En la feria
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En la feria

14/08/2019

Con excepción de Beto O’Rourke (que permaneció en El Paso, donde nació y reside, para visitar a las víctimas del tiroteo), todos los aspirantes a la candidatura demócrata convergieron el fin de semana en la Feria Estatal de Iowa. Es un estado clave porque allí será la primera elección interna el tres de febrero. Cada cuatro años aparecen los precandidatos para sacarse la foto comiendo los tradicionales hot dogs capeados y admirando la escultura de una vaca en tamaño natural, confeccionada con mantequilla de la región. Les ponen una tribuna donde tienen oportunidad de dirigirse a los asistentes y dado que es un estado eminentemente agrícola, ninguno dejó de reprobar los daños que los productores han sufrido por la guerra de tarifas iniciada por el presidente Donald Trump. En realidad, van para mostrar “estilo” y pocos lo consiguen.

De los cuatro que están adelante en las encuestas, Joe Biden resultó el peor. Elegantemente ataviado, como si fuera a un torneo de golf, sólo estuvo un rato; nunca fue a ver a la vaca y chupando un cono de helado dijo “I am a ice-cream man”, queriendo hacerse simpático. Rodeado de fotógrafos, Bernie Sanders también pareció muy distante: pocas veces se detuvo a platicar con la gente. Elizabeth Warren cuando menos se dejaba tomar selfies, daba autógrafos y, con su apasionamiento característico, discutía sus propuestas con quien podía. Kamala Harris, cuya estrella va en ascenso, le dio muchas vueltas a la feria, asó hamburguesas y compartió su receta favorita de las chuletas de cerdo (chile ancho, ajo molido, sal, pimienta y pimentón). Destacó por su naturalidad y por no echar rollos.

De los que van muy atrás, algunos simplemente disfrutaban: John Hinkelooper no salió de la carpa de las cervezas, tal vez nostálgico porque en una época las producía. Tulsi Gabbard recorría puesto por puesto con su acostumbrado saco rojo, a pesar del calorón. Tom Steyer, cuya causa es el cambio climático, rechazaba las botellas de plástico con agua y prefería ir a los bebederos. Con todo y sus botas vaqueras, Steve Bullock se deslizó varias veces sobre un costal en la resbaladilla gigante. Amy Klobuchar sólo sonreía cuando le preguntaban si la feria de su estado era mejor que esa. En todo caso, compró nuggets de queso frito, que son la especialidad de Minnesota. Andrew Yang, que promete dar a cada ciudadano un cheque mensual de mil dólares, regalaba vasos con limonada y levantaba una pierna de pavo en señal de victoria. Bill de Blasio ganó un cochinito de peluche en un juego, lo que motivó que gritara “¡Esto es un presagio de lo que vendrá. Todo es posible. Tengo el poder del cerdo ahora!”

Les fue como en feria

Algunos tuvieron contratiempos. Tim Ryan fue severamente criticado porque dejo comer a su hijo de cinco años toda clase de frituras y golosinas. A Michael Bennet lo bajaron de los papalotes voladores muy mareado y luego se lastimó en los cochecitos chocones. Jay Inslee tuvo que interrumpir su discurso, en que alababa el esfuerzo de los granjeros, cuando una cabra se soltó. Julián Castro llevó a sus niños a ordeñar una vaca (a tres dólares cada exprimida) pero luego rompieron en llanto porque no se las quiso comprar. A la salida se ensució los zapatos con excremento y puso cara de enojado, pero rápidamente explicó que era porque “es difícil sonreír en estos días”. Kirsten Gillibrand, muy propia; con zapato bajo, vestido floreado, sombrero de paja y bolsa de lona con el letrero políticamente correcto (“las madres demandan acción contra las armas de fuego”), casi se desmaya cuando en una elección simulada, en la que cada quien coloca un grano de maíz en el frasco correspondiente al candidato que más le simpatiza, su hijo de once años lo puso en el de la señora Warren.

Dos que todavía tienen alguna posibilidad, desaprovecharon la oportunidad. Pete Buttigieg parecía un niño; nunca dejó de brincar y bailar. Cae bien, pero siendo el más joven del pelotón, muchos lo ven poco serio para ser presidente. Cory Booker, que es vegetariano, estaba completamente fuera de lugar, comiendo pepinillos en una feria de ganaderos.

Lo que sí, ninguno tuvo la ocurrencia de acercarse al stand de tiro al blanco y salir fotografiado con un rifle en las manos.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.