Transgresión al canon de la belleza occidental en ‘Vogue like a painting’
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Transgresión al canon de la belleza occidental en ‘Vogue like a painting’

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Transgresión al canon de la belleza occidental en ‘Vogue like a painting’

bulletVogue es motivo de una exposición en el museo Franz Mayer; en ella se revelan las formas en las que ha instituido la belleza.

Eduardo Bautista
17/07/2019
Actualización 17/07/2019 - 17:29
La imagen formó parte de Vogue México en su edición de enero de 2019.
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Lo primero que escuchó Karla Martínez de Salas cuando comentó en Nueva York su idea de llevar a Yalitza Aparicio a la portada de Vogue fue lo siguiente: “Obvio jamás la pondrías en portada, pero sí la tienes que cubrir”.

“Sí la tienes que cubrir”. Las palabras le resonaron en la cabeza a la directora de esta prestigiada revista de moda para México y Latinoamérica. Quizás no se lo dijeron directamente, pero le habían insinuado que era una obligación darle espacio a una mujer indígena.

Era diciembre de 2018. La fama de la actriz oaxaqueña subía como la espuma y Roma sonaba fuerte para arrasar en los Premios Oscar que estaban por venir. Pero en el selecto mundo editorial que se dedica a la moda, el lujo y el estilo de vida, Yalitza no convencía del todo.

“Entonces dije: ¿por qué no la pondría en la portada si es la protagonista? Y la publicamos”, recuerda Martínez de Salas en entrevista con El Financiero, a propósito de la exposición 'Vogue Like a Painting', que acaba de inaugurarse en el Museo Franz Mayer. En ella, se muestra una de las fotografías que le tomaron a la mexicana para aquel polémico número de Vogue.

Karla se reserva el nombre de quien le recomendó no llevar a Yalitza en la portada; se limita a decir que fue una editora de otra revista de moda muy importante.

“Siempre ha habido una noción de qué es y qué no es Vogue. Y puedo decirte que la belleza de Yalitza sigue siendo Vogue: simplemente es otra manera de presentarla”, afirma la directora de esta publicación que ha dado cuenta de la evolución de los cánones de belleza durante 127 años en los que, también, los ha instituido.

En un principio, admite que tuvo dudas de cubrir a Yalitza. No porque se tratara de una mujer indígena, sino porque en ese momento —mediados de 2018— la originaria de Tlaxiaco aún no tenía la popularidad requerida para aparecer en Vogue. “¿Cómo voy a poner a una desconocida en la portada?”, se preguntó.

Fue la editora Regina Montemayor, dice, la que le abrió los ojos y le dijo que Aparicio tenía todos los elementos culturales y estéticos para romper los estereotipos de belleza en el mundo occidental.

No lo pensó dos veces. Habló a Netflix para confirmar a la actriz. Envió su propuesta a varios fotógrafos. Los hermanos Santiago y Mauricio Sierra fueron los primeros en responder; aceptaron casi a ciegas. Primero pensaron en hacer la sesión de fotografías en una casa diseñada por Luis Barragán, pero les cobraban 8 mil dólares. “Imposible para nuestro presupuesto”. Entonces Proyecto Público Prim entró al quite y se cerró el trato.

“Nunca olvidaré cuando una amiga que vive en EU, de ascendencia mexicana, me dijo: ‘gracias por poner en portada finalmente a alguien que se parece a mí’”, recuerda Martínez de Salas.

Tantos años en el mundo de la moda, dice, le hicieron ver que, por mucho tiempo, las sociedades occidentales se desenvolvieron entre nociones de belleza caucásica: cabello rubio, piel blanca, ojos claros, cuerpo delgado, piernas largas. O adaptándose a algunos de estos preceptos.

“Siempre habíamos estado acostumbrados a ver una imagen que considerábamos perfecta. Una imagen en la que la modelo siempre era la misma, y decíamos: esa es la perfección. Pero no, no hay una perfección”, asegura.

Y admite: “De cierto modo sí se ve trastocado el canon de belleza”, con respecto a la portada de Yalitza en Vogue. “Fue una imagen importante y espero que ella siga rompiendo estereotipos en todos los ámbitos, sobretodo en el cine, donde merece actuar en cualquier tipo de personajes”.