Islandia es el sitio perfecto para estudiar el coronavirus
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Islandia es el sitio perfecto para estudiar el coronavirus

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Islandia es el sitio perfecto para estudiar el coronavirus

bulletSer un país insular, poco poblado y líder en investigación genética, le ha dado ventaja en la lucha contra el COVID-19.

Bloomberg / Kristen V. Brown
18/05/2020
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Islandia es conocida como la tierra de fuego y hielo, pero también ha resultado ser un caso intrigante durante esta pandemia global. La nación insular tiene solamente un punto de entrada (el aeropuerto de Keflavik), una pequeña población de aproximadamente 364 mil personas, y mucha menos burocracia que la mayoría de los países. Y también tiene a Kari Stefansson, un neurólogo que fundó DeCode Genetics en 1996 para recopilar los singulares datos genéticos de sus compatriotas. La compañía se ha convertido en pionera mundial en la genética de poblaciones y su relación con las enfermedades.

En la lucha contra el coronavirus, DeCode ha lanzado uno de los programas de detección y rastreo más extensos del mundo, ayudando a contener la propagación del COVID-19 en el país y facilitando datos sobre la evolución de la enfermedad y otras preguntas que investigadores intentan responder. “Islandia es el mejor laboratorio viviente que tenemos”, dice John Ioannidis, profesor de medicina y epidemiología de Stanford. “Han planteado perspectivas útiles y han demostrado que con la implementación agresiva de pruebas tienes excelentes soluciones”.

Stefansson, de 71 años, personalidad intensa y barba blanca, conducía rumbo al trabajo a principios de marzo cuando escuchó una estadística en la radio que lo empujó a actuar: en China, más del 3 por ciento de las personas morirían durante la epidemia.

“No podía entender cómo era posible estimar la tasa de mortalidad sin conocer la propagación del virus en la comunidad”, cuenta Stefansson, cuya compañía fue adquirida por la farmacéutica Amgen en 2012. “Lo que falta en todo el mundo son más pruebas, más detección”.

Llamó a la directora de salud de Islandia, Alma Moller, y en pocas horas la convenció de permitir que DeCode iniciara una operación masiva de pruebas para COVID-19 en sus laboratorios. Luego, DeCode se asoció con las autoridades nacionales de salud y analizó muestras de personas con síntomas de infección de las vías respiratorias superiores, así como a voluntarios asintomáticos y personas muestreadas de forma aleatoria.

Gracias a las pruebas generalizadas, combinadas con la secuenciación de cientos de muestras virales de pacientes y el rastreo de contactos, los investigadores han comenzado a desarrollar una imagen detallada de cómo el coronavirus ingresó al país y luego se transmitió de una persona a otra. Un estudio realizado por genetistas de DeCode, la Dirección de Salud de Islandia y el Hospital Universitario Nacional, publicado el 14 de abril en el New England Journal of Medicine, presenta algunos adelantos de los hallazgos de la investigación.

Los genomas de la población islandesa están quizás mejor estudiados que los de ciudadanos de cualquier otra nación. A lo largo de los años, más de dos tercios de la población han participado de una forma u otra en algunas de las investigaciones genéticas de DeCode.

Cuando Stefansson inició su plan de detección, solo había tres casos confirmados en el país. En ese momento, el número de muertes por coronavirus había alcanzado los dos dígitos en Estados Unidos; el presidente Donald Trump no declararía el estado de emergencia hasta una semana después. Para el 21 de abril, Islandia había realizado pruebas a más de 43 mil residentes, más del 12 por ciento de su población.

En comparación, Nueva York, que ha realizado más pruebas que cualquier otro estado de la Unión Americana, había hecho más de 640 mil, poco más del 3 por ciento de su población. Islandia descubrió que si bien los primeros casos eran principalmente personas que habían vacacionado en Austria e Italia, los posteriores mostraron cepas del virus procedentes de muchos países, incluidos sitios como Reino Unido, considerado en ese momento de bajo riesgo. Los investigadores identificaron más de 291 mutaciones que no se han detectado en ninguna otra parte, lo que ilustra la frecuencia con la que el virus cambia a medida que se propaga.

Islandia también ha demostrado que la cantidad de personas que portan el virus pero que no presentan síntomas puede ser alta: alrededor del 0.8 por ciento de los voluntarios muestreados dieron positivo, al igual que el 0.6 por ciento de las personas seleccionadas al azar para participar en el estudio. De acuerdo con Stefansson, cerca de la mitad de quienes tienen COVID-19 pueden ser asintomáticos en un momento dado, aunque muchas de esas personas pueden desarrollar síntomas más tarde.

DeCode planea estudiar el ADN de los huéspedes, esto es, pacientes previamente infectados con COVID-19, en busca de pistas sobre por qué algunas personas no muestran síntomas en absoluto, mientras que otras se enferman de gravedad. Los estudios en Islandia ya han detectado cuáles son los grupos más afectados por la infección, señalando que los niños y las mujeres son menos vulnerables. En colaboración con el gobierno y otras empresas, DeCode creó una aplicación que puede ayudar a rastrear los contactos de aquellos que dieron positivo, un paso que se considera clave para ayudar a que una economía paralizada por la cuarentena vuelva a funcionar.

Hasta ahora, Islandia no ha emitido una orden generalizada de confinamiento para su población, como lo han hecho otros países. Y aunque las autoridades han impuesto medidas de distanciamiento social y prohibido las grandes reuniones, las escuelas primarias permanecen abiertas, al igual que algunas tiendas y restaurantes.

“Conocíamos qué medidas funcionaban y tuvimos la suerte de detectar los primeros casos”, indica Kjartan Hreinn Njalsson, asistente de la directora de salud de Islandia. “Nuestra gran suerte en todo esto es que somos un país pequeño. Es fácil movilizar a las personas que necesitan ser atendidas”.

La combinación de pruebas tempranas y generalizadas y el rastreo de contactos ha significado que “tenemos la epidemia bajo control”, afirma Stefansson. El número de casos activos en Islandia parece haber alcanzado su punto máximo. Hasta el 21 de abril, el país registraba mil 778 casos confirmados, diez muertes, y alrededor de mil personas guardaban aislamiento voluntario.

La agresiva iniciativa de Islandia no se ha librado de algunos problemas que enfrentan otras naciones, incluida la escasez de materiales para efectuar las pruebas. Pero Stefansson refiere que cuando se quedaron sin hisopos para obtener las muestras de nariz y garganta, varias compañías inmediatamente intervinieron para ofrecer alternativas. Cuando los respiradores comenzaron a escasear, más de una docena de empresas colaboraron para conseguir más. “Somos una nación indómita de revoltosos que no se están quietos cuando las cosas van bien”, dice. “Pero cuando hay una crisis, somos mejores que cualquier otra nación en el mundo”.