El gran experimento de la democracia mexicana
ESCRIBE LA BÚSQUEDA Y PRESIONA ENTER

El gran experimento de la democracia mexicana

COMPARTIR

···

El gran experimento de la democracia mexicana

27/03/2019

Estamos viviendo en uno de los grandes experimentos de la historia mexicana. Y todos somos conejillos de indias.

Estoy segura de que si preguntarán al presidente López Obrador si se considera un líder autoritario, él respondería que no. Probablemente, de nuevo, él insistiría en que representa al “pueblo” y que para eliminar a los políticos y las políticas neoliberales y abatir la corrupción, hay que tomar pasos contundentes.

En estos casi cuatro meses su estilo de liderazgo incluye crear marcadas divisiones entre sus seguidores y los opositores, señalar a los neoliberales, a los conservadores, crear diferencias entre niveles socioeconómicos, generacionales, diferencias entre religiosos y laicos, entre pobladores indígenas, entre los del norte, los del centro y los del sur, ni hablar de las diferencias entre ideologías políticas, señalar a los españoles, estadounidenses y franceses, entre los empleados y desempleados. Entre los fifís que asesinaron a Madero y el resto del pueblo que lo apoya. Entre los medios digitales y los tradicionales. De hecho, los invito a que escuchen sus conferencias mañaneras y hagan el ejercicio de analizar sus comentarios y su lenguaje no verbal. Cada 5 o 10 minutos usa palabras y envía mensajes de que, o estás con AMLO o no lo estás.

Pero en una democracia donde un éxito electoral tan rotundo, como el que tuvo Andrés Manuel, nos tiene que llevar a volver a analizar cuáles deberían de ser los estilos de liderazgo, mecanismos de reducción de conflictos y gobernabilidad.

Porque la teoría sobre cómo deberían de funcionar las democracias y cuáles son las rutas para asegurar el desarrollo y la paz, no se alinean con el estilo de liderazgo de López Obrador.

Pero después de décadas, el mexicano en general se siente defraudado: más corrupción, más inseguridad, más impunidad e injustica y poco desarrollo, parecería ser los resultados del gran experimento democrático de los últimos años. Y ante este fracaso, tal vez este gran experimento, donde todos somos sus conejillos de indias, AMLO podría cambiar el rumbo del país.

Hay que ser claros, es un gran experimento. Y sí, pase lo que pase, pasará a la historia como un extraordinario Presidente (sólo la historia dirá si fue un Presidente extraordinariamente bueno o extraordinariamente malo).

Hace 12 años, escribí varios textos y un libro sobre liderazgo donde señalaba qué deberíamos exigir de un nuevo presidente: “Nos urge un líder que tenga la capacidad de trabajar en un ambiente hostil; popular, pero no populista. Respaldado por un buen equipo de asesores, interesados en trabajar por el país y no por una candidatura. Buena presentación y manejo de medios. Que no tenga cola jurásica ni jurídica que le pisen. Experiencia política indispensable –este país no soporta improvisados y no habrá entrenamiento ni capacitación. Carismático y pragmático, pero no loco. Buena salud mental, este puesto enloquece a cualquiera. Acostumbrado a trabajar por objetivos. Queremos un presidente que sepa negociar, pero no ceder. Un presidente que además esté dispuesto a imponer”.

Curiosamente, López Obrador cumple con muchos de estos “requerimientos”, pero en un área donde toma una ruta completamente diferente tiene que ver con su estilo de liderazgo: “No queremos a un presidente que divida, queremos a un presidente que nos una, un presidente que lidere, no que se acomode. Un presidente que nos represente a todos, no sólo a algunos. Alguien que nos permita soñar, pero que él no viva en las nubes. Que sea imaginativo, pero no loco...

“Que sea papá y mamá, pero también cuate y hermano. Un presidente que nos dé las esperanzas de que nuestras vidas pueden y van a ser mejores porque habrá oportunidades. Un presidente que nos dé empleos, pero dignos y bien remunerados. Un presidente que sea democrático y autoritario, cuando se requiera. Que nos haga pensar que es mejor que nosotros en todos los sentidos: más inteligente, menos corrupto, más fuerte y valiente, más creativo. Nos urge un líder que nos dé esperanzas”.

Y tal vez a estas alturas del experimento en el mundo según AMLO, el capital político de este Presidente sigue siendo la idea de que las cosas puedan mejorar.

Y la interrogante es cómo asegurar que López Obrador, siendo uno de los presidentes más poderosos de México, sea efectivo, pero no autoritario. Uno de los preceptos de toda democracia es que se necesita pesos y contrapesos para asegurar que el mandatario, no importa quien sea, no tenga la tentación de destruirla; pero seguramente en el contexto histórico será cuestionado y se considerará un fracaso.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.