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Este médico combate a los antivacunas un video viral a la vez

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Este médico combate a los antivacunas un video viral a la vez

bulletEl médico Zubin Damania, alias ZDoggMD, lucha contra la pseudociencia en un frente de batalla crucial: las redes sociales.

Bloomberg / Thomas Buckley
24/09/2020
Zubin Damania es una especie de vengador de la profesión médica.
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En enero de este año, cuando los primeros casos de COVID-19 atraían la atención mundial, la pediatra Nicole Baldwin publicó un alegre video que duraba 15 segundos en TikTok, donde con música de fondo enumeraba las enfermedades que previenen las vacunas y censuraba la teoría de la conspiración de que las vacunas causan trastornos del desarrollo.

Tras acumular una docena de vistas, lo publicó en sus cuentas de Facebook, Instagram y Twitter con la esperanza de que llegara a una audiencia más amplia. Y así fue, pero no la audiencia que ella pretendía. “Acércate a mí o a mi hijo con una aguja y te la clavaré en la yugular”, decía un comentario. “Un médico muerto no miente”, decía otro.

Era un ataque coordinado de una hueste de miles de opositores a la vacuna, que no contentos con mantenerlo en las redes sociales, dejaron reseñas falsas calumniándola en Google y Yelp. Algunos hicieron amenazas contra su vida, lo suficientemente creíbles como para que la policía vigilara su casa en Cincinnati.

Ante la avalancha de saña, Todd Wolynn, un colega médico y cofundador de Shots Heard Round the World, un grupo informal que busca proteger a los defensores de las vacunas del abuso en línea, reclutó a 16 voluntarios para eliminar los mensajes de odio y bloquear a varios de sus 6 mil autores. Wolynn también pensó que un contraataque podría ser útil, así que llamó a Zubin Damania.

Damania es una especie de vengador de la profesión médica. Sus videos de YouTube, en los que rapea disfrazado o despotrica sobre el movimiento antivacunas y problemas más amplios con el sistema médico, tienen decenas de millones de vistas. Es parte del creciente número de médicos convertidos en influencers capaces de comunicarse de manera convincente con los espectadores que, de otro modo, podrían ser víctimas de la pseudociencia. Después de recibir la llamada de Wolynn, Damania organizó una manifestación virtual en la que pidió a los profesionales sanitarios de todo tipo que publicaran videos, declaraciones y pruebas para desacreditar a los agresores de Baldwin junto con el hashtag #DoctorsSpeakUp. La campaña resultante fue tendencia nacional en Twitter.

El empeño de Damania de vencer al llamado movimiento antivacunas nació tras una conversación que tuvo hace cerca de una década con un amigo pediatra que decía que había tantos padres que se negaban a vacunar a sus hijos que podrían resurgir enfermedades potencialmente fatales. El movimiento antivacunas ha continuado extendiéndose desde entonces, está en Facebook, Reddit y otros foros, aumentando sus números con videos virales, retórica sensacionalista y una letanía de hashtags diseñados para captar audiencia en las redes sociales. Su alcance es tal que el año pasado la Organización Mundial de la Salud calificó la progresiva duda hacia las vacunas comunes como una de las diez principales amenazas para la salud humana. En Estados Unidos, la tasa de vacunación entre los niños de preescolar ha caído por debajo del objetivo del 90 por ciento en la mayoría de los estados, un descenso que el año pasado dio lugar al brote de sarampión más grave del país en un cuarto de siglo.

La lucha contra la desinformación sobre las vacunas ha cobrado una nueva urgencia durante la actual pandemia. La vida no volverá a la normalidad a menos que una abrumadora mayoría de personas desarrolle algún grado de inmunidad al nuevo coronavirus, lo que esencialmente significa que una buena parte de la población se vacune, o bien contraiga la enfermedad y desarrolle anticuerpos. Sin embargo, una encuesta publicada por Gallup a principios de agosto encontró que el 35 por ciento de los estadounidenses encuestados rechazarían una inyección de COVID-19 aprobada por el gobierno y ofrecida sin costo.

Quienes buscan combatir la desinformación se unen a las argumentaciones científicas. Y aunque Damania hace entrevistas serias con médicos, combate a los antivacunas donde más les duele.

