Se prenden las alarmas por préstamos corporativos y los reguladores se ponen nerviosos
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Se prenden las alarmas por préstamos corporativos y los reguladores se ponen nerviosos

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Se prenden las alarmas por préstamos corporativos y los reguladores se ponen nerviosos

Los reguladores en Estados Unidos y Europa comienzan a preocuparse cada vez más por algunas deudas peligrosas.

Bloomberg / Sally Bakewell y Thomas Beardsworth
22/07/2019
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Suenan las campanas de alarma por el aumento de los préstamos de riesgo a empresas. Los reguladores en Estados Unidos y Europa han señalado los peligros del endeudamiento empresarial excesivo.

Lo que está en juego es el mercado de los préstamos apalancados, un mercado de un billón 300 mil millones de dólares compuesto por préstamos de alto rendimiento acumulados por empresas con finanzas más que débiles. Aunque las autoridades de la Reserva Federal y del Banco Central Europeo han advertido por el sobreendeudamiento de las compañías y el deterioro de los estándares de esos préstamos titulizados (esto es, convertidos en paquetes de títulos llamados obligaciones de préstamos colateralizados o CLO), la mayoría de los reguladores tienen el cuidado de decir que es poco probable que se repita otro 2008, pues la mayor parte de esa deuda está en manos de inversores, y no de bancos.

Sin embargo, eso ha creado un nuevo tipo de riesgo, potencialmente más peligroso. Precisamente porque cerca del 85 por ciento de los préstamos apalancados están en manos no bancarias, los reguladores no pueden identificar dónde se concentran los riesgos y cómo se propagarán en el sistema financiero cuando la economía cambie. Cada vez hay más críticas que cuestionan si los reguladores como la Fed tienen controlado el problema o si tienen las herramientas para contener las consecuencias. Una gran preocupación es que las empresas altamente apalancadas que emplean a miles puedan sufrir un fuerte estrés financiero y, en algunos casos, la insolvencia, lo que profundizaría la próxima recesión. "Siempre me recuerdo a mí mismo que incluso el formulador de políticas más inteligente, con la perspectiva, los datos y las herramientas de mayor alcance, no supo anticipar la amplitud y la profundidad de la crisis inmobiliaria", apunta Mark Spindel, director de inversiones de Potomac River Capital. "Los préstamos apalancados y la deuda corporativa no son viviendas ni hipotecas, pero tal vez son más comunes de lo que pensamos. No podemos obviar ningún crecimiento en préstamos apalancados, las titulizaciones de préstamos corporativos o la deuda privada".

Las señales de una asunción de riesgos excesivos han aparecido en numerosos mercados. Pero los préstamos apalancados han llamado la atención debido en parte a la ligereza con que están regulados. Alimentado en buena medida por la demanda de obligaciones de préstamos colateralizados que ofrecen tasas de interés próximas al 9 por ciento en las deudas de más riesgo, el mercado de los préstamos apalancados se ha más que duplicado desde 2012. Una de las ironías es que gran parte de ese riesgo denunciado por los bancos centrales y los reguladores ha sido causado por ellos mismos.

Gracias a años de tasas ultrabajas hoy es más fácil que nunca que las compañías con menos capacidad crediticia pidan prestadas grandes sumas de dinero, y son esas mismas tasas las que empujan a los inversores hacia inversiones más riesgosas. Al mismo tiempo, las regulaciones bancarias que siguieron a la crisis han fomentado el incremento de la banca en la sombra, lo que a su vez contribuyó al crecimiento de los préstamos apalancados.

Luego, los supervisores financieros designados por la administración de Trump comenzaron a alentar a Wall Street a asumir más riesgo el año pasado al relajar las normas que limitan los préstamos a las compañías muy endeudadas, lo que facilitó que los bancos compitieran más directamente con las entidades no bancarias para suscribir los préstamos más riesgosos.

Y ahora que la Reserva Federal ha abierto la posibilidad de un nuevo recorte a la tasa de interés, el banco central estadounidense podría exacerbar aún más los préstamos de alto riesgo que ha intentado controlar.

"Cuando le das juguetes a los niños, sabes que jugarán con ellos hasta que los rompan", dijo Phil Milburn, gestor de fondos de Liontrust Asset Management en Edimburgo, Escocia. "Alguien tiene que entrar en la habitación y decirles que los dejen".

El endeudamiento corporativo ya ha alcanzado niveles elevados. La deuda de las empresas estadounidenses es 7.7 veces superior a sus ganancias anuales, según la firma de investigación Covenant Review, que analizó los ratios de deuda sobre Ebitda no ajustado en el primer trimestre para las empresas involucradas en adquisiciones y compras accionariales. Ese múltiplo está cerca de un récord post crisis. Hace cuatro años, el ratio deuda-Ebitda era de solo 5.5. Y las empresas europeas no se quedan muy atrás.

La asunción de riesgos podría empeorar: debido a que las ventas de préstamos apalancados disminuyeron este año, muchas compañías han podido obtener condiciones más flexibles. Las protecciones que protegen a los acreedores de los impagos nunca habían sido tan endebles, asegura Moody’s Investors Service. Y los prestamistas, aunque a regañadientes, han comenzado a aceptar proyecciones más agresivas de futuros ahorros de costos y futuras ganancias que tal vez nunca se materialicen.

