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Luis Treviño Chapa: Persiguiendo Autos

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Luis Treviño Chapa: Persiguiendo Autos

bulletCómo decide nuestro cerebro que mensajes ver y cuáles descartar.

Opinión MTY METAMARKETING Luis Treviño Chapa
29/10/2019
Actualización 29/10/2019 - 22:18
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 Luis Treviño Chapa
Luis Treviño ChapaFuente: Cortesía

Que quede claro que no soy aficionado a los automóviles. Si hay alguna cualidad que no tengo, es la de distinguir con facilidad un modelo de otro. Pero había llegado el momento de comprar uno nuevo y entonces, para poder hacer una buena elección, me vi en la necesidad de llevar a cabo una gira por varias agencias de autos. Después de realizar varias visitas y observar las opciones, me topé particularmente con una SUV (auto todo terreno) que no había visto anteriormente y que me gustó mucho.

Bueno, pero después me sucedió algo curioso. En tan sólo unos días posteriores a la gira, ese modelo específico de SUV que tanto me había gustado y que no había visto antes, comenzaba a aparecerse con mayor frecuencia por las calles donde transitaba. Lo veía por todos lados, sin importar cuál fuera la hora o la avenida donde circulaba. Me sentía como dice la canción de Snow Patrol; persiguiendo autos en mi mente. Entiendo que era imposible que, en tan poco tiempo, todo mundo se hubiera animado a comprar ese modelo, pero entonces, ¿a qué se debían esas repentinas y ahora frecuentes apariciones? .

Está demostrado que los humanos no nos damos cuenta de muchas cosas aún y que sucedan frente a nosotros. En un experimento realizado por los psicólogos Daniel Simmons y Christopher Chabris, se expuso un video con varios deportistas pasando un balón. Se pedía a los espectadores que contaran el número de pases que hacía uno de los equipos (sugiero que busques “Invisible Gorilla” en YouTube antes de seguir leyendo). Lo curioso de este caso es que, durante el transcurso del video, un gorila camina lentamente junto a los jugadores y sorprendentemente cerca del 50 por ciento de la audiencia ¡NO se dio cuenta! La razón por la cual esto había sucedido se debía a que su atención estaba dirigida hacia el balón y no al entorno. A esto le llamaron “ceguera por desatención”, lo que significa que, para ver algo de manera consciente debes de tener algún interés que te motive a enfocar, pues de lo contrario, puede pasar desapercibido. Yo no tengo afición por los automóviles, por ejemplo, y no identificaba los modelos que transitan por las calles, hasta que llegó el momento de comprarme uno. Lo mismo te está sucediendo en este momento, que no sabías que las primeras palabras de cada párrafo de este artículo forman una oración, hasta que te motivaste a averiguarlo.

Este mundo tan comercial, según un artículo del New York Times, expone a las personas a ¡cinco mil mensajes publicitarios diarios! No sería extraño entonces pensar que cada vez hay más desinterés hacia ellos, ya que la capacidad que tenemos para procesar información es limitada. Aun así, en la lucha por obtener la atención de los consumidores, muchas empresas comúnmente optan por saturarnos con más anuncios, pero cometen el error de siquiera cuestionarse si su producto nos interesa en lo más mínimo. Por lo tanto, se invierten millones de pesos en un gorila que jamás vamos a percibir.

Mensaje importante: hay que evitar el desperdicio de dinero con el bombardeo de publicidad. Es mejor ser selectivos y publicar anuncios en momentos donde pudiera haber una necesidad o interés genuino de lo que se ofrece. Así como existe el término de “golden hour” en la fotografía (cerca del amanecer o atardecer pues es cuando las fotos se iluminan mejor) sugiero que haya un “golden moment” en la mercadotecnia, donde se posicionen los productos o los mensajes cuando el interés del consumidor se agudice. Un ejemplo sencillo se da en las tiendas de H.E.B de Monterrey; los envases de chile en polvo los colocan junto a la fruta pues, aunque no son categorías similares, son complementarias y ellos saben que muchos de sus clientes los mezclan como alternativa de snack saludable. Es así como se identifican los momentos dorados pues, aunque un producto pueda no estar dentro del radar del consumidor, al ubicarlo en el momento correcto y en el lugar correcto, se puede “aparecer” mágicamente, tal y como sucede con los automóviles que se me asoman por las calles.

Esta es una columna de opinión. Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad únicamente de quien la firma y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.