Sus videos suelen ser graciosos, irreverentes o coléricos; como el titulado A Doctor Reacts to “Plandemic”, publicado en respuesta al documental pseudocientífico que afirma que la vacuna contra la gripe contiene coronavirus.

Para contrarrestar la influencia de los antivacunas, Damania cree que más médicos tienen que encontrar formas imaginativas de conectarse con una audiencia propensa a recibir diagnósticos de los grupos de Facebook. “Hay que combatir fuego con fuego”, dice. “Si los antivacunas están usando las redes sociales y utilizan los algoritmos en su beneficio, ¿por qué no deberíamos hacerlo nosotros?”

En los años noventa, Andrew Wakefield, médico del Royal Free Hospital de Londres, publicó un par de artículos en la prestigiosa revista médica The Lancet, en los que planteaba una relación entre la vacunación y la enfermedad. El primero, de 1995, afirmaba que 3 mil 545 personas que habían recibido una vacuna viva contra el sarampión en un ensayo de 1964 habían experimentado una mayor prevalencia de la enfermedad de Crohn y otros trastornos digestivos que un grupo de control no vacunado. El segundo, publicado en 1998, pretendía establecer un vínculo entre el autismo y la vacuna contra el sarampión, las paperas y la rubéola, basado en un estudio en el que los padres de 8 de 12 niños autistas describieron la aparición de síntomas conductuales asociados con el trastorno a las dos semanas de recibir esa vacuna triple.

Los artículos le dieron fama internacional a Wakefield, a pesar de que los estudios epidemiológicos exhaustivos llevados a cabo posteriormente por el Servicio Nacional de Salud del Reino Unido, la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos, la Academia Estadounidense de Pediatría y los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades corroboraron que no existía un vínculo entre la vacuna y el autismo. En 2000, Wakefield apareció en 60 Minutes, donde afirmó falsamente durante un acalorado debate que la potencia acumulativa de la vacuna triple vírica hacía que tuviera más probabilidades de afectar negativamente a los niños que las dosis separadas para cada uno de los virus. Un año después, renunció al Royal Free Hospital y se mudó a Estados Unidos, donde se convirtió en uno de los promotores más destacados de las teorías conspirativas contra las vacunas y las curas para el autismo sin fundamento médico.

En 2010, Wakefield fue separado del colegio médico del Reino Unido después de la investigación ética más larga en la historia del Consejo Médico General Británico. El consejo descubrió, entre otras infracciones, que no había revelado conflictos de interés evidentes, como su solicitud para patentar una vacuna rival a la vacuna triple vírica común, y que abogados que representaban a familias que buscaban demandar a fabricantes de vacunas le habían pagado casi un millón de dólares para realizar su investigación. El editor en jefe de The Lancet posteriormente se retractó del artículo de 1998, calificándolo de “completamente falso”. Al año siguiente, el British Medical Journal publicó un editorial que exponía que Wakefield había manipulado pruebas para llegar a sus conclusiones.

A medida que su prestigio declinaba en círculos respetables, Wakefield fue tras un segmento más marginal e impresionable de la población estadounidense. Su fama se disparó en 2016, cuando se estrenó la película Vaxxed que él había producido, y participó en el crucero conspiranoico de siete días “Conspira-Sea” frente a las costas de México. Antes de las elecciones estadounidenses de ese año, Wakefield y otros antivacunas también tuvieron una audiencia en Florida con Donald Trump, quien había sostenido repetidamente que había un vínculo entre la vacuna triple y el autismo antes de postularse para presidente.

A lo largo de la década, millones de simpatizantes antivacunas se unieron en línea para elaborar, difundir propaganda y organizar estrategias para denostar a los defensores de la vacunación. Aprovecharon las lagunas en la supervisión de las redes, a menudo trabajando de forma anónima y adoptando tácticas como compartir el mismo video cientos de veces para aumentar sus posibilidades de volverse viral. De vez en cuando, su aversión a la medicina basada en la evidencia daña a uno de los suyos. A principios de este año, un niño de 4 años murió de influenza en Colorado después de que su madre, una de los 148 mil seguidores de un grupo de Facebook llamado Stop Mandatory Vaccination, lo tratara con una mezcla de leche materna, saúco y tomillo recomendado por un compañero, en lugar de administrarle el antiviral contra la gripe que el pediatra le había recetado.

