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Pobre México

03/06/2020
Actualización 04/06/2020 - 14:01

Entre la emergencia sanitaria y la crisis económica se llevan las ocho columnas de todos los medios de comunicación casi a diario y no es para menos, desde la segunda guerra mundial no se registraba tanta muerte en el mundo, números de desplazados y desempleados por todas latitudes.

Aquí, de acuerdo al Inegi, van 12.5 millones de empleos perdidos en la pandemia, tanto en la economía formal como informales, y a diario habría que sumarle entre 30 y 50 mil más.

Este escenario ya de suyo dantesco, también exhibe las pocas capacidades que tiene el Estado mexicano que, a decir de muchos, está ya en el rango de ser un Estado fallido por el fracaso económico, social y político, amén de tener un gobierno débil e ineficaz, con poco control sobre vastas regiones de su territorio. No sólo hablamos del crimen organizado y de los grandes cárteles de la droga, sino de las cientos de bandas de delincuentes que pululan en territorio nacional, además de que en corto plazo aumentará la delincuencia a niveles inéditos.

La misma crisis económica orillará a muchos a delinquir e incluso se contemplan reyertas sociales por las condiciones tan extremas en cuanto a la escasez de dinero, de empleos y de comida, además de la ruptura del orden social.

Los gobernadores están con el Jesús en el cielo ya que por una parte tienen que atender la crisis resultado de la pandemia con sus propios recursos, toda vez que la federación no les ha suministrado presupuestos extraordinarios, y por otro tienen que hacer frente a los criminales, esto sin olvidar que a la menor provocación puede escalar la reyerta social como está sucediendo en Estados Unidos.

Estamos en el peor de los mundos y en el corto plazo (hablamos de un año) no se observa por dónde podrían empezar a revertirse las cosas.

El gobierno de López Obrador no tiene recursos para sostener todo el aparato asistencialista que ha creado y antes de que termine su sexenio, no se podrá mantener esa carga presupuestal que ahorcará las finanzas públicas, de hecho, ya está sucediendo, porque no sólo se mantiene a millones de mexicanos bajo este esquema, sino que la pretensión del gobierno de la 4T es aumentar los padrones de beneficiados en aras de conservar la mayoría en la Cámara de Diputados y ganar el mayor número de gubernaturas, de las 14 que estarán en juego el próximo año.

La apuesta de AMLO está sobre la mesa en las elecciones intermedias y en ello van todos los recursos económicos que permitan sostener a su ejército político-asistencial, así como avanzar lo más que se pueda en sus tres obras emblemáticas: Santa Lucía, Dos Bocas y Tren Maya.

Que panorama tan desalentador tienen todos aquellos mexicanos que desde ahora ya están en el infierno de las desgracias con tanto enfermo de Covid-19, sin empleo y con muy pocas posibilidades de hallarlo de inmediato.

Este año será para el olvido por el coronavirus y porque millones de compatriotas padecen gran número de sufrimientos y además están solos en su dolor ya que el gobierno federal no acudirá al rescate.

Particularmente aquellos que pertenecen todavía a la clase media, esa que está atrapada entre el mundo aspiracional y el de la realidad con el gobierno de la 4T y la pandemia.

Apretados hasta el cuello, con las deudas y compromisos económicos, amén de los enfermos y muertos por el Covid 19, buscan en su desesperación esa tabla salvadora que les permita llegar a la orilla y recomponerse o reinventarse.

Sólo atisbo a decirles que cada crisis representa una oportunidad.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.