La comodidad de la hipocresía
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La comodidad de la hipocresía

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La comodidad de la hipocresía

bulletPero, ¿qué esperar de una sociedad que hace menos al “otro” de su misma patria?.

Opinión MTY Entrada libre Sergio López Ramos 
23/10/2018
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Sergio López Ramos.Fuente: Cortesía

Trump ha consolidado tres victorias culturales relevantes en su país: colocar a los migrantes como el origen de los males que aquejan a los estadounidenses, fortalecer el prejuicio contra los migrantes latinoamericanos de ser criminales y, por ende, la imperiosa “necesidad” de levantar un muro en la frontera con México.

Irónicamente la “mayoría silenciosa” estadounidense, esa clase trabajadora blanca cuyo mantra es “Make America Great Again” y a la que le aterra la idea de vivir en condiciones económicas similares a las de los afro-americanos y latinos en su país, sufre en carne propia la falta de oportunidades económicas y sociales que muchos latinoamericanos hemos vivido largo tiempo y por la misma razón: la incapacidad de una clase política de generar un nuevo modelo de desarrollo sostenible que nos brinde oportunidades de movilidad social.

En este contexto, el péndulo ideológico de la Casa Blanca se mueve cada vez más a la derecha en la compleja relación Estados Unidos-México. Allí están los amagos de cerrar la frontera con nuestro país si el gobierno federal mexicano facilita el paso de la caravana de migrantes conformada en su mayoría por hondureños.

No hace mucho tiempo, de este lado de la frontera, nos indignamos y horrorizamos por las escenas de familias mexicanas y centroamericanas separadas por las autoridades migratorias de los Estados Unidos. Por un momento, nos hermanamos en la tristeza y la impotencia de atestiguar su sufrimiento. Pero cuando la caravana de centroamericanos entró a nuestro país por nuestra frontera sur, los mexicanos los recibimos con toletes de la Policía Federal, exhibiendo un Estado Mexicano acomodaticio a las órdenes de Washington, y por una sociedad llena de comentarios y prejuicios racistas y xenófobos.

Pero, ¿qué esperar de una sociedad que hace menos al “otro” de su misma patria? Al moreno, por ser un “indio bajado del cerro a tamborazos”, a la mujer por ser “una puta”, al pobre por ser un “jodido” y al homosexual por ser un “pinche joto”. Quienes migramos sufrimos en nuestro país las diferentes expresiones de intolerancia a la otredad por nuestro color de piel, nuestra orientación sexual o género y por supuesto, por la falta de recursos económico. Nadie deja su gente y sus raíces por placer y estatus social. Al contrario, migrar duele.

Por si fuera poco, la estela de críticas xenófobas y racistas expresadas en redes sociales por ciudadanos de nuestra entidad y del país contra los migrantes hondureños es equiparable a la forma de pensar de aquellos estadounidenses que apoyan de forma incondicional a Trump, esos que piden a gritos que levanten un muro en la frontera entre Estados Unidos y México.

Pero pensar que los migrantes “nos van a quitar nuestros trabajos” refleja nuestra incapacidad para discernir que los responsables de nuestra crisis económica y social tienen nombre y apellido y que no hemos tenido la capacidad de exigirles cuentas; que la amenaza no es externa, se encuentra en el corazón de nuestro sistema.

En nuestra indiferencia con las víctimas más visibles de un sistema cuya columna vertebral es la corrupción y la impunidad. ¿Cómo olvidar que poco más de 53 millones de mexicanos viven en condiciones de pobreza y que nuestro sistema ha expulsado a más de 10 millones de mexicanos sólo a los Estados Unidos?

No nos indignamos por los millones de neoloneses y mexicanos que viven en pobreza, sino por aquellos migrantes que sufren las mismas o peores condiciones de pobreza y que están en México de paso y que son una “amenaza externa.” Sobra hipocresía y urge empatía.

El autor es Politólogo por el Tecnológico de Monterrey y candidato de la Maestría en Ciencia Política y Política Pública de la Universidad de Guelph.

Opine usted: slramos2020@ gmail.com

Esta es una columna de opinión. Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad únicamente de quien la firma y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.