Aunque los opositores a las vacunas son menos en número que los defensores, parece que están consiguiendo aumentar las filas. Un estudio publicado por Nature en mayo analizó a casi 100 millones de personas que habían expresado sus opiniones sobre las vacunas en Facebook y estimó que 4 millones 200 mil eran antivacunas y 6 millones 900 mil eran provacunas, mientras que 74 millones 100 mil estaban indecisos. Los autores plantearon la posibilidad de que las personas con opiniones contrarias a las inoculaciones serían la mayoría en una década.

Ese mes, Wakefield apareció en la cumbre virtual Health Freedom Summit, donde sugirió que el número de muertes por COVID-19 (más de 735 mil en esa fecha) se había “exagerado”. Ahí comparó la industria de las vacunas con la trata de esclavos y dijo que valía la pena morir por la causa antivacuna. Wakefield no respondió a la solicitud de comentarios para este artículo.

Los medios y la profesión médica han intentado desafiar a Wakefield y sus seguidores. En la última década, encabezó la lista anual de Medscape de los peores médicos del mundo y la revista Time lo nombró uno de los grandes fraudes científicos. También recibió la distinción del Golden Duck por “una vida de logros en la charlatanería” por parte de la organización no lucrativa Good Thinking Society. Pero los críticos de Wakefield no han logrado igualar la energía y los métodos de sus seguidores.

Ahí es donde intervino Damania, hijo de dos médicos y criado en California. En 2010 subió su primer video en YouTube, su discurso de graduación en la Facultad de Medicina de la Universidad de California en San Francisco. A partir de ahí comenzó a experimentar, rapeando sobre las úlceras y sobre el sexo seguro bajo su alias en línea, ZDoggMD. A medida que su canal ganaba popularidad, se convenció de que podía ser una plataforma importante para brindar información fehaciente en materia de salud.

En 2011, mientras Damania trabajaba en el Centro Médico de la Universidad de Stanford y el Sistema Sanitario del Hospital Washington en Fremont, subió Immunize, una parodia de la canción Billionaire de Travie McCoy y Bruno Mars, con la siguiente letra “Para donde quiera que mire / Internet propaga mentiras / Tantos padres asustados por cuentos y odio / Necesito educar para poder vacunar”. El video mostraba a un colega médico como un ninja de la inmunización que usaba chacos y peleaba contra los virus. “Fue mi primera incursión en ese tipo de contraprogramación, motivada por una absoluta indignación”, dice Damania, de 47 años.

El video acumuló más de 200 mil vistas. Sus críticos cuestionaron su formación, publicaron su información privada en línea e incluso llamaron a Stanford para acusarlo de ridiculizar a los padres con niños “lesionados por las vacunas”. Damania encontró el ataque aterrador pero fascinante. Descubrió que cuantas más vistas y comentarios recibiera el video, más probable era que YouTube lo sugiriera a las personas que buscan términos relacionados con la vacuna. Animado, comenzó a pasar más tiempo en grupos de Facebook antivacunas, aprendiendo cómo sus miembros creaban y compartían contenido viral.

Mientras investigaba, halló un disperso movimiento ‘anti-antivacunas’ que había comenzado a formarse. Entre sus figuras destacadas estaba David Gorski, un oncólogo estadounidense que también era editor en jefe de Science-Based Medicine, un sitio web informativo. Era un trabajo loable, en opinión de Damania, pero demasiado adusto. Los grupos “pasaban mucho tiempo contrarrestando toda la información falsa, pero lo hacían de una manera muy desapasionada, como Spock, que no me pareció particularmente atractiva para el ciudadano promedio”, dice.

En 2012, Damania dejó Stanford para iniciar una red de clínicas de atención preventiva en Las Vegas, respaldada por Tony Hsieh, director ejecutivo de la empresa de ropa en línea Zappos.com. Cuando la iniciativa fracasó cinco años después, Damania trasladó a su familia a California y comenzó a hacer vlogs y hablar en público a tiempo completo, autodenominándose “La voz sin filtro de los servicios médicos” y viajando por el mundo para dar conferencias ante instituciones como Médicos sin Fronteras. En sus canales de redes sociales siguió presentando videos satíricos junto a conversaciones serias con figuras provacunas, incluida una con el médico Paul Offit que fue interrumpida por antivacunas que golpeaban las paredes del estudio. En estos días, Damania trabaja en un complejo cerrado en una ubicación no revelada del Área de la Bahía, para garantizar su seguridad. Recibe regularmente amenazas de muerte, algunas, dice, aderezadas con la amenaza adicional de castración.

