La travesía de este velero robotizado alrededor de Antártica entrega nuevas pistas climáticas
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La travesía de este velero robotizado alrededor de Antártica entrega nuevas pistas climáticas

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La travesía de este velero robotizado alrededor de Antártica entrega nuevas pistas climáticas

Solo un velero robotizado logró completar la travesía de siete meses y los científicos analizan los datos preliminares que podrían dar luz acerca del daño que hemos hecho al medio ambiente.

Bloomberg / Ashlee Vance
04/09/2019
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El velero robot se llama #1020. Es un nombre aburrido para una máquina que acaba de pasar siete meses abriéndose paso a través de 20 mil kilómetros de olas heladas y enormes para circunnavegar Antártica. El robot, fabricado por la startup Saildrone, es el primero de su tipo en completar la horrible travesía. Más importante, es el único vehículo científico en haber capturado una imagen ambiental tan detallada del estado del océano Antártico, trayendo datos que podrían ser clave para entender el cambio climático.

Desde hace mucho, los científicos han considerado al océano Antártico como un gran absorbente de carbono, o sea que jala dióxido de carbono del aire y lo lleva a aguas profundas. Se cree que como 40 por ciento de las 2 mil 500 millones de toneladas de carbono que absorbe el océano cada año pasan por las aguas alrededor de Antártica, dice Bronte Tilbrook, científico que estudia la región a nombre de CSIRO, la agencia nacional de ciencia de Australia.

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Este proceso ayuda a remover el dióxido de carbono que causa calentamiento en la atmósfera, aunque también aumenta la acidez de los océanos. Pero la verdad es que los científicos saben poco sobre exactamente cómo opera el océano Antártico porque está en un lugar difícil para medir.

Cada año, pocos barcos hacen viajes a puntos en la Antártica y toman medidas en su camino. Sus rutas son limitadas y suelen navegar en los meses más cálidos. En los últimos años, más datos se han recopilado de una serie de flotadores científicos que miden la acidez del agua cerca de ellos y luego infieren las cantidades de dióxido de carbono de estos datos. Como con los navíos, los puntos de datos son escasos y ofrecen un panorama ambiguo de las condiciones ambientales en todo el continente. “Tenemos una cantidad de datos muy limitada para analizar el océano Antártico”, dice Tilbrook. “Son áreas extensas en donde no se han tomado medidas”. La idea de enviar algo como un dron para tomar medidas continuas en todas las áreas y todas las temporadas se creía imposible por el clima y condiciones oceánicas, hasta que llegó Saildrone.

Fundada en 2012, Saildrone opera una flotilla de decenas de veleros naranja brillante. En lugar de tener un vela, dependen de algo más parecido al ala de un avión. La compañía da un destino a cada dron y rumbo allá sale, navegando y arreglándoselas solo. Los drones están llenos de equipo técnico valorado en cientos de miles de dólares para medir cosas como corrientes, niveles de oxígeno disuelto, temperatura del agua, acidez y salinidad, y operan por una fracción del costo de los buques de investigación tradicionales. Mientras tanto, instrumentos sonares y acústicos son utilizados para ubicar vida animal y generar datos como, por ejemplo, cantidad de peces. El objetivo máximo del Saildrone es tener hasta mil drones navegando constantemente en los océanos para ofrecer informes en tiempo real de lo que sucede en el mundo, además de datos invaluables sobre el clima y ambiente.

El 19 de enero, Saildrone liberó tres drones de la punta sureña de Nueva Zelanda en un intento por navegar alrededor de la Antártica. Tormentas pronto dañaron a dos y los obligó a regresar para ser reparados (fueron otra vez lanzados en abril). Pero #1020 fue diseñado con una vela más corta, chaparra y rectangular, que la usual más alta y triangular.

La nave mide 7 metros de largo con una vela de 2.4 metros de altura. “Ya habíamos pasado por eso y aprendimos a diseñar algo específicamente para el océano Antártico”, dice Richard Jenkins, cofundador y director general de la compañía. “Es como una letrina de ladrillos e increíblemente resistente”. Durante su travesía, el dron soportó olas de 15 metros y vientos de 130 kilómetros por hora. En un momento, se estrelló contra un iceberg, lo que descompuso algunos de los sensores atmosféricos y la cámara a bordo.

Incluso sin cámara, Jenkins podía monitorear el paso del #1020 con dispositivos de rastreo de ubicación y ver que todo iba bien en su travesía. El dron ya cruzó todas las líneas de longitud, o sea que de alguna forma circunnavegó el globo terráqueo. El 3 de agosto, regresó a Nueva Zelanda en donde Jenkins y su equipo sacaron al maltratado y golpeado robot del agua, y descargaron enormes cantidades de datos reunidos por su sensor de dióxido de carbono, que fue diseñado por la Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA).

Los científicos de NOAA y otras agencias han estado ansiosos por ver los datos. La información reciente que ha sido reunida por los flotantes existentes ha generado un gran debate entre investigadores, con algunos afirmando que el océano Antártico podría no almacenar tanto carbono como se creía. Pero como los flotantes solo miden la acidez, son relativamente escasos y solo hasta hace poco llegaron al agua, el conjunto de datos está incompleto y podría ser anómalo.

“La misión del Saildrone es muy emocionante para mí porque medimos el CO2 directamente y podemos comparar los resultados con los flotantes”, dice Adrienne Sutton, oceanógrafa en NOAA. “Pero todavía debemos responder preguntas sobre variabilidad con el tiempo y el área, y necesitamos mucho más dispositivos ahí”.

Tras haber visto algunos de los datos preliminares del Saildrone, científicos de NOAA observaron que el océano Antártico en realidad libera dióxido de carbono durante los meses más blancos, un hecho que podría tener una gran implicación en los modelos climáticos. Claro, falta mucho trabajo de análisis y medición por hacer antes de que haya respuestas. “Todavía no comprendemos por completo el ciclo natural de carbono del océano, mucho menos la influencia humana en él”, dice Christian Meinig, director de ingeniería en el Laboratorio Ambiental Marino del Pacífico de NOAA. “Intentamos resolver dos rompecabezas al mismo tiempo sin suficiente información. Lamento ser desalentador”.

Tilbrook también espera revisar los datos. “En los próximos 20 años, podemos esperar cambios muy grandes en los ecosistemas del océano Antártico”, dice. “El mensaje es que los Saildrone funcionan y pueden sobrevivir y ahora necesitamos más datos”.

La fundación Li Ka Shing, una organización benéfica respaldada por el multimillonario chino, pagó esta misión. Además de los Saildrone, ayudó a montar un programa educativo para estudiantes, muchos de los cuales monitorearon los tres drones y estudiaron la ciencia que comprenden. En el futuro, Jenkins espera tener una flotilla de drones constantemente circulando Antártica, midiendo no solo el dióxido de carbono, sino también cosas como la cantidad de camarón antártico y la temperatura. El plan entonces sería hacer públicos los datos disponibles y organizar un concurso con un premio de 1 millón de dólares para el “trabajo más transformativo” hecho con ellos.

“Necesitamos el modelo matemático que pronostique la absorción de carbono del océano”, dice Jenkins. “Londres está a anormales 38 centígrados. No es coincidencia. ¿Experimentamos un efecto desmedido del carbono? Necesitamos saber la respuesta y realmente tenemos que acelerar el ritmo al que hacemos la investigación”.