Cinco determinantes de la economía en 2020
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Cinco determinantes de la economía en 2020

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Cinco determinantes de la economía en 2020

bulletPemex, Estados Unidos, la inversión privada y el gasto público y privado determinarán cómo nos irá en el crecimiento del próximo año.

Enrique Quintana
12/12/2019
Actualización 22/01/2020 - 23:33
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Bloomberg Businessweek

Hay épocas en las cuales el ejercicio de pronosticar y construir escenarios se vuelve muy difícil debido a la incertidumbre existente. Hoy es una de ellas.

Aunque la mayor parte de las estimaciones señale que para 2020 la economía mexicana crecería a una tasa ligeramente superior al 1 por ciento, la realidad es que hay tantas variables que pueden influir en ese resultado, que lo más probable es que resulte muy diferente, para bien o para mal.

En un intento de aislar algunos de los factores más influyentes, le propongo cinco para explorar y analizar cómo pueden influir en los resultados económicos y financieros del país.

Se trata de Pemex y sus resultados productivos y financieros; la suerte que tenga la economía de EU, así como nuestra relación con el vecino del norte; la confianza de los inversionistas privados; la forma en la cual se ejerza el gasto público; así como lo que pase con el comportamiento del gasto del consumidor mexicano.

Pemex en 2020.

Quizás el eslabón más débil de la economía mexicana para el próximo año es la suerte de Pemex.

El riesgo más importante es que la agencia Moody’s le bajé la calificación de su deuda. Cualquier reducción implicaría perder el grado de inversión y, por lo mismo, hay un escenario en el que un volumen muy grande de papel de Pemex podría ser vendido por fondos que solo pueden tener recursos en activos con grado de inversión.

Si hay una venta atípica de los bonos, bajará su precio y por lo tanto aumentarán las tasas de rendimiento que se paguen en las colocaciones que Pemex haga o en los créditos que solicite.

Dado el tamaño de la empresa, muy probablemente habría un efecto de contagio a los rendimientos de los bonos soberanos, así como del sistema bancario y de las grandes empresas privadas en el país.

Moody’s cambió en junio de este año su perspectiva, tanto de la deuda soberana como de la deuda de Pemex, y las calificó de negativas en lugar de estables.

Algunos pensaron que era inminente una nueva baja de la nota para este año, sin embargo, la calificadora le dio tiempo a la observación de la situación financiera de la empresa.

Desde mayo y hasta septiembre había sido alentador el que la producción creciera mes con mes, lo que hacía pensar que se pudiera llegar al final del año con 1.9 millones de barriles diarios.

Sin embargo, la tendencia se modificó en octubre, mes en el que nuevamente cayó la producción por debajo de 1.7 millones de barriles por día.

En el discurso con motivo de la celebración de su primer año de gobierno, el presidente López Obrador señaló que hay la expectativa de terminar 2019 con una producción 50 mil barriles diarios por encima de la cifra con la que recibió la empresa, lo cual implicaría que, en noviembre y diciembre, la producción de crudo debería elevarse en poco más de 90 mil barriles diarios en promedio, lo que no parece sencillo dadas las condiciones actuales.

Quizás la clave para evitar la degradación de la deuda vaya a ser el comportamiento en los primeros meses de 2020. Si se consolida una tendencia alcista y hay señales de que se mantenga el apoyo financiero del gobierno a la empresa, entonces bien podría dársele más tiempo para evaluar si se merece una baja en la nota, o esta se mantiene sin cambio.

De lo que suceda con este proceso va a depender en mucho la estabilidad financiera que México pueda tener en 2020.

La suerte de la economía de Estados Unidos.

Otro de los factores que va a incidir de manera muy importante en el desempeño de la economía mexicana es lo que ocurra con Estados Unidos.

Se ha generalizado la visión de que ya se desconectó la economía mexicana del desempeño de la economía norteamericana. Se dice con frecuencia que mientras que en 2019 sí creció EU, no lo hizo México.

El argumento tiene razón en cuanto al señalamiento de que hay factores domésticos que influyeron en el estancamiento económico que padecimos en 2019. Sin embargo, falla al relacionar el crecimiento de nuestra economía con el PIB de EU en conjunto.

La realidad es que la conexión que sigue existiendo es con la industria de ese país.

En los tres primeros trimestres del año, el PIB de EU creció a una tasa promedio anual de 2.3 por ciento (a tasa anual). En contraste, la producción industrial cayó a un ritmo de 0.7 por ciento en el mismo periodo.

