'El modelo tradicional de galería ya es difícil de sostener': Agustina Ferreyra
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'El modelo tradicional de galería ya es difícil de sostener': Agustina Ferreyra

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'El modelo tradicional de galería ya es difícil de sostener': Agustina Ferreyra

El modelo tradicional de galería del siglo XX es un modelo difícil de sostener hoy, sobre todo para un proyecto joven, señala la galerista mexicana.

Patricia Martín
11/12/2018
Actualización 11/12/2018 - 21:12
Agustina Ferreyra
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Después de ser agente cultural en México, vivió en Puerto Rico, donde trabajó en una colección privada importante y donde decidió abrir su propia galería. Diez años más tarde, Agustina Ferreyra volvió al país para trasladar el espacio a la CDMX. En el centro de su programa está presente una visión amplia en términos de género.

¿De dónde surgió la idea de crear la Galería Agustina Ferreyra?

En 2012, 2013, sentía que en San Juan no había galerías de arte contemporáneo que mostraran el tipo de obra que me gustaba ver como espectadora, así que empecé a fantasear con eso.

¿Por qué una galería y no otro tipo de proyecto?

No lo sé. Me resultaba natural abrir una galería por la experiencia de la que venía en Puerto Rico mismo, donde trabajé para una colección privada, y la gestión independiente que hice en la CDMX antes de irme.

¿Cómo escoge a los artistas que representa?

 En este momento trabajo con 10: Irma Álvarez Laviada, Heather Guertin, Cristina Tufiño, Ad Minoliti, Beatriz Santiago Muñoz y Zadie Xa, Julio Suárez, Michael Linares, Ramiro Chaves y Ulrik López. No pienso el proyecto con una identidad geográfica, sino afectiva, entonces nadie es extranjero. Inicié con un grupo que me parecía importante representar en ese momento en San Juan, y muchos son puertorriqueños porque ahí inició la galería. También hay un elemento de encontrar o seguir a gente que a uno le gusta.

¿Qué es lo que hace distinto a este espacio?

Existen elementos que me parecen característicos y que están presentes en el trabajo de la mayoría de los artistas; eso es en definitiva la visión de una galería. En nuestro caso diría que hay una preocupación por el futuro, por entender la forma en la que nos construimos a partir de la identidad, de lo simbólico, de la historia, de lo afectivo y la memoria. No creo que haya dos galerías iguales en el mundo. Cada cual tiene su forma de trabajar y de contar las cosas, de pensar y desenmarañar el mundo. Una galería que representa a una de mis artistas en Europa, por ejemplo, le puede dar un contexto a su trabajo que yo no, no sólo geográficamente, sino en términos del diálogo que puede tener su obra con los demás artistas de ese programa.

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¿Qué aporta al panorama?

Tenemos cinco años y llegamos a México en febrero de 2018. Pienso que empezarán a pasar cosas conforme la gente se exponga más a nuestro programa, que sin duda creo que aporta una visión más amplia en términos de género. Por el momento, aporta novedad y la frescura que viene con eso.

¿Cómo se comporta el mercado para que pueda sostener la galería?

El mercado no es uno, sino muchos, y como galería joven los necesitamos todos. Una de las cosas que más me atrajo para abrir el espacio aquí es sentir que hay mucha gente interesada en el arte; en comprarlo, en vivirlo, en entenderlo y exponerse a él. Pero en líneas generales pienso que no es un momento fácil, no sé si por el mercado o porque hemos llegado a un punto en que necesitamos preguntarnos qué estamos haciendo, por qué y para qué, o para quién. El modelo tradicional de galería del siglo XX es un modelo difícil de sostener hoy, sobre todo para un proyecto joven. Y debemos entender que no porque haya galerías -que empezaron en el siglo pasado- y funcionen, tengamos que hacerlo igual.

¿Cuánto tiempo le toma a una galería generar ganancias por sí misma? ¿Y cuánto para ganar una reputación?

Una colega galerista, a quien admiro mucho, me dijo una vez que su negocio estuvo en pérdida 12 años. ¡12 años! Y una de las mejores galerías de Europa, en mi opinión. Entonces, sí, es un negocio algo ingrato y complejo. El arte es muy del momento y no siempre le atinamos a los momentos en los que presentamos o hacemos cosas. Entonces, el tiempo es un factor importante y el reto es siempre resistir, insistir en nuestras ideas. La reputación es mucho más fácil de construir. Obrar bien, ser honesta, transparente, trabajadora, responsable; saber trabajar, colaborar, pensar en los otros, hace que uno tenga una buena reputación.

¿Cuáles son los aciertos del mercado mexicano y qué le hace falta?

Hay muchas formas de apoyar o incentivar un mercado, ya sea a través de fundaciones u organizaciones, un mecenazgo desinteresado, becas, gestionando nuevas plataformas, funcionando como agente aglutinador... Es un reto conjunto desarrollar formas viables para todos y verdaderamente pensarlas y diseñarlas. Tal vez hay que empezar por ahí: sentarnos a hablar de cómo queremos que sean estas nuevas relaciones, qué necesitamos, qué podemos ofrecer.

¿Y de las instituciones?

 Estamos viendo exhibiciones interesantísimas y riquísimas en todos los museos; sin embargo, se pueden articular muchas cosas más. Tal vez el reto es balancear la capacidad de traer y exhibir a artistas internacionales importantes, y darle cabida a artistas locales jóvenes que también son parte fundamental de la historia que se está tejiendo.

¿Cómo percibe la relación entre las galerías consolidadas y las emergentes?

 Las galerías consolidadas son para mí un caso de estudio interesante y fundamental, pero no puedo compararme con ellas. Vivimos en otra época, con otros retos, otra economía, otro panorama mundial, hay que pensar en la generación de uno también y mirar a los lados; ahí hay mucha más sabiduría para mí que en mirar un caso de éxito probado hace 20, 30 o 40 años. Me parece importante tomar a algunas galeristas que admiro y estudiar su historia: ¿qué hicieron? ¿dónde estaban? ¿cómo eran? ¿cómo son? ¿qué pasaba en sus países? ¿con quiénes se quedaron y por qué? Al mismo tiempo pienso en mí: ¿cómo quiero ser? ¿qué creo que puedo tomar de eso y qué dejar atrás?

¿Qué es lo más difícil y lo más gratificante a lo que se ha enfrentado?

 Lo más gratificante es, sin duda, aprender sobre el mundo en el que vivimos a través de los ojos de gente que respeto, quiero y admiro. Pensar algo, estructurarlo, llevarlo a cabo y que funcione, que la gente responda y te diga: “me mueve esto” o “entendí esto a partir de esta obra”. El reto más grande es todo lo demás: hacer que funcione y no perder esa energía en el camino.

¿Cómo cree que se va a desarrollar la nueva generación de galerías?

 Últimamente se habla mucho de que las galerías ya no son necesarias, que con las redes sociales los artistas no nos necesitan y pueden ser sus propios agentes y que, al igual que la música, nuestra industria está muriendo, o sus formas cambiando. Y estoy de acuerdo, hasta cierto punto, pero más bien creo que debemos repensar el modelo; no hay absolutos, pensemos en abrir nuestras estructuras, en deshacernos de otras por completo, en abandonar ideales de éxito heredados y formular nuevos objetivos juntos, como gremio, como industria. Vemos cada vez más proyectos híbridos y colaborativos, estamos probando, cambiando la forma en la que entendemos nuestras relaciones y estructuras de poder, algo pasará y seguro el camino no va a ser fácil, pero probablemente será para bien.