Va mal Kamala
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Va mal Kamala

20/11/2019

Los padres de Kamala Harris se conocieron en los sesentas en la Universidad de Berkeley, que en ese momento era el centro de una revolución cultural (pacifismo, feminismo, ecologismo, socialismo, experimentación con drogas y liberación sexual). Su padre arribó de Jamaica para doctorarse en economía. Su madre, que provenía de India, estudiaba su posgrado en endocrinología y llegó a ser una notable investigadora del cáncer de mama. Luego de divorciarse se empeñó en que sus hijas, Maya y Kamala, se prepararan profesionalmente y tuvieran una conciencia social.

Las dos hermanas se involucraron en las campañas de los Clinton y de Obama. Las ha respaldado el liderazgo demócrata en California, que incluye a las poderosas Nancy Pelosi, Dianne Feinstein y Barbara Boxer. Maya llegó a ser decana de la escuela de derecho de la Universidad de Stanford y Kamala fue procuradora general de California y hoy es senadora y aspirante a la candidatura presidencial del partido Demócrata.

En el primer puesto, Kamala se distinguió por defender a los grupos vulnerables, especialmente a los niños y las mujeres. Al mismo tiempo adoptó posiciones blandengues ante a la brutalidad policíaca y muy duras frente a la criminalidad. Se opuso a legalizar la mariguana, a considerar la posesión de drogas como una falta menor y a abolir la pena de muerte. Favoreció la política de encarcelamiento obligatorio y masivo, iniciada por Clinton, que perjudicó desproporcionadamente a los jóvenes afroamericanos. Por eso la apodaban “CopMala Harris”.

En los casi tres años que lleva como senadora no ha promovido ninguna legislación importante. Más bien ha sobresalido por su oposición a la política migratoria de Trump y por su dureza de fiscal para interrogar a los miembros del gabinete que ratifica el senado y a los involucrados en la trama rusa. De hecho, logró presentarse como una de las peores enemigas del presidente en el Capitolio, seguramente ya con la idea de sucederlo.

Puras fallas

Desde el principio Kamala ha tenido dificultad para situarse frente a los otros 24 aspirantes a la nominación. Ciertamente no es radical como Bernie Sanders o Elizabeth Warren, pero al buscar la aceptación tanto de los moderados como de los liberales ha sido demasiado cautelosa. Como buena penalista, sabe que todo lo que diga puede ser usado en su contra. Al no definirse ha acabado por no verse auténtica.

En una competencia en la que casi todos, con pequeños matices, mantienen las mismas propuestas, ella no ha presentado una oferta diferente y atractiva. Ha intentado posicionarse como campeona del estado de derecho y mejor alternativa a cuatro años más de un presidente que se pone por encima de la ley. Pese a su elocuencia y magnetismo, no ha logrado convertirlo en el tema toral de la campaña.

A la gente le gusta su estilo (es cálida, sencilla y directa; derrocha entusiasmo, tiene una gran sonrisa y argumenta convincentemente) pero a lo más, la ven como compañera de fórmula de Joe Biden. Parte de la culpa la tiene su desorganizado equipo, en el que su hermana, al sobreprotegerla, mete mucho ruido. Apenas hace unos días lograron que cambiara su look, pues sus trajes sastre oscuros están fuera de lugar en muchos actos de campaña.

Su apuesta principal ha sido conseguir el voto de las mujeres negras, un sector en el que ni Bernie Sanders ni Pete Buttiggieg han podido penetrar. Frecuentemente recuerda la participación de sus padres en el movimiento de derechos civiles, que ella es egresada de una universidad predominantemente negra (Howard) y que fue la primera mujer de color en ser fiscal de California y apenas la segunda en llegar al senado.

Eso y otros guiños, como anunciar su candidatura el día de Martin Luther King, mostrar su habilidad para ciertos bailes o confesar que fumó mariguana en su juventud, no le han funcionado. Los votantes negros no ven con buenos ojos sus antecedentes como fiscal. Se decepcionaron con Obama y ahora son muy pragmáticos; van a apoyar al candidato que sea más “elegible”, no al que les hable bonito.

Las encuestas no la favorecen. Está en sexto lugar en Iowa, donde ha concentrado sus esfuerzos; en séptimo en South Carolina, donde dos tercios de quienes votan en las primarias son negros; en cuarto en California, donde creía tener su base más sólida.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.