Sociedad activa vs totalitarismo
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Sociedad activa vs totalitarismo

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Sociedad activa vs totalitarismo

25/11/2019

Cierto, ha sido un año de desgobierno en donde la criminalidad y el cero crecimiento económico pintan de cuerpo entero a un proyecto político incapaz de brindar condiciones de bienestar a la población, sin embargo, esto no es la prioridad del gobierno de López Obrador, lo relevante para él ha sido el desmantelamiento de los organismos autónomos y, en el mejor de los casos, nombramientos de funcionarios afines, para tener bajo su control a toda la estructura de poder y el andamiaje jurídico para enfilarse rumbo a la reelección presidencial.

Si algún opositor al régimen tiene la desgracia de que la 4T lo ponga en el paredón de los acusados, en verdad, carece de instrumentos legales e instituciones imparciales para defenderse.

En el camino se van a ir quedando “fifís y conservadores”, ya sea por las buenas o por las malas.

Cuando observamos que desde la Fiscalía General de la República, hasta la Suprema Corte de Justicia de la Nación, pasando por la CNDH, son subordinados del Poder Ejecutivo y que a los pocos organismos autónomos que quedan se les exprime con el recorte presupuestal, pues se cae en la cuenta que las prioridades de AMLO estaban en otra pista.

Mientras se está construyendo este poder hegemónico, todas las mañanas se distrae a la opinión pública con cortinas de humo que fijan la agenda pública, ocultando con ello la socavada intención de cooptar a la estructura de poder, y desde el Congreso, aprobar las reformas constitucionales en favor del nuevo régimen.

Ahora que entramos al análisis de las tripas del Presupuesto 2020, se confirma la tesis de que lo que sigue en el periplo rumbo a la reelección presidencial es tener perfectamente aceitada la maquinaria electoral, para con el dinero de todos, tener a millones de adeptos “maiceados”.

El uso patrimonialista del Presupuesto representa una fragante violación al Estado de derecho.

Dicen algunos diputados de oposición, que nos quieren vender la idea de que se está beneficiando a los pobres, aplicando los recursos en salud, educación y en las pensiones, pero en realidad este Presupuesto es clientelar y patrimonialista. Observamos programas sociales sin reglas de operación, no verificables y sin indicadores para constatar los beneficios que se le dan a la población.

Desde luego, el protagonismo que han tomado algunos sectores de la sociedad, así como líderes de opinión en relación al desgobierno de AMLO, ha servido para generar conciencia nacional en torno a la grave amenaza que se cierne sobre México. Las manifestaciones populares, como la que se hará el próximo 1 de diciembre, son reveladoras del ánimo colectivo que prevalece entre la ciudadanía.

Es verdad, López Obrador tiene controlado el aparato gubernamental, empero no puede tapar el sol con un dedo, ya que la realidad abofetea a diario a un país inmerso en la inseguridad, la corrupción, la crisis económica y el desencanto.

En esta lógica, se tiene el regreso de la presidencia imperial, pero en contraparte, la participación activa de la sociedad, representa un contrapeso poderoso y real para erradicar los excesos de poder y a los malos gobernantes.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.