Estrategia de la administración de Trump: convertir a China en el próximo Irán
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Estrategia de la administración de Trump: convertir a China en el próximo Irán

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Estrategia de la administración de Trump: convertir a China en el próximo Irán

bulletEn conjunto, las medidas que ha tomado el Gobierno de Donald Trump representan un esfuerzo serio para desacoplar las economías de EU y China.

Bloomberg Opinion / Eli Lake
09/07/2020
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Entre la pandemia y las protestas, era fácil no darse cuenta. Pero durante los últimos meses, Estados Unidos ha estado ajustando silenciosamente su enfoque frente a China, yendo más allá de los tuits y discursos del presidente Donald Trump.

Desde abril, la administración de Trump ha advertido a los fondos de pensiones federales que no inviertan en índices cuyas carteras incluyen grandes empresas chinas. Ha endurecido las regulaciones de control de exportaciones, suspendido las visas para estudiantes y funcionarios del régimen y presionado por normas de contabilidad más transparentes para las empresas chinas que cotizan en bolsas de valores de EU.

El mes pasado, el Departamento de Estado requirió que un segundo grupo de medios estatales chinos se registrara como agente extranjero en el Departamento de Justicia. Además, funcionarios de la administración me dicen que actualmente están debatiendo si seguir el ejemplo de India y presionar a las plataformas estadounidenses para que retiren la aplicación de redes sociales china TikTok.

De manera individual, estas medidas no son gran cosa. Sin embargo, en conjunto, representan un esfuerzo serio para desacoplar las economías de EU y China, el giro más profundo en la estrategia estadounidense desde que Henry Kissinger y Richard Nixon visitaron Beijing en 1972.

Durante casi medio siglo, los dos países se han inclinado hacia la interdependencia económica. Y aunque enriqueció a la nación china, no logró domarla.

El COVID-19 de alguna manera expuso el fracaso de este enfoque. China manipuló a la Organización Mundial de la Salud (OMS) y retuvo datos sobre la pandemia. En EU, la industria de la salud se enfrentó a una escasez en las primeras semanas de la crisis, de artículos médicos esenciales fabricados en China, como tapabocas quirúrgicos. Si Estados Unidos se hubiera preparado para cadenas de oferta alternativas, habría tenido mayor accesibilidad al equipo vital.

El giro de la administración en términos de políticas ha sido sutil. A inicios de 2018, lanzó una campaña contra Huawei, el gigante chino de las telecomunicaciones que las agencias de inteligencia estadounidenses creen que es controlado por el Ejército Popular de Liberación. Con resultados mixtos, el Gobierno de Trump presionó a los aliados para que prohibieran los circuitos y equipos de Huawei en sus redes 5G, advirtiendo que la participación de Huawei en la próxima generación de comunicaciones inalámbricas daría a China puntos de escucha en toda la infraestructura digital del mundo.

En abril, después de que el coronavirus de desató en Estados Unidos y en el mundo, la administración comenzó a apuntar al sistema comunista tanto retórica como burocráticamente.

El último elemento de esta campaña es una carta de la Casa Blanca enviada esta semana al presidente de U.S. Railroad Retirement Board (Junta de Retiro Ferroviario de EU), en la que le insta a desinvertir los cientos de millones de dólares en pensiones que controla de las compañías que apoyan al ejército chino y participar en la detención masiva y la “reeducación” de la minoría uigur en la provincia de Xinjiang.

La carta revela una ventana hacia la estrategia de la administración Trump para hacer que los elementos de la economía china sean tóxicos para los mercados financieros. Advierte que la junta está invirtiendo en China “en un momento de creciente incertidumbre sobre las relaciones de China con el resto del mundo”. Esas preocupaciones, dice la carta, “incluyen la posibilidad de futuras sanciones o boicots” que puedan surgir debido a una serie de delitos de China, que van desde las “acciones culpables del Gobierno chino con respecto a la pandemia de COVID-19” hasta la “militarización del Mar de China Meridional”. Otros riesgos incluyen la supresión de la democracia de Hong Kong, la contravención de las sanciones de EU contra Irán y los abusos de derechos humanos cometidos contra los uigures.

Este enfoque debería ser familiar para cualquiera que haya seguido la política exterior de EU en Medio Oriente. Antes de que el presidente Barack Obama impusiera sanciones secundarias contra el petróleo iraní y su banco central, grupos privados como United Against a Nuclear Iran presionaron a los inversionistas para desinvertir de las empresas y bancos que hacían negocios con la economía de Irán.

Hasta ahora, no hay evidencia de que esta estrategia haya disuadido a China. De hecho, Irán y China iniciaron esta semana negociaciones para un nuevo pacto estratégico destinado en parte a eludir las sanciones de EU.

Otro problema es que el propio presidente de EU tiende a ser caprichoso cuando se trata de las políticas de su propio Gobierno. Como escribió John Bolton, el exasesor de seguridad nacional de Trump, en sus memorias, el mandatario buscó la ayuda de China para su campaña de reelección y en privado le dijo al líder de China que no le importaba si el 'gigante asiático' construía campos de detención para uigures. En 2018, Trump ordenó al Departamento de Comercio que retirara las sanciones contra la empresa de telecomunicaciones china ZTE después de que la sorprendieron eludiendo las sanciones de EU.

A algunos les preocupa que esta política pueda ser poco más que una estratagema en las negociaciones comerciales. “Podría ser transaccional”, dijo Anders Corr, editor de la revista Journal of Political Risk. “Podría tratarse de represalias para lograr un mejor acuerdo comercial”.

Eso siempre es un riesgo con Trump. Sin embargo, los peligros de invertir en China seguirán existiendo, sea Trump presidente o no. Independientemente de sus motivaciones o del momento, la campaña de la administración tendrá un propósito útil si hace que las corporaciones occidentales revalúen su relación con un adversario estadounidense.