Bienvenidos, Maduro y Ortega
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Bienvenidos, Maduro y Ortega

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Bienvenidos, Maduro y Ortega

13/11/2019

Los mandatarios que siguieron más de cerca la caída del ahora expresidente de Bolivia, Evo Morales, seguramente fueron los 'dos' presidentes de Venezuela y el de Nicaragua.

El escape de película de Evo a México, ¿será la hoja de ruta para Nicolás Maduro y Daniel Ortega? ¿Será que el 'otro' presidente de Venezuela –Juan Guaidó– pensó que México podría también jugar un papel en 'facilitar' una transición menos violenta en Venezuela?

Y aunque se puede argumentar que la situación que precipitó la salida de presidente Morales (¿fue golpe o no fue golpe?, esa pregunta la dejaremos para otro momento), el hecho es que los tres 'amigos' tienen algo en común… el uso o abuso de la constitución, los procesos democráticos y abuso de la fuerza, para mantenerse en el poder. En lugar de apostarle a su programa de gobierno que asegure que su sucesor político busque proteger su legado ideológico y de gobierno, decidieron buscar mantenerse en el poder a toda costa. ¿O será que Evo, Nicolás y Daniel no confían en que las personas que lleguen al poder van a proteger sus reformas, su legado, sus actos criminales y corrupción? O simplemente, después de tantos años en el poder y el desgaste natural que eso conlleva, sería imposible que se eligiera alguien afín a sus ideas e intereses políticos.

Cualquiera que haya sido la razón, algo que es fundamental en una democracia, aun en las democracias fallidas latinoamericanas, es que eventualmente habrá un cambio de régimen. El modelo totalitario de Fidel Castro, quien gobernó por más de 50 años, es imposible de replicar. Y en lugar de preparar una salida digna protegiendo su legado, sigue siendo un misterio porque piensan que van a continuar en el poder en forma indefinida.

Pero esta semana sucedió lo increíble: el presidente Andrés Manuel López Obrador, siendo vecino del irascible Donald Trump, rescató a Evo Morales. ¿Podría ser esto una señal del salvavidas que podrían lanzar México a Daniel Ortega y Nicolás Maduro? No tendrían que ir a Cuba o a Rusia, estos dos autoritarios podrían acompañar a Evo en un país seguro (para ellos), más cómodo y con todos los placeres del capitalismo. Y, sobre todo, hay todos los indicios de que podrían, desde su cómodo asilo mexicano, grillar, planear y promover caos y protestas desde nuestro terruño.

Evo Morales no llevaba ni 24 horas que llegó a México, después de que el canciller Marcelo Ebrard le hiciera una extraña demostración de afecto (¿vieron la foto? Ebrard le acaricia la cara del ahora depuesto presidente boliviano a su arribo a la Ciudad de México) y el boliviano empezó a grillar por Twitter haciendo un llamado a sus seguidores de rebelión y protesta. También el canciller mexicano y la jefa de Gobierno se han dedicado a argumentar que lo sucedido en Bolivia fue un golpe, aunque el resto de la comunidad internacional asegure que no. No fue un golpe, sino, como lo señaló una vez el presidente López Obrador en un extraño tuit donde asegura que no hay ambiente para un golpe de Estado en México, porque tiene el apoyo de la población.

¿Qué pasa cuando se pierde ese apoyo? ¿Cómo se hace esa transición?

Bolivia podría ser el ejemplo. Pero México no va a defender eso, al contrario.

De hecho, el canciller está buscando una confrontación con la OEA sobre la situación en Bolivia y la decisión de ese organismo internacional de repudiar las recientes elecciones porque Evo Morales cometió un fraude masivo.

Esta situación abona bien para Maduro y Ortega cuando tengan que salir de sus países porque simple y llanamente no podrán controlar las protestas y porque probablemente perdieron el apoyo de la población y sus aliados políticos. Al igual que Evo, podrán hacer resistencia desde México y seguramente mantener la inestabilidad en sus países.

No debemos criticar el hecho de que México le está dando asilo a Evo Morales, al contrario, al sacarlo del país, probablemente le salvó la vida, pero debería de permitir una transición democrática y constitucional en Bolivia.

Pero no sólo tiene tintes políticos la decisión de permitir la llegada de Evo a México –por ejemplo, seguramente a Sebastián Piñera no le darían la misma bienvenida si lo pidiera. También parecería que, si el asilo se da, para que ya sea Morales, y eventualmente Maduro y Ortega para seguir promoviendo inestabilidades, y no paz en la región, además de asegurar que no se les pueda perseguir por crímenes de lesa humanidad o por corrupción masivo del erario público, pues México acaba de cometer un gran error histórico de apoyar aquellos que estarán en el lado incorrecto de la historia.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.