Como resultado, los reguladores de todo el mundo hablan cada vez más sobre los peligros de los préstamos apalancados y las titulizaciones CLO, y advierten sobre los excesos que ellos mismos ayudaron a desencadenar.

En los últimos meses, tanto el presidente de la Fed, Jerome Powell, como el gobernador del Banco de Inglaterra, Mark Carney, han comparado algunos aspectos del crecimiento de los préstamos apalancados con el boom de la industria hipotecaria en la antesala de la crisis subprime. Y aunque ninguno ha dicho que los riesgos representan una amenaza lo suficientemente grande como para hundir al sistema financiero (principalmente porque la exposición no está concentrada en unos pocos bancos grandes), ambos admiten que hay muchas cosas que los reguladores desconocen, como quiénes son los compradores y qué tan bien pueden absorber las pérdidas.

La investigación de Wells Fargo sugiere que entre los compradores de las titulizaciones CLO hay bancos, aseguradoras y fondos hedge de Estados Unidos, así como un gran número de firmas financieras extranjeras. Los bancos japoneses (incluido Norinchukin, que invierte los ahorros de agricultores y pescadores) se encuentran entre los mayores compradores de los tramos con la calidad crediticia más alta, ya que en casa los bonos y préstamos domésticos ofrecen rentabilidad nula o incluso negativa. Algunos dicen que los reguladores no están haciendo lo suficiente para corregir sus puntos ciegos.

"No confío en que los reguladores tengan o compartan entre ellos la información de calidad que necesitan", expuso Erik F. Gerding, experto en regulación financiera de la facultad de derecho de la Universidad de Colorado, en una audiencia en junio en el Congreso estadounidense sobre los préstamos apalancados. "Hay que financiar ya la patrulla para el iceberg, no podemos esperar hasta que llegue la hora de subir a los botes salvavidas".

Los reguladores también se arriesgan a cometer un error si desestiman la importancia de los bancos en todas las fases de los préstamos apalancados, opina Gaurav Vasisht, director de regulación financiera de la Volcker Alliance, un organismo sin fines de lucro. Los bancos no solo suscriben los préstamos, también venden los préstamos a los títulos CLO que los empaquetan, invierten en esos títulos y luego cubren esos riesgos en el mercado.

"No entendemos ni apreciamos completamente el papel que los bancos desempeñan en este mercado", dijo en la audiencia. "Una narrativa común es que los bancos no tienen mucho riesgo o no están expuestos a él, (pero) los bancos están expuestos a él".

Por otra parte, los titanes de la industria que presiden este volumen de deuda no quieren parecer confiados. Brian Moynihan, CEO de Bank of America, el principal estructurador de préstamos corporativos de alto riesgo, predijo en junio que algunas compañías muy endeudadas podrían sufrir una "masacre" si la economía se desacelera y no pueden cumplir con los pagos de su deuda. Pimco, el mayor inversor en bonos del mundo, dijo en mayo que el mercado crediticio es "probablemente el más riesgoso".

Y los síntomas de que algo anda mal ya pueden verse. Allí está como ejemplo el holding francés Rallye SA, cuyo presidente Jean-Charles Naouri controla la cadena de supermercados Casino Guichard-Perrachon SA a través de una serie de sociedades instrumentales cargadas de deudas. Rallye, que acumuló 2 mil 900 millones de euros en préstamos y bonos, utilizó durante años los dividendos de Casino para pagar a los prestamistas y empeñó acciones para acceder a líneas de crédito, hasta que en mayo entró en preconcurso de acreedores.

Cuando el ciclo crediticio finalmente cambie, UBS estima que los inversionistas en bonos basura y préstamos apalancados podrían perder casi medio billón de dólares, más que cualquier recesión desde al menos 1987.

Sin embargo, muchos inversores y negociadores de deuda se centran tanto en la oportunidad como en el riesgo, y minimizan todos los peligros del mercado de los préstamos apalancados para la economía en su conjunto.

Marc Lasry, fundador de la firma de inversiones Avenue Capital, dijo en marzo que una "desaceleración es excelente" para el crédito porque origina muchas oportunidades. Para BlueBay Asset Management, las condiciones económicas actuales equivalen a un momento "Ricitos de oro", es decir, ni tan tan… ni muy muy. Los impagos siguen siendo bajos, pero el crecimiento no es lo suficientemente fuerte como para obligar a los bancos centrales a endurecer la política. La baja proporción de impagos es el motivo por el cual Elliot Ganz, asesor general de la asociación de préstamos sindicados LSTA, no prevé perturbaciones significativas en el mercado crediticio. En su opinión, los riesgos en los préstamos apalancados probablemente serán contenidos y hay pocas razones para creer que revisten un riesgo sistémico. “¿Los inversores sufrirán pérdidas? Absolutamente, pero a eso se exponen", dijo. No obstante, "los bancos no van a estar tan expuestos como en 2007".

El hecho de que los bancos estén más a salvo no significa necesariamente que el sistema financiero también lo esté, advierte Karen Petrou, socia gerente de Federal Financial Analytics, una firma de análisis regulatorio. Quienes invierten en deuda podrían no resistir bien una crisis y crearían ondas de choque en todo el sistema.

"Los reguladores bancarios son algo miopes cuando solo buscan el riesgo sistémico en el sistema bancario", indicó. "Esa es la principal equivocación, veo que las agencias de supervisión bancaria pecan de optimismo".