Culpables
ESCRIBE LA BÚSQUEDA Y PRESIONA ENTER

Culpables

COMPARTIR

···

Culpables

25/09/2019

Estados Unidos lucha para mantenerse como la potencia económica dominante; lo ha sido desde que a finales del siglo XIX superó a Gran Bretaña. En lugar de reconocer y enmendar las deficiencias y errores que los llevaron a este predicamento, su gobierno señala culpables equivocados. Entre otros, a los inmigrantes, documentados o no. Es irónico, porque fueron migrantes los que fundaron la nación y permitieron su grandeza.

Al terminar la Guerra Civil, el país había prosperado, pero seguía dependiendo de actividades primarias y su nivel de vida era similar al del México recién independizado. Incluso algunos hablaban de fracaso y regresaban a Inglaterra. Cinco décadas después ya eran la primera economía mundial y así se mantuvieran durante un siglo más. ¿Qué pasó entre 1865 y 1916?

En la metrópoli la explicación común es que lo vasto y rico del territorio les dio una ventaja comparativa sobre ellos, que vivían hacinados en una pequeña isla. Olvidan mencionar la extensión de sus dominios coloniales (India, Australia, Canadá, Sudáfrica). A los americanos les gusta más atribuir su éxito al orden político liberal que crearon, en contraste con las sociedades estamentales del viejo continente. Consideran que sus mercados florecieron porque no les estorbaba la burocracia o el mercantilismo.

Desde luego esos fueron factores importantes, pero también decisivo fue el incremento de la población, alimentado por una migración masiva.

Aportaciones

Irlandeses que huyeron de la “gran hambruna” construyeron caminos y puentes. Italianos desplazados por la reunificación levantaron los puertos y los rascacielos. Griegos que abandonaron sus hogares por la escasez de tierras volvieron competitiva la industria del vestido. Húngaros hicieron crecer la manufactura en la región de los Grandes Lagos. Alemanes tecnificaron la agricultura y crearon la industria cervecera. Polacos modernizaron el cultivo del algodón y se lanzaron a enlatar ostras. Ingleses crearon las industrias textil y cigarrera en las Carolinas. Rumanos desarrollaron la tenería y sostuvieron la siderurgia. Turcos fueron clave en la producción en línea de automóviles. Rusos expandieron las pesquerías de la costa occidental. Chinos y japoneses construyeron los ferrocarriles. Mexicanos hicieron crecer hortalizas en el desierto.

Fueron recién llegados quienes, por razones religiosas, insistieron en brindar educación básica a todos los niños y quienes sostuvieron con sus propios medios miles de escuelas y sanatorios. Desde ahí fueron creciendo las grandes universidades y hospitales. Eso le proporcionó al país el capital humano que necesitaba y lo puso al frente de la investigación científica y del desarrollo tecnológico. Fueron igualmente los que crearon la moderna administración de empresas y los que le dieron fisonomía a las academias militares. Innumerables son también sus aportaciones a las artes plásticas, a la música y al teatro.

Los productos más “americanos” fueron inventados en aquella época por personas nacidas en el extranjero. El alemán Levi Strauss diseñó el pantalón de mezclilla. El danés Louis Lassen popularizó la hamburguesa; el alemán Charles Feltman, el hot dog; el ruso Adolph Levitt, la dona; el bávaro Henry Heinz, la salsa de tomate. La idea de hacer grandes parques nacionales fue del escocés John Muir. El básquetbol se le ocurrió al canadiense James Naismith y la canción más patriótica (“God bless America”) la compuso el siberiano Irving Berlin.

El influjo de millones de migrantes no estuvo exento de tensiones y de actos vergonzosos, como la ley para frenar el ingreso de chinos. Sin embargo, todos esos grupos, de muy diferentes razas, religiones y nacionalidades, se integraron a la cultura estadounidense al tiempo que la enriquecían (“melting pot”). La llamada Era Dorada hubiera sido imposible sin el aporte de los que llegaron de fuera.

A principio del siglo pasado surgió una corriente aislacionista y antinmigrante. En mucho se le atribuye la Gran Recesión. Por eso, al poco tiempo la Unión Americana volvió a ser una sociedad abierta, sin miedo al mundo. Luego de la Segunda Guerra Mundial los flujos humanos se multiplicaron y fue notoria la llegada de miles de asiáticos y latinoamericanos. Hasta la fecha, la vitalidad de la economía se explica en gran parte por el genio y el esfuerzo de los expatriados.

El actual gobierno quiere ignorar esa historia y desprecia esa contribución. Quiere ordenar la migración de la peor manera posible: con muros, centros de detención y deportaciones. No duda en estigmatizar a los migrantes como asesinos y violadores, cuando en realidad han sido los “culpables” de su progreso.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.