Infidelidad… ¿Hay algo nuevo en la era digital?
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Infidelidad… ¿Hay algo nuevo en la era digital?

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Infidelidad… ¿Hay algo nuevo en la era digital?

El gran villano de la historia del amor es el mismo, pero en tiempos de redes sociales sus posibilidades se han ampliado de tal forma que definirlo resulta ambiguo.

María Eugenia Sevilla
03/09/2019
El amor en la era de las redes sociales.
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Mejor no preguntes, recomendaban los trágicos griegos. Mientras el otro duerme, ella o él, a hurtadillas, desliza el dedo sobre la pantalla del celular de su pareja. Nunca se busca, se encuentra.

Si sólo es un chat… ¿Sólo eso?

En minutos el o ella es un espía. Pero, ¿no es legítimo? En una relación íntima se exige total transparencia,

¿o no? Entonces, ¿chatear en secreto con otro/a no es lo mismo que engañar? ¿Y enviar un video? ¿Si nunca se ha tenido una cita personal?

El durmiente flotará, no por mucho, en el sueño de los sin culpa. Al despertar, Troya estallará en llamas: “¿Me eres infiel?”

Si definir la infidelidad fuera tan sencillo como responder sí o no, su trabajo como terapeuta experta en relaciones de pareja sería muy fácil, dice Esther Perel. Para hablar de este tema habría que preguntarse primero qué es engañar, señala en su libro más reciente: El dilema de la pareja. ¿Estamos hechos a prueba de amoríos? (Diana, 2019).

En él, la autora estadounidense establece la ambigüedad que hoy envuelve, como nunca antes, al villano más vil de la historia del amor.

“Cuando un lunch secreto ha sido reemplazado por una cuenta secreta de Facebook, ¿cómo se supone que vamos a saber lo que constituye un amorío? Necesitamos repensar cuidadosamente cómo conceptualizamos la infideldad en la era digital”.

En todo caso, advierte, la pregunta sobre la herida más vieja de la historia es siempre un síntoma: engañar no es sólo un acto. Siempre significa algo más...

 ¿La noción de monogamia ha cambiado con el tiempo?

 Sí. En el mundo occidental se entendía como permanecer con una persona para toda la vida; ahora es permanecer con una persona a la vez. Antes el matrimonio era una institución sin salida, te quedabas hasta la muerte; hoy te quedas hasta que el amor se muere.

 ¿Esto ha influido en la necesidad del amorío?

 Esa necesidad siempre ha existido. Es el único mandamiento que se menciona dos veces en la Biblia, una vez por hacerlo y otra por pensarlo. No hay nada nuevo en el tema de la transgresión, lo nuevo es que a lo largo de la historia los hombres habían tenido un privilegio porque la monogamia era principalmente una imposición económica sobre la mujer. No tenía que ser fiel. Hoy el sentido de la infidelidad ha cambiado muchísimo porque el sentido del matrimonio ha cambiado, de ser una institución principalmente práctica, económica y familiar, a una de amor, afecto, confianza, deseo y de expectativas románticas.

 ¿Cómo cambia este sentido de libertad el significado de la infidelidad?

 No siempre la traición al otro es por falta de amor o problemas dentro de la pareja, falta de conexión o abuso. No siempre es un rechazo. Lo que descubrí es que en el centro de toda infidelidad hay mentiras y traiciones, pero también hay una búsqueda de sí mismo. La gente me dice en el consultorio: no salí en busca de otro, sino de otro yo. Quise rechazar la persona que soy hoy. Siempre pensamos que en la infidelidad hay un mensaje para la otra persona, pero también hay mensajes internos.

 ¿Cómo entender entonces la infidelidad hoy desde nuestra cultura?

 Es muy importante entender que la infidelidad no es un acto, es una señal que dice algo. Cada infidelidad tiene un sentido. No es qué has hecho sino por qué lo has hecho. Qué significa en tu relación.

 ¿Cómo ha cambiado este concepto en la era digital?

 Lo que vemos es que más y más cosas caben en la noción de infidelidad. Antes era salir de casa y tener sexo con alguien más. Hoy puedes hacerlo mientras tu pareja duerme en la cama junto a ti. Tienes infinitas posibilidades de tener relaciones eróticas, sexualizadas desde ahí. Las relaciones de hoy, los roles de género, están cambiando tan rápido que hay muchísima confusión. Antes todo era claro: no había mucha libertad. Pero las reglas eran claras. Hoy por primera vez tenemos que tener conversaciones sobre temas que nunca habíamos discutido.

 Dice que nunca ha sido más fácil tener un amorío y nunca más difícil mantener el secreto que ahora...

 El tema de entrar en el teléfono del compañero es muy actual. Pero una cosa es obtener información y otra, qué quieres hacer con ella. ¿Puedes manejarlo? ¿Cómo vas a vivir con ello? Si vas a preguntar, antes tienes que saber lo qué vas a hacer con lo que te van a decir. La información siempre tiene consecuencias. Si tienes que ir al móvil para saber por qué vuelve tarde en la noche es mejor tener una conversación sobre este tema. Si sigues con alguien que te miente todo el tiempo, no necesitas tener la prueba. Ya lo sabes.