El resultado más importante es que las exportaciones manufactureras crecieron en los primeros 10 meses en 4.1 por ciento frente a un 9.1 de 2018.

Si en 2020 se diera un debilitamiento mayor del sector industrial de EU, entonces lo más probable es que la economía mexicana difícilmente crecería. Si cambiaran las tendencias y la industria se recupera, el resultado podría ser mejor.

En el segundo trimestre de este año empezó a presentarse en los mercados de bonos de EU el fenómeno de la ‘curva invertida’, que tradicionalmente anticipa una posible recesión en el curso de los siguientes doce meses.

Hacia la mitad de octubre la situación se revirtió y las tasas de interés de largo plazo volvieron a estar arriba de las de corto plazo, lo que implicó una menor probabilidad de recesión para 2020.

Sin embargo, no queda claro que el sector industrial pueda recuperarse, lo que será el factor determinante del impacto de EU sobre la economía mexicana.

La confianza de los inversionistas.

De acuerdo con la encuesta que el INEGI realiza entre empresas, los índices de confianza se deterioraron en lo que va de este sexenio en 2.9 por ciento para la industria manufacturera, en 3.8 por ciento para la construcción y en 5.2 por ciento para el comercio.

Algunos ven la decisión de cancelar la construcción del nuevo aeropuerto en Texcoco como el punto de quiebre. Sin embargo, en realidad hubo una serie de acontecimientos que poco a poco fueron debilitando a este indicador.

Van desde el retraso en el ejercicio del gasto público que llevó a problemas de liquidez muy serios a diversas empresas; falta de resoluciones en ámbitos específicos de gobierno, como el ambiental, energía o salud; así como temas controversiales como la equiparación de la defraudación fiscal de cierto monto a la delincuencia organizada, o el deterioro de la inseguridad pública, por señalar algunos ejemplos específicos.

Este entorno se reflejó subjetivamente en el hecho de que solo el 5 por ciento de los especialistas entrevistados por el Banxico en una encuesta mensual considera que hoy es un buen momento para invertir, mientras que el 63 por ciento señala que es mal momento.

El resultado es que la inversión bruta fija en México cayó en promedio en 4.6 por ciento en los primeros ocho meses de este año.

La clave para que este comportamiento se modifique es que se recupere la confianza empresarial. Si el entorno de 2020 permite que la certidumbre retorne, entonces quizás tengamos un desempeño económico que sorprenda al mercado y acerque el crecimiento del PIB al 2 por ciento.

Sin embargo, para recuperar la confianza se requieren diversas rectificaciones en decisiones económicas que hoy no se ven en el panorama, particularmente en el sector de la energía, como el restablecimiento de las alianzas estratégicas de Pemex con terceros (farmouts) y de las rondas petroleras en aguas profundas, en donde Pemex ya descartó invertir.

El ejercicio del gasto público.

De acuerdo con el Informe de Finanzas Públicas correspondiente a octubre, el gasto programable, en el que el sector público tiene posibilidad de incidir, tenía un subejercicio de 65 mil millones de pesos.

Aunque este monto se ha reducido en los últimos meses, a lo largo de 2019 se dio un ejercicio del gasto muy lento. Al inicio, los fondos no fluían, lo que incidió en el retroceso del PIB en el primer semestre del año.

La secretaría de Hacienda ha dicho que para 2020 el ejercicio será más puntual, sobre todo obra pública. Si eso sucediera, los procesos económicos que desencadenan las compras de gobierno, así como los proyectos de infraestructura, pudieran ser una fuerza que moviera a la economía desde el principio del próximo año. Si se mantiene la lentitud del gasto, será otro factor que contribuya al retroceso.

El gasto del consumidor.

El indicador más global de consumo privado, que publica el INEGI, tuvo un leve crecimiento de 0.9 por ciento hasta agosto. Ese ritmo no es suficiente para mover al conjunto de la economía, pero es el piso que impide que retroceda.

Aunque esta parte de la demanda usualmente no es el factor más dinámico, pues tiende a ser anticíclico, (cae menos en las recesiones y crece menos en los auges) puede ser un factor que ayude a empujar al crecimiento de 2020, sobre todo si hay más confianza para solicitar crédito e impulsar la compra de bienes duraderos.

En suma, el desempeño económico de 2020 dependerá de cómo confluyan estos cinco vectores. Si en todos ellos el comportamiento es positivo, quizá veamos un mejor resultado a lo esperado. Pero si se mueven hacia el lado pesimista, el pronóstico de un crecimiento de 1.1 por ciento, que es el actual consenso, se quedaría alto frente a la realidad.