Desde San Lázaro

El nepotismo, la otra cara de Morena

Está claro que la presidenta Claudia Sheinbaum tiene muy pocos incondicionales a su lado, ya que la mayoría de quienes la rodean responden a sus propios intereses o al nativo de Macuspana.

Se vale el nepotismo, pero solo hasta el 2030. Esto fue lo que aprobó la mayoría de los legisladores de Morena, PVEM y PT, ya que la iniciativa presidencial sobre el nepotismo y la no reelección mencionaba que sería a partir del 2027 cuando entraría en vigor la prohibición, pero, sorpresa, los senadores del oficialismo no solo le movieron una coma al texto de la presidenta Sheinbaum, sino que prolongaron en el tiempo una práctica que debería ser incluso penada de inmediato para aquellos políticos sin escrúpulos que no solo ellos viven del presupuesto público, sino que también lo hace su estirpe familiar consanguínea y política.

En tiempos de AMLO, a sus iniciativas legislativas nadie le movía ni siquiera una coma, aun con la farsa de los parlamentos abiertos y la misma discusión parlamentaria; en cambio ahora, con el pretexto de mantener los equilibrios con sus aliados, la mandataria tuvo que ceder, aunque ella hubiera preferido que las medidas citadas entraran en vigor dentro de dos años. En cualquiera de los casos, observamos que Manuel Velasco Coello, Jorge Emilio González y los verdes doblaron a la doctora.

Y no solo los ecologistas la sometieron, sino también sus correligionarios, léase Ricardo Monreal y Adán Augusto López, quienes con el pretexto de mantener la unidad con sus aliados políticos, echaron al basurero la primera reforma electoral de Claudia Sheinbaum.

Mala señal en los principios del sexenio de la doctora, la sublevación de sus correligionarios y aliados que la doblaron.

Está claro que el nepotismo y la reelección son la otra cara de Morena, además del contubernio que tienen varios de sus connotados miembros con el narco.

Así que el gobernador de San Luis Potosí, Ricardo Gallardo Cardona, ya puede dormir tranquilo, porque sus sueños guajiros de convertir a su esposa, Ruth González, en candidata de Morena y los verdes para disputar la gubernatura, se harán realidad.

De igual manera, el gobernador de Zacatecas, David Monreal, hará lo propio con su hermano Saúl y, con la bandera del oficialismo, buscará mantener el poder en ese estado, azotado por la violencia y la inseguridad.

Y qué decir del presunto violador Félix Salgado Macedonio, quien se vio impedido para competir por la gubernatura de Guerrero hace cuatro años, precisamente por sus fechorías, pero eso no importó porque encumbró a esa posición a su hija Evelyn, quien, por cierto, ha resultado ser la peor mandataria de ese estado, pero eso qué importa si con dinero público y el apoyo de los criminales puede Macedonio, ahora sí, buscar ser gobernador de su entidad natal.

Y así hay tantas y tantas familias de prosapia de la 4T que, sin prurito alguno, incrustan a sus familiares en la administración pública, como la familia Taddei o los Alcalde, tan solo por mencionar dos clanes que se pasan por el arco del triunfo, incluso, el proyecto político de la presidenta, quien tiene un particular interés en erradicar esta nefasta práctica de la política mexicana.

Llamó la atención que en la votación para posponer la no reelección y el nepotismo para el 2030, hayan votado a favor el PRI y Movimiento Ciudadano, cuando era una oportunidad dorada para oponerse a diferir tres años la entrada en vigor de la reforma citada.

Mal por ambas franquicias políticas que caminan hacia la pérdida de sus prerrogativas.

Mientras tanto, el oficialismo sigue estirando la liga hasta que, en algún momento, se rompa con la irritación y el rechazo de la ciudadanía, aunque mientras les sigan regalando dinero, pues se hacen como que la virgen les habla.

Claro, cada vez hay más mexicanos informados e irritados por el comportamiento del partido en el poder y de la misma titular del Ejecutivo federal; tan solo será cuestión de tiempo para que se termine la luna de miel, sobre todo ahora que un gobierno extranjero, como es el caso de Estados Unidos, ha considerado a los narcos mexicanos y a sus cómplices en el gobierno como terroristas y ello justificaría una intervención para aprehenderlos.

Está claro que la presidenta tiene muy pocos incondicionales a su lado, ya que la mayoría de quienes la rodean responden a sus propios intereses o al nativo de Macuspana y ello de suyo compromete su gestión porque carece del liderazgo para imponer sus razones y deseos, tal como acabamos de observar con el diferimiento en la entrada en vigor de la reforma electoral, tres años después del 2027.

Aparentemente, se observa lejano el momento de celebrar las próximas elecciones intermedias, dentro de dos años, pero el tiempo pasa volando y, como están las cosas, seremos testigos del principio del fin del morenismo, sobre todo por la recesión económica que se avizora y que comprometerá, entre otras cosas, el fondeo de los programas de política social con tintes electorales.

COLUMNAS ANTERIORES

2030: ‘Andy’, Colosio, Anaya…
Ni sumisión ni insurrección, solo respeto

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.