Imaginando un futuro sin AMLO
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Imaginando un futuro sin AMLO

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Imaginando un futuro sin AMLO

20/03/2019
Actualización 20/03/2019 - 13:19

Andrés Manuel López Obrador es el presidente más poderoso que ha tenido México, después de Porfirio Díaz. Pero a diferencia Porfirio, Andrés Manuel no buscará la reelección. La edad, el desgaste físico de gobernar en el siglo XXI, presiones internacionales y la idiosincrasia de la política mexicana, especialmente políticos de Morena, no permitirán su reelección. Ya empiezan a asomarse las fricciones entre los morenistas buscando ser los y las que reemplazarán a AMLO en 2024. Los posibles candidatos por Morena también apuestan a que AMLO no estaría buscando loa reelección, y probablemente los morenistas interesados en reemplazarlo no permitirían ese escenario.

Y aunque Andrés Manuel no descartó esta semana el regreso del PRI o PAN a la presidencia en 2024, también señaló que la gente no buscaría el retorno del neoliberalismo que, según él, representan los partidos de la oposición.

Al destruir el neoliberalismo asegura que el electorado y la historia tengan claridad de quiénes fueron los autores del desastre en que se encuentra el país. Neoliberalismo=Desastre=Oposición será el lema.

Por eso empezaremos a observar que la oposición a AMLO no será de otros partidos. Seguramente el enemigo estará en casa, especialmente si el presidente favorece a un candidato o candidata en los siguientes meses.

Porque por lo menos desde la óptica de posibles candidatos morenistas, el proceso electoral de 2024 ya arrancó. Y seguramente para los allegados de Morena que buscarán tener un espacio en las elecciones intermedias, también estarán buscando su siguiente escaño o espacio.

A poco pensaban que la abrumadora mayoría de morenistas en el Congreso no buscarán continuar 'apoyando' al presidente en las elecciones intermedias. Obviamente buscarán espacio como gobernador o presidente municipal o legislador local o algo. Y es aquí el poder de AMLO de seguir dando chamba - perdón, espacios políticos- a sus seguidores y así mantener la cohesión en el Congreso.

Obviamente no muy diferente de lo que hacía el PRI y el PAN. Pero a diferencia de los ahora dos partidos de la oposición (porque asumimos que el PRD de esta ya no se recupera), AMLO parece tener un control absoluto sobre sus legisladores. Por lo menos hasta las intermedias.

Por eso es casi inconcebible que el reemplazo de López Obrador tenga los mismos superpoderes que él, ni su contundente popularidad y el bono democrático que le permiten hacer grandes reformas. La absoluta pobreza, la falta de opciones y liderazgo de la oposición, y la corrupción de anteriores gobiernos, han permitido a López Obrador amedrentar a la oposición, literalmente amenazando con investigaciones penales. El sector privado, que debería de jugar un papel de peso y contrapeso, especialmente ante un presidente de la 'izquierda', tampoco ha podido tomar distancia de AMLO. Tal vez por temor. Tal vez porque creen tener la capacidad de negociar con este presidente todopoderoso. Las cámaras empresariales parecerían seguir la teoría de mantenerse cerca del gobernante, y tal vez así poder influir en sus decisiones que puedan afectar sus intereses empresariales.

O sea que los verdaderos contrapesos para AMLO siguen siendo el Senado y la Cámara de Diputados. Lo importante es recordar a los legisladores que es casi imposible imaginarse en la siguiente década una situación donde el presidente tenga garantizada la capacidad de reformar la Constitución, como tiene AMLO.

Es importante imaginarse un México donde el presidente ya no es Andrés Manuel López Obrador. Lo que se incluya en la Constitución hoy será casi imposible de reformar mañana, ni en una década. La responsabilidad de detener proyectos o programas que no tengan justificación, o parecerían ser ocurrencias, puede hacerse simple y llanamente asegurando que, en el presupuesto de los siguientes años, no se tengan los fondos que se requieren. No se puede (o no se debe) gastar dinero del erario si no está presupuestado, ¿verdad? No se deben de financiar programas o políticas que no tengan la adecuada justificación, o por lo menos un debate público que vaya más allá de buscar 'abolir el neoliberalismo'.

Aún en este mundo, donde el 'posneoliberalismo' parece ser la justificación de las reformas constitucionales y la del Presupuesto de 2019, se necesita fondos.

Porque, aunque parece una obviedad, llegará un momento en que Andrés Manuel López Obrador no será presidente. Y esta realidad debería de darle pauta al legislador, hasta el más ardiente admirador de AMLO, y por lo menos hacer preguntas pertinentes sobre cómo se gastarán el dinero del Presupuesto y si a largo plazo las políticas que propone este presidente –políticas posneoliberales– no es un gran experimento fallido.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.