Trump tuitea. Powell habla. China responde… repite otra vez
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Trump tuitea. Powell habla. China responde… repite otra vez

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Trump tuitea. Powell habla. China responde… repite otra vez

Los inversores reaccionan no solo a las ganancias y al crecimiento, sino a los actos de los políticos influyentes.

Bloomberg / Michael P. Regan
11/09/2019
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Los altibajos de los precios de los activos en un día cualquiera están determinados, cada vez más, por las palabras y acciones de tres hombres.

Primero, Donald Trump, quien ha redescubierto su poder para enviar los mercados al alza o en picada, con menos de 280 caracteres en Twitter. Luego está el presidente de la Reserva Federal de EU, Jerome Powell, quien se encuentra en el lado receptor de los desagradables tuits de Trump por cumplir con su mandato de hacer lo mejor para la economía, que no siempre es lo mejor para el presidente. Y en Beijing, es Xi Jinping, el presidente de China, quien se sienta en la cima de un Partido Comunista en el que los políticos y los banqueros centrales bailan al mismo ritmo. Los mercados financieros han sido un ring donde estos tres jugadores se golpean entre sí.

Powell, bajo la presión de Trump para reducir las tasas de interés, sacudió a los mercados al señalar que el recorte de tasas del banco central en junio fue un “ajuste de mitad de ciclo” y no el comienzo de un periodo bajista de la política monetaria. Al día siguiente, el 1 de agosto, Trump exacerbó la venta masiva al decir que impondría aranceles a prácticamente cualquier importación desde China que no los tenga, a partir de septiembre. La respuesta de Beijing el 5 de agosto causó las mayores olas en los mercados mundiales, ya que el Banco Popular de China permitió que su moneda se depreciara a un máximo desde 2015 y alcanzara más de 7 yuanes por dólar. China pidió a las empresas que suspendan las compras de cultivos de EU, renovando la presión sobre los precios del maíz y la soya estadounidenses.

Con cada una de estas colisiones se expone la fragilidad de los mercados mundiales. Parece cada vez más posible que algo importante esté roto. Los inversores que creían que las relaciones entre EU y China se estabilizaban se vieron atrapados cuando las tensiones aumentaron abruptamente. Se está reconsiderando la suposición predominante de que el presidente Trump no permitiría que la guerra comercial continúe durante la campaña presidencial 2020, ya que las dos partes parecen estar más separadas que nunca. Los economistas de Goldman Sachs, por ejemplo, ya no esperan un acuerdo comercial antes de las elecciones y ven a la Fed recortar su tasa de interés de referencia dos veces más este año en un esfuerzo por contrarrestar el daño económico del conflicto.

Además, lo que se debate en Wall Street es si los costos de endeudamiento más bajos serán suficientes ante una recesión. En Europa, cuyas fábricas están atrapadas en el fuego cruzado entre China y EU, los barómetros de fabricación apuntan a la recesión. El crecimiento en las ganancias corporativas de EU, que los recortes de impuestos impulsaron en 2018, van lentas, y las previsiones para el momento de un rebote siguen difiriéndose.

A medida que el conflicto comercial se transforma en una potencial guerra de divisas, en la que los países se apresuran a devaluar para obtener una ventaja competitiva para sus exportaciones, hay rumores sobre un aumento en las tensiones. ¿Podría EU encarar más a China y vender aviones de combate F-16 a Taiwán? ¿O podría Washington manifestar su apoyo a los manifestantes anti-Beijing que paralizaron Hong Kong este verano? ¿Y qué podría estar en riesgo para más de un cuarto de billón de dólares de inversiones estadounidenses en China desde 1990?

Todas estas preguntas surgen en el verano, una época del año en que los calendarios de vacaciones de Wall Street están atascados y los mercados parecen especialmente fáciles de sacudir. Las medidas de volatilidad del mercado de valores tienden a aumentar en promedio en agosto y algunos de los desvanecimientos más feos en renta variable durante la última década se han producido ese mes. Incluso los grandes gastadores más confiables en estos días, las corporaciones, han tenido problemas para mantener a flote los precios de las acciones. Las de la empresa matriz de Google, Alphabet, subieron casi un 10 por ciento luego que la compañía anunciara un plan de recompra de títulos por 25 mil millones de dólares el 25 de julio.

Las acciones perdieron casi toda esa ganancia en la semana siguiente.

Antes del último desmayo, había indicios de que algunos inversores estaban nerviosos por el equilibrio de riesgo y recompensa ofrecido en el mercado. Algunas medidas de valoración parecen altas. La métrica preferida de Warren Buffett, la relación entre el valor total de mercado de las acciones de EU y el producto interno bruto (PIB), es de 1.49, más alta que antes de la crisis financiera. La relación precio/ganancia ajustada cíclicamente, basada en los últimos 10 años, es de 30, muy por encima del promedio de 50 años de 20. Ambas medidas capturan cuánto cuesta comprar un pedazo de la riqueza que las empresas generan. Ninguno de los dos puede decirle cuándo está por cambiar el mercado, pero ambos sugieren que los precios son altos.

Para Buffett, no parece que valga la pena comprar con las valoraciones actuales. El último informe de ganancias de su Berkshire Hathaway Inc. mostró que la compañía vendió más acciones de las que compró en el segundo trimestre, y su pila de efectivo aumentó a un récord de 122 mil millones de dólares. No es el único que se mantiene al margen: los activos en los fondos mutuos del mercado monetario han subido a un máximo de casi 10 años de 3.3 billones de dólares.

La carrera hacia refugios seguros envió al oro a un máximo de cinco años y desencadenó la recuperación de los bonos del Tesoro que llevó los rendimientos a 10 años a su nivel más bajo desde que Trump fue elegido en 2016. Al mismo tiempo, las tasas de los bonos del Tesoro a tres meses fueron más altas que los de los bonos a 10 años, un fenómeno conocido como una inversión de la curva de rendimiento que se considera una advertencia confiable de una recesión inminente. Los rendimientos más bajos a largo plazo indican que los mercados esperan que las tasas de interés bajen en respuesta al débil crecimiento.

“Bien podríamos estar en el momento más peligroso desde la crisis financiera de 2009 con las disputas entre EU y China”, tuiteó Larry Summers, exsecretario del Tesoro con Bill Clinton y asesor de Barack Obama. Uno podría detectar una ventaja partidista en ese comentario, pero no hay duda de que los mercados tratan de abrirse paso. Quienes aguardan un mercado alcista pueden esperar que Trump tuitee sobre un avance con “su amigo Xi”, y las acciones volverán a salir a las carreras. Pero por ahora el ambiente deprimido del mercado es fuerte.