos y medios con altas temperaturas, dependencia de la agricultura, poblaciones expuestas y recursos limitados para adaptarse son las más expuestas. Entre las principales economías, India y Vietnam son las más vulnerables.

Impulsores del desarrollo: además de la amenaza de las fuerzas disruptivas, las economías de ingresos bajos y medios enfrentan un desafío continuo para movilizar los impulsores tradicionales del crecimiento (la creciente fuerza laboral, la expansión de las reservas de capital y las políticas que fomentan la productividad, entre otras).

Como era de esperar, los resultados muestran que en los impulsores tradicionales del desarrollo, las economías de altos ingresos tienen una ventaja considerable. Suecia, Suiza y Dinamarca encabezan las clasificaciones, lo que refleja altos niveles de educación, apertura y gobernanza efectiva. China encabeza el ranking de los mercados emergentes, impulsada por una fuerte inversión, apoyo a la innovación y un considerable margen para aumentar los ingresos hasta niveles de economías desarrolladas.

Otros mercados emergentes han tenido dificultades para seguir el ejemplo chino. Brasil carece del pilar de una educación básica de alta calidad, y el alto endeudamiento público han desplazado a la inversión privada. En Rusia, Polonia y otros países excomunistas, la disminución de la población en edad de trabajar es un problema. Argentina, que ha pasado un tercio de los últimos setenta años en recesión, evidencia el costo de la inestabilidad económica.

De cara al futuro: los datos, debe reconocerse, tienen sus limitaciones. Los factores culturales e institucionales son difíciles de evaluar. Portugal sufrió un mayor desempleo que Italia a raíz de la crisis de la deuda soberana europea, pero no ha tenido el mismo aumento en el populismo. Los trabajadores y empleadores de Japón se adhieren al objetivo de un bajo desempleo, compensando así los riesgos de la automatización.

Detrás de nuestros resultados hay criterios sobre qué datos usar y qué peso darles, fundamentados en una atenta lectura de la literatura académica. Cuando era posible, los hemos complementado con nuestro propio análisis econométrico. Con todo, son criterios, y criterios diferentes producirían resultados diferentes. Pero no cambian el panorama general:

Las economías de ingresos bajos y medios son más vulnerables a las disrupciones que se avecinan en la economía global. El proteccionismo está bloqueando el acceso a los mercados mundiales. El populismo está desviando el curso de la política. El cambio climático se cierne sobre nosotros. Y el camino hacia la prosperidad es cada vez más difícil.

Las políticas importan. Dentro del grupo de ingresos bajos y medios, aquellos que han actuado pronto para implantar los impulsores tradicionales del desarrollo estarán mejor posicionados para adaptarse. China está haciendo grandes inversiones en innovación, necesarias para que la economía suba en la cadena de valor. Brasil no lo hace.

Entre las economías de altos ingresos, aquellas que tienen una respuesta dinámica a las fuerzas disruptivas están mejor posicionadas. Dinamarca está invirtiendo fuertemente en capacitación de la fuerza laboral y da apoyo a los trabajadores desplazados, un colchón contra la automatización. Estados Unidos no lo hace.

De cara al futuro, fraguar la respuesta correcta requiere acciones a nivel nacional e internacional:

A nivel nacional: políticas que generen el entorno adecuado para la inversión y la innovación, capacitar a los trabajadores que se adaptan a la automatización y abrir oportunidades en la economía digital.

A nivel internacional: nuevas reglas para el comercio de bienes, preparativos para el auge digital en el comercio de servicios y un impulso renovado en el combate al cambio climático.

Deben combinarse ambas oportunidades (y esa es parte de la motivación del Foro Nueva Economía) para aprender de las mejores prácticas y evitar los errores. Como muestra este informe, algunas economías lo están haciendo bien y otras no. Para aquellas en la segunda categoría, los resultados son una llamada de atención y una oportunidad.

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