Un problema (geopolítico) para la Fed: riesgos globales auguran una recesión como ninguna otra
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Un problema (geopolítico) para la Fed: riesgos globales auguran una recesión como ninguna otra

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Un problema (geopolítico) para la Fed: riesgos globales auguran una recesión como ninguna otra

Las condiciones geopolíticas actuales auguran en EU una desaceleración económica muy distinta a las del pasado.

Bloomberg / Rich Miller con la colaboración de Craig Giammona, y Thomas Black
04/11/2019
Actualización 04/11/2019 - 4:50
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Si Estados Unidos llegara a caer en una recesión, no será como las crisis pasadas.

Tradicionalmente, las recesiones del país han sido endógenas y lideradas por los hogares estadounidenses, desencadenadas por aumentos en las tasas de interés y atizadas por las consecuencias de los excesos financieros y económicos. Pero nada de eso está ocurriendo esta vez, al menos por ahora.

El nerviosismo actual de los inversores por una recesión nace, en cambio, de un impacto geopolítico global a la confianza empresarial que está provocando que las empresas estadounidenses reduzcan el gasto en medio de toda clase de incertidumbres, desde la guerra comercial entre Estados Unidos y China hasta la posible salida de Gran Bretaña de la Unión Europea.

“La economía global continúa debilitándose y estamos tomando medidas para reducir la capacidad”, anunció el CEO de FedEx Corp., Fred Smith, el 17 de septiembre. La desaceleración está siendo “impulsada por el aumento de las tensiones comerciales y la incertidumbre política”.

Eso plantea problemas para el presidente de la Reserva Federal estadounidense, Jerome Powell, y sus colegas formuladores de políticas monetarias, mientras deciden si recortarán las tasas de interés a fines de octubre por tercera vez este año.

La naturaleza inusual de las fuerzas en juego, y el hecho de que muchas de ellas son geopolíticas y provienen del extranjero, hace que sea más difícil para los encargados de formular políticas decidir qué tan lejos quieren ir para flexibilizar el crédito.

Existe incluso la duda de cuán efectivos serán los recortes de tasas en una economía donde las empresas temen un desenlace tan funesto como la ruptura de las cadenas globales de suministro.

Por lo pronto Powell dijo a principios de octubre que, a pesar de algunos riesgos, la economía estadounidense “va bien” y que el trabajo de la Reserva Federal es “mantenerla así».

¿Quebrarse o levantarse?

Aun si el pesimismo empresarial resulta ser exagerado, existe la posibilidad de que la economía retroceda mientras las empresas aumentan el gasto y el estímulo monetario surte efecto.

“Los escenarios son bastante extremos”, apunta Bruce Kasman, economista jefe de JPMorgan Chase. “O nos doblamos y luego nos quebramos o nos doblamos y luego nos levantamos”.

Un estudio de Macroeconomic Advisers de IHS Markit calculó que el producto interno bruto podría aumentar un 0.5 por ciento si la incertidumbre sobre la política comercial finalmente se disipa.

Aunque los negociadores de Estados Unidos y China han reanudado el diálogo, las esperanzas de un gran avance no son altas.

El modelo de Bloomberg estima la probabilidad de una recesión en los próximos doce meses en cerca del 25 por ciento.

“Es una señal de advertencia, pero aún no es una señal de pánico. Las posibilidades de una recesión son más altas que a principios de año. Son más bajas de lo que fueron durante el verano, y antes de las crisis anteriores”, señalan los economistas de Bloomberg Eliza Winger, Yelena Shulyatyeva y Andrew Husby.

Por otra parte, el economista jefe de Moody’s Analytics, Mark Zandi, apuntó que una recesión es casi inevitable si el presidente Donald Trump cumple con su amenaza de imponer aranceles a prácticamente todas las importaciones de China para fines de este año.

Tal medida probablemente sacudiría los mercados financieros y dañaría la economía, dijo Matthew Luzzetti, economista jefe para Estados Unidos de Deutsche Bank Securities. En el caso de que sucediera, cree que las probabilidades de una recesión aumentarían a 50 por ciento.

Otros analistas no son tan pesimistas. El execonomista jefe del Fondo Monetario Internacional, Maury Obstfeld, opina que un aumento de los aranceles sobre China probablemente provocaría un crecimiento más lento, pero no una recesión. “Simplemente no veo por qué desencadenaría una amplia contracción en la actividad”, dijo Obstfeld, hoy investigador del Instituto Peterson de Economía Internacional.

Esto se debe a que muchos de los detonantes tradicionales de las recesiones en Estados Unidos parecen estar ausentes:

La inflación no es alta ni va en aumento. Más bien lo contrario, es demasiado baja, al menos en lo que respecta a la Reserva Federal.

El banco central no está elevando las tasas de interés, las está bajando.

Los precios de las acciones son elevados, pero están fuera del “territorio burbuja” dado el bajo nivel de las tasas.

Y los hogares no están sobreendeudados y generalmente gozan de buena salud financiera.

“El consumidor estadounidense en este momento, al menos en términos de nuestro negocio, está muy bien”, dijo Hugh Johnston, quien es director financiero de PepsiCo en una entrevista realizada en fechas recientes.

“Es muy difícil identificar cuál sería el desencadenante de una recesión en Estados Unidos, especialmente una profunda”, señaló Andrew Hollenhorst, economista jefe para Estados Unidos de Citigroup Inc. “Eso nos hace sentir un poco menos preocupados”. Para Hollenhorst, las probabilidades de una recesión en los próximos doce meses rondan el 30 por ciento.

Al veterano analista Allen Sinai la situación actual le recuerda a la antesala de la recesión que se vivió en 1990-91.

En aquella ocasión, las empresas respondieron a una reducción de beneficios derivada del aumento de los salarios reduciendo el gasto y la contratación. Esta vez, es la desaceleración de las ventas en el extranjero la que podría frenar a las empresas estadounidenses, dijo Sinai, quien se desempeña como presidente de Decision Economics Inc.

La lección del periodo anterior, agrega, es que la Reserva Federal debe responder de manera agresiva y preventiva al peligro de una recesión.

El problema es que el panorama todavía no está nada claro. Algunos riesgos, como el Brexit, aún no se han materializado. Otros, como los aranceles ojo por ojo a aplicarse entre Estados Unidos y China, han afectado la confianza de las empresas, pero recientemente comenzaron a hacer mella en la producción.

“Estamos teniendo dificultades para determinar qué tan grande es este impacto geopolítico”, admitió Kasman de JPMorgan, quien considera que las probabilidades de una recesión para los próximos doce meses son del 35 al 40 por ciento.

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