Desaceleración y tiempo de vacas flacas
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Desaceleración y tiempo de vacas flacas

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Desaceleración y tiempo de vacas flacas

La economía mexicana bajó el ritmo al que venía creciendo en los últimos meses y ahora el freno amenaza los planes del gobierno y miles de negocios.

Por Gonzalo Soto, Héctor Usla, Axel Sánchez, Daniel Blanco y Zenyazen Flores
14/03/2019
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Sergio González abrió en el verano de 2018 una consultoría de negocios con un par de socios a los que conoció trabajando en una aseguradora un par de años antes. Él es economista y ellos contadores, por lo que decidieron unir sus conocimientos y experiencia para ayudar a micro, pequeñas y medianas empresas a crecer en un entorno de negocios adverso.

Al arrancar el proyecto, una de sus principales preocupaciones era la incertidumbre que se generaba por la elección presidencial en puerta. Sin embargo, las encuestas que daban una amplia ventaja a Andrés Manuel López Obrador facilitaban la planeación. Luego llegó la victoria del ahora presidente por amplio margen y González creyó que el trabajo se había facilitado. No fue así.

“La cancelación del aeropuerto fue un golpe para la planeación de estrategias de negocio bajo el nuevo gobierno, por ejemplo”, dijo González mientras ojeaba una carpeta con algunos de sus principales clientes. “Ahora los números nos cuentan que las cosas podrían complicarse aún más en este arranque (de sexenio)”.

Las cifras a las que se refiere este emprendedor son la mayoría de los indicadores macroeconómicos que apuntan a que la economía mexicana ha comenzado a meter un freno que hasta hace unos meses no estaba del todo previsto. No se trata de una crisis como las de antaño, sino de una desaceleración que ha mandado al piso a la mayoría de las expectativas de crecimiento económico este año y se comienzan a revisar ya las de 2020. Si el nuevo gobierno de López Obrador tenía como objetivo romper con el ciclo de bajo crecimiento de la economía, empieza con un traspié.

En el arranque del actual sexenio, la mayoría de las previsiones de crecimiento para este año apuntaban a que estaría cercano a 2.5 por ciento, sin embargo, al cierre de la primera semana de enero el promedio de las previsiones de los especialistas económicos de instituciones financieras privadas anticipan que en realidad el producto interno bruto (PIB) se incremente apenas 1.5 por ciento. Algunas expectativas más duras, como la de Bank of America Merryl Lynch, señalan que la economía mexicana crecería apenas 1 por ciento en 2019. Se trata de un freno similar al observado en el sexenio anterior.

Banco de México le dio un ‘machetazo’ a su previsión de crecimiento al pasarla de un rango de entre 1.7 y 2.7 por ciento a uno de entre 1.1 y 2.1 por ciento.

Otros indicadores de reciente publicación han reforzado el panorama gris para el país. Las cifras del PIB trimestral anualizado muestran que en el últimos trimestre de 2018 la economía creció 1.71 por ciento, un ritmo mucho más bajo que el 2.58 y 2.49 por ciento observado en el segundo y tercer trimestre, respectivamente.

En tanto, el Indicador Global de la Actividad Económica (IGAE) del Inegi, que permite dar seguimiento a la evolución del sector real de la economía en el corto plazo, mostró un avance de apenas 0.04 por ciento, el más lento en los últimos ocho meses y que anticipa que el desempeño del país en los siguientes meses podría ser a un ritmo mucho menor al esperado por el gobierno federal y el propio presidente López Obrador.

De hecho, el mandatario insiste en un crecimiento superior al 2 por ciento para 2019 y lograr tasas superiores al 4 por ciento hacia la segunda mitad de su administración.

“No viene una crisis, no es una recesión, pero sí es un freno, una desaceleración”, señaló Gabriel Lozano, economista en jefe para México de J.P. Morgan. “¿Época de vacas más flacas? Sí, hay una moderación de la actividad económica”.

Lozano pinta un panorama más amplio: veremos un desempeño menos favorable en el primer trimestre del año, pero en los siguientes meses habría una recuperación moderada que sirva de contrapeso a ese mal arranque. Lo que es innegable es que la actividad económica en México será menor a lo que la mayoría anticipaba. La inversión privada sigue deprimida y los empresarios no terminan de convencerse de que el actual sea un entorno adecuado para los negocios. A eso hay que sumarle una menor producción petrolera y que desde el exterior llegará poco impulso.

“Suma para tener una postura menos optimista que estamos en un contexto de una desaceleración en la actividad económica mundial, Estados Unidos, China y Europa tienen problemas”, añadió Lozano. “Y aquí también tenemos un contexto de desaceleración económica local”.

En algunos sectores específicos, las señales también son malas. Las ventas minoristas reportaron una variación porcentual anual de -1.3 por ciento al cierre del año pasado, luego de haber sido positivas a lo largo del resto del año. Y en febrero, las ventas de autos presentaron una reducción nuevamente de -5.5 por ciento.

Guillermo Rosales, director general adjunto de la Asociación Mexicana de Distribuidores de Automotores (AMDA), estimó que el mercado se puede reducir 4.5 por ciento en 2019 comparado con el año pasado.

En una conferencia de prensa reciente, explicó que esto se debe a los ajustes que está realizando el gobierno en distintas áreas por su estrategia de austeridad, así como una reducción en la capacidad de deuda de las personas.

“Puesto en la perspectiva mensual, tendremos saldos negativos para todo el año”, estimó. “Nuestra estimación es que mes a mes veremos datos negativos, nuestro balance de riesgos nos están llevando a tener un perspectiva de alerta respecto a este resultado”.

Del lado del comercio exterior, que en otros años ha sido un motor auxiliar de la economía, la demanda por parte de EU sería nuevamente una válvula de respiro. “Nuestras exportaciones siguen subiendo y nuestras importaciones, que sí son las que definen el crecimiento interno, esas se han reducido”, comentó Luis Foncerrada, asesor económico de la American Chamber of Commerce (AmCham). “Así que no, en términos de comercio exterior nuestras exportaciones no tienen por qué ser afectadas”.

AmCham y Foncerrada, en línea con otros especialistas económicos en México, prevén que la economía del país crezca 1.5 por ciento, aunque guardan un poco de optimismo. “Traigo la tasa de crecimiento de 1.5, pero eso es a enero, hay que esperar a ver qué sucede con los siguientes meses”, mencionó el asesor.

Pese a las señales de la desaceleración, la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP), a cargo de la dirección de la economía nacional, se mantiene en su pronóstico de crecimiento superior al 2 por ciento para este año. “La SHCP publicará un nuevo escenario sobre las principales variables macroeconómicas para dar cumplimiento al artículo 42 de la Ley Federal de Presupuesto y Responsabilidad Hacendaria, que se debe presentar al Congreso a más tardar el 1 de abril”, dijo la dependencia a través de correo electrónico.

Quienes no se pueden dar el lujo de esperar tanto son los miles de negocios y empresas en el país, que ahora deben ajustar sus propias expectativas en un primer año de gobierno que hasta hace poco prometía un avance mucho más vigoroso. Y no solo se trata de los números negativos, sino también de la sensación de que la nueva administración no tiene interés en mejorar las condiciones para la inversión y los negocios.

“Las noticias y lo que dice el presidente en las conferencias que hace en las mañanas hacen pensar que la situación no necesariamente va a cambiar pronto”, aseguró González un tanto resignado. “Habrá que esperar a que solo sea un bache, un freno y no algo más”.