99% honestidad, 1% capacidad
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99% honestidad, 1% capacidad

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99% honestidad, 1% capacidad

14/08/2019

“Noventa y nueve por ciento honestidad y uno por ciento capacidad”. Estas fueron las palabras del presidente Andrés Manuel López Obrador durante la conferencia de prensa, cuando un reportero le preguntó si de plano, en todas las aduanas, podrían a mandos navales para garantizar que no hubiera corrupción. “Si hace falta, sí”. Y esto es parte del problema que enfrenta el gobierno para poder ejercer control sobre aspectos fundamentales del país. “Todo lo que tiene que ver con aduana estaba muy podrido, como migración, y como todo el gobierno estaba tomado, estaba secuestrado; el gobierno estaba al servicio de una minoría rapaz, era un facilitador del saqueo. Entonces, se está limpiando el gobierno de arriba para abajo y un área que se está limpiando es, precisamente, las aduanas”, dijo López Obrador.

Y no se van a dar abasto. “Yo tengo que echar mano de instituciones y de servidores públicos honestos, porque eso es lo principal: 99 por ciento es honestidad, uno por ciento es capacidad. Porque hay unos que están graduados hasta en el extranjero, como los hijos de El Padrino… Lo que queremos es gente honesta, gente honrada, eso es fundamental. Un buen gobierno depende de eso, que los servidores públicos sean íntegros”.

Pero también necesita funcionarios que estén capacitados, con conocimientos. Y tener las herramientas necesarias para hacer su trabajo. “Gobernación, imagínense, manejaban, hablando del tema, la Policía Federal y contrataban a policías privados para la seguridad en Gobernación. La compra de equipos que se puso de moda, el C5, el C6, el C21, el C80, todo era tecnología, compras millonarias de equipo que está ahí arrumbado, inservible, gente que ni siquiera tenía conocimiento en el manejo de estos equipos y de repente se convertían en proveedores. Contratos entregados, todo por corrupción…”. Y aunque seguramente hubo corrupción y despilfarro, es terrible que el Presidente cuestione la utilidad de los C5 que se han instalado alrededor del país. Estos son los ojos y oídos de los gobiernos nacional, estatales y municipales.

Durante la mañanera también se presentó un informe de los avances en la implementación de la Guardia Nacional. Aunque un poco confuso, se dieron los datos de cuántos elementos están realmente delegados, quiénes están desplegados y cuáles son sus funciones. Queda claro que es una prioridad de este gobierno la creación de la Guardia Nacional, y que la responsabilidad completa está cayendo en manos de las Fuerzas Armadas. Para bien o para mal.

En parte porque hay un clamor de la población sobre la inseguridad que se vive en gran parte del país, pero también para demostrar a sus adversarios fifís, conservadores y neoliberales, que están equivocados a pesar de lo que parece ser inconcebible: vincular su lucha en contra de la corrupción con su programa de austeridad republicana. En el ámbito de seguridad y justicia esto parecería un error histórico.

Sus adversarios dirán que está destruyendo instituciones con un impacto catastrófico –especialmente en el ámbito económico y de seguridad. Sus seguidores tienen fe ciega en que la cuarta transformación resultará en un país más justo, menos violento y sin corrupción. Digo fe ciega porque hay que reconocer que el Presidente a diario es muy transparente, así como su equipo en sus actividades y programas (en parte por las famosas mañaneras), lo que no es claro es cómo estos programas se van a traducir en una estrategia viable para detener la desaceleración del crecimiento y la crisis económica que acecha México y a muchas de las grandes economías globales, y también reducir la violencia que está llegando a niveles históricos.

Y aunque el Presidente insiste en que la economía va bien y que los programas de apoyo y la creación de la Guardia Nacional van a resolver la situación de violencia en el país, todos los datos y experiencia alrededor del mundo contradicen su posición.

Y lo más triste es que aquellos que son la prioridad de la cuarta transformación, los jóvenes y los pobres, serán los que más sufrirán ante la crisis económica y la violencia que ya se está viviendo en México.

A Felipe Calderón se le cuestionó sobre su “guerra sangrienta” en contra del crimen organizado, pero aun en los momentos más violentos el índice nacional fue de 19.37 homicidios por 100 mil habitantes, en 2011, con el agravante de que no tenía el aval constitucional para usar a las Fuerzas Armadas.

En lo que va de este gobierno, el índice es de 22 homicidios. El nivel de violencia es histórico. Más alto que la “sangrienta” administración de Calderón. ¿Esto cómo lo van a explicar?

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.