El presidente del desempleo
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El presidente del desempleo

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El presidente del desempleo

14/02/2020

De niveles de 180 mil empleos creados en un mes en el sexenio pasado, ahora se ha desplomado a 68 mil 955 puestos de trabajo, la cifra más baja desde 2015.

El IMSS informó que en enero de este año cayó el empleo respecto al mes de enero del año anterior, en un 27 por ciento.

Mes a mes, desde que empezó la administración de López Obrador, los indicadores del empleo caen y no por el efecto de la gravedad, sino por la incompetencia y la soberbia.

López Obrador es el presidente del desempleo, al provocar con sus acciones y la carencia de políticas públicas, desalentar la inversión y con ello el empleo.

La ominosa cena del pasado miércoles con los empresarios consentidos de la 4T, en donde se les aplicó el cobro de derecho de piso para poder tener acceso al presupuesto del gobierno, se debió dedicar a establecer un nuevo acuerdo nacional con la participación del sector empresarial para, precisamente, fomentar el empleo, amén de fijar un catálogo de acciones de gobierno y de programas de inversión en donde pueda participar la iniciativa privada. No se hizo, en su lugar se pasó la charola con motivo de otra de las ocurrencias del presidente, la no rifa del avión presidencial.

Por un lado, está el desplome de las cifras del empleo formal en el sector privado y por otro, el despido de miles de trabajadores del gobierno, en muchos casos sin la liquidación respectiva o con el ‘jineteo’ de sus fondos de ahorro, por parte de MetLife. Esto, sin contar con las cientos de demandas laborales.

Lo más absurdo del desplome del empleo es que no fue ocasionado por causas exógenas que hayan arrastrado a México a una crisis económica; no, razones domésticas son las que han provocado el desastre.

López Obrador ha causado la caída del empleo formal, merced a una serie de decisiones que comenzaron con la cancelación del aeropuerto de Texcoco y que continúan hasta la fecha, como la extorsión a los empresarios en la negra noche de Palacio Nacional, del pasado miércoles.

Se gobierna con ocurrencias y con prioridades muy diferentes a las que requiere el país, sobre todo, para atender los temas que exigen atención, mediante la aplicación de todas las capacidades del Estado, como son la inseguridad pública y la recesión económica.

En ambos puntos, no existen políticas públicas debidamente articuladas y sobre todo, respaldadas con el presupuesto suficiente para atenderlas.

Las prioridades del gobierno giran en torno a mantener el poder mediante la construcción de una base electoral construida a través de los programas asistenciales del presidente, además de fondear las tres obras insignias de la 4T; el aeropuerto de Santa Lucía, la refinería de Dos Bocas y el Tren Maya.

La creación de empleo formal no le interesa a AMLO, al contrario, alienta más el programa de Jóvenes Construyendo el Futuro que a incentivar la generación de fuentes de empleo formales.

Lo más grave es que en el próximo lustro continuará la tendencia negativa en este vital rubro de la economía.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.