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Se acabó la pesadilla y ahora el mundo recobra la esperanza

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Se acabó la pesadilla y ahora el mundo recobra la esperanza

21/01/2021
Actualización 21/01/2021 - 9:58

No es exagerado el título de esta columna relativa a la asunción al poder del demócrata Joe Biden, quien no solo dará nuevos alientos para que Estados Unidos recobre el liderazgo mundial y restituya los equilibrios de poder que se fueron deteriorando con Donald Trump, sino que respaldará la paz mundial y el restablecimiento de las relaciones diplomáticas en varias regiones del orbe.

Fueron cuatro años de una larga pesadilla que puso al mundo en la antesala de una nueva conflagración mundial, en donde por primera vez en muchos años, el país norteamericano corrió en un carril diferente a sus aliados tradicionales como la Unión Europea y el propio Reino Unido, entre otras regiones del orbe.

El populismo llevó a nuestros vecinos del norte y en consecuencia a México, a la polarización social en grado superlativo, incluso en niveles del enfrentamiento y la violencia, que se manifestó en el asalto al Capitolio, hace apenas unos días.

Ese mismo encono, por desgracia, se ha enquistado en nuestro país, alentado, quién lo iba a pensar, por el presidente López Obrador.

En países decepcionados por su clase gobernante, se dio la apertura para el arribo de mandatarios con tintes populistas, sin ninguna experiencia en eso que llaman el arte de gobernar, y en cambio, expertos en dividir a la población, en arremeter contra sus detractores e impulsar sus propósitos reeleccionistas, sin importar los medios.

La polarización de la Unión Americana ha dejado huellas que tardarán años en cicatrizar y que, sin duda, provocarán muchos dolores de cabeza a las autoridades, por el fanatismo de los seguidores del magnate inmobiliario.

Los dos principales mensajes en la toma de posesión del presidente número 46 de Estados Unidos, fueron el llamado a la unidad y el rescate de la democracia que padeció serios embates por el totalitarismo y furibundo discurso de Trump.

Biden en su mensaje, rechazó el lucro político de la mentira y advirtió que la historia juzgará como corresponde a aquellos que enfrentaron las crisis de nuestra era.

El tono del discurso es totalmente conciliador: “Lucharé tan duro por quienes no votaron por mí, como por quienes sí lo hicieron”. Contrasta con el: “Setenta por ciento de los mexicanos nos apoyan y con eso tenemos”.

Desde luego, todavía falta mucha tela de donde cortar en relación al activismo político de Donald en torno a su participación política, ya sea con un nuevo partido que quiere impulsar o con sus camaradas republicanos, a quienes por cierto, les quedó un sabor de boca muy amargo debido a que también fueron víctimas de las balandronadas del expresidente.

Ahora el dilema y la cuestión será ver cómo se va a desarrollar la agenda bilateral; en el entendido que las beligerancias de algunas declaraciones y acciones del presidente de México en contra de la política de Estados Unidos y algunas instituciones de ese país como la DEA, tan solo por citar un ejemplo, han causado profundo malestar en el nuevo huésped de la Casa Blanca.

Los temas álgidos de esa agenda son precisamente la migración, el narcotráfico, la balanza económica, la implementación total del TMEC, así como un gran número de aspectos que inciden en la relación México-Estados Unidos.

Cuántos cientos de miles de mexicanos y centroamericanos vieron pisoteados sus derechos humanos y su propia vida y las de sus familias, por las políticas racistas del ahora expresidente.

Hablando con algunos expertos en geopolítica, mencionan que el mundo entró en una espiral de incertidumbre y violencia, además de la eventual debacle económica por el Covid-19 y por las posturas insensatas de Donald Trump en múltiples asuntos de interés global, particularmente en su relación con los países Árabes, Corea del Norte, Rusia y por supuesto China, con quien se disputará el liderazgo, por lo menos económico, en la próxima década.

Veremos qué tanto caló en el ánimo del nuevo mandatario de EU el abierto respaldo que le brindó AMLO a Trump, en su aspiración reeleccionista, ya que incluso se trasladó a la Casa Blanca para filmar un spot de apoyo a su homólogo, de ese entonces.

Dicen los que saben que el recrudecimiento de los mensajes de López Obrador contra la nueva administración norteamericana responde a una estrategia de fuerza para tener cartas para negociar en los nuevos acuerdos, otros pensamos que el tabasqueño desconoce en dónde está parado ante la potencia mundial número uno del planeta y cuyas agencias de inteligencia y lucha contra las drogas, tienen expedientes de funcionarios mexicanos de alto nivel de la actual administración.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.