Monterrey

Rosa Nelly Trevinyo: ¿Ajustar el tren de vida?

“Ajustar el tren de vida es, muchas veces, ineludible..."

La situación actual ha llevado a un sinnúmero de familias empresarias a cambiar sus hábitos de consumo y socialización. Si usted todavía no lo ha hecho, no cante victoria... Las cosas podrían ponerse complejas. Por ello, le recomiendo que vaya hablando con su pareja, hijos y/o cualquier otro dependiente, y les explique—igual que lo hizo con sus colaboradores, proveedores y amigos—que las circunstancias requieren esfuerzo, sacrificio, más trabajo y mejores inversiones. Una crisis debe venir acompañada de mesura, humildad y señales conscientes de austeridad por parte de todos los miembros de la familia empresaria.

No obstante, sucede que en algunas familias, los números—o sea, los dineros—son cosa de papá o mamá. Tanto es así, que a veces, la pareja y los propios hij@s no se enteran de los malabares que quien administra el patrimonio realiza para mantener el nivel de vida al que están acostumbrados.

Si usted, como jef@ de familia está en esta situación, comience a aterrizar las cosas con los involucrados. Cuando se está acostumbrado a un cierto tren de vida, ajustar el gasto corriente puede ser toda una faena. ¿Qué hacer? Aquí le comparto algunos consejos…

Cinco A's para ajustar el tren de vida familiar y perpetuar el patrimonio.

1. Aprender (educar y asesorar).

Nuestras conductas y opiniones sobre el manejo del dinero son inculcadas en casa, por nuestros padres. ¿Cuántos padres realmente se toman el tiempo de preparar a sus hij@s para poder administrar la riqueza? Hijos e hijas deben tener conocimientos financieros y exponerse a presupuestos, estados de cuenta, contratos de tarjetas, gestión de préstamos, inversiones… Sólo así serán independientes y podrán mantener—y con suerte nutrir—, el patrimonio familiar.

2. Anunciar cambios (comunicar).

Hay que realizar reuniones familiares y comunicar el panorama económico y la perspectiva patrimonial. Preguntas básicas como, ¿de dónde sale el dinero? ¿Qué negocios son más rentables? ¿Qué necesitamos para sostenerlos? ¿A qué ritmo generamos el dinero y a qué ritmo lo gastamos (cada uno de los miembros de la familia)? ¿Qué podemos esperar de la economía?, pueden ser esclarecedoras e iniciar un buen diálogo sobre la riqueza y cómo mantenerla.

3. Alinear voluntades (solicitar el compromiso de todos).

Revele la situación patrimonial previa, la actual y potencialmente, la futura… Deje claro que las ventajas económicas de las que gozan ahora no serán sostenibles si no se toman acciones concretas. Explique, con ejemplos, cuál es el proceso patrimonial, empresarial y familiar a seguir y cómo impactará en cada uno de los involucrados. Solicite el compromiso y esfuerzo de todos.

4. Actuar y ajustar comportamientos (cumplir los compromisos).

Implemente acciones concretas. Pregunte de qué forma cada miembro de la familia puede aportar a las finanzas y al patrimonio familiar. Comparta que habrá que hacer cambios en actitudes, comportamientos, hábitos y en ocasiones, hasta en el tipo de amistades que se frecuentan. Y, obvio, ponga el ejemplo.

5. Adaptarse (la transformación como fortaleza).

La austeridad, la laboriosidad, la sencillez y la planificación patrimonial son valores esenciales de las familias que poseen empresas familiares longevas y patrimonios perdurables. Comente esto con su familia y visualicen los cambios como una inversión que dará frutos en un futuro.

En breve, para poder mantener el patrimonio familiar creado y/o heredado, ajustar el tren de vida es, muchas veces, ineludible. Si sus hij@s aprenden esta lección hoy, tendrán más oportunidades de mantener y perpetuar la riqueza en un futuro. ¡Aproveche esta oportunidad para formarlos!

La autora es Socia de Trevinyo-Rodríguez & Asociados, Fundadora del Centro de Empresas Familiares del TEC de Monterrey y Miembro del Consejo de Empresas Familiares en el sector Médico, Petrolero y de Retail.

Opine usted: rosanelly@trevinyorodriguez.com

Esta es una columna de opinión. Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad únicamente de quien la firma y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.

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