Los cientos de videos que ha publicado desde 2010 han atraído de forma acumulada alrededor de 60 millones de vistas, lo suficiente para llamar la atención de los ejecutivos de las redes sociales.

“Facebook y YouTube saben muy bien lo que hacemos”, dice. “He hablado con sus altos mandos sobre cómo es posible eliminar la confusión de la desinformación y promover la información que es realmente positiva”.

Damania no quiere la censura del contenido. Su enfoque es el uso de etiquetas, como las que Twitter ha comenzado a adjuntar a los tuits problemáticos. En YouTube, dice, esto puede consistir en banners que adviertan de contenido engañoso.

A pesar de su fama en línea, Damania comenzó a preocuparse a principios de este año de que su labor no estuviera ayudando a lograr cambios, como impulsar una reforma del sistema de salud estadounidense con énfasis en el cuidado preventivo. En algunos videos, pregunta a los espectadores si su trabajo importa y si debería renunciar. Cientos de personas escriben reconociendo que él cambió sus opiniones acerca de las vacunas. También recibe notas de apoyo de algunas de las figuras más destacadas del sector sanitario del país.

Cuando la pandemia estalló, Damania ganó decenas de miles de nuevos seguidores en YouTube e Instagram. Su página de Facebook saltó de 400 mil seguidores a un millón 800 mil. Los estadounidenses estaban ávidos de información confiable sobre el virus, sobre la inmunidad, sobre si Plandemic era real, sobre si el presidente Trump tenía razón cuando sugirió inyectarse desinfectante. La atención revitalizó a Damania y lo hizo pensar en el enfrentamiento que seguramente tendrá lugar si aparece una vacuna. “Los antivacunas se activarán en masa y tratarán de sembrar suficientes dudas y disensiones como para que no obtenga los niveles críticos de vacunación y fallará”, dice.

El movimiento antivacuna hace mucho que popularizó la creencia de que las farmacéuticas y las autoridades conspiran para lucrar con medicamentos que saben que no son seguros.

Damania prevé un desafío distinto con el COVID-19 dado el apremio sin precedentes con que las compañías farmacéuticas compiten para desarrollar vacunas, obtener la aprobación regulatoria y construir sus cadenas de suministro. A Damania le preocupa que, de aprobarse una inyección contra el coronavirus, los antivacunas acusarán a los fabricantes y reguladores de lanzar precipitadamente un producto peligroso.

El personal sanitario debe estar preparado, dice, para hacer un esfuerzo de comunicación para llevar la tasa de vacunación al nivel que se necesita. Otros comparten su opinión. Un grupo de la Universidad Johns Hopkins publicó un informe que incluye recomendaciones para médicos y autoridades para persuadir al público de aceptar una vacuna para prevenir el COVID-19.

En junio, después de que una serie de sitios antivacuna afirmaran falsamente que Bill Gates había dicho que una vacuna contra el coronavirus podría matar a un millón de personas, Damania subió su video musical más ambicioso hasta la fecha: Dan. En una parodia de Stan de Eminem (el clip en el que el rapero imagina recibir cartas de un fan obsesivo y cada vez más agraviado), el antivacunas Dan busca la atención de ZDoggMD con un bombardeo de mensajes, donde le cuenta algunas de sus aflicciones, como que ha sido mordido por su comadreja, a la cual había alimentado con un burrito con sarampión en un intento por darle inmunidad sin vacuna. ZDoggMD finalmente responde en un tono firme pero compasivo: “Sé que estás enojado, Dan / Lamento que no te sientas escuchado / Pero me enojo cuando los niños salen lastimados / Porque maldita sea, estas vacunas funcionan”. Dan, como Stan, muere antes de escuchar el mensaje del rapero, pero nunca fue el público objetivo. Mientras los espectadores lo entiendan, dice Damania, es un paso más para cambiar la marea antivacunas.

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