Seguridad nacional y acuerdos comerciales
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Seguridad nacional y acuerdos comerciales

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Seguridad nacional y acuerdos comerciales

31/07/2019
Actualización 31/07/2019 - 15:08

Comercio exterior y seguridad nacional no deberían de discutirse al mismo tiempo y en la misma mesa. Por lo menos ese fue uno de los objetivos de negociar y firmar un tratado comercial como el NAFTA-TLCAN hace 25 años, o la razón por la cual nació la Unión Europea, o la insistencia de que China formara parte del comercio global. Existe esta idea de que entre más comercio hay entre las naciones se reduce la violencia y los conflictos armados.

Y no era tan descabellada la idea. En teoría, cuando hay conflicto entre naciones, el impacto en la economía –y en los bolsillos y la calidad de vida de los ciudadanos– es tal que presionaría a sus gobernantes para no iniciar una guerra o buscar mecanismos pacíficos para resolver los conflictos.

También la teoría asume que mientras más comercio hay entre las naciones, más posibilidades hay que mejore la calidad de vida de los ciudadanos, pues apoyados por el comercio exterior el país tendría más oportunidades de crecer.

También los teóricos asumían que los países estaban dispuestos a seguir las “reglas del juego” plasmadas en los acuerdos comerciales, en los que existen mecanismos especiales para resolver conflictos.

Lo importante de estos acuerdos comerciales era que fortalecían las alianzas y la confianza entre países en una forma que no involucraba las capacidades de las fuerzas armadas.

Una de las pocas formas de romper este mundo idílico de unicornios que conviven en paz y felicidad (este un comentario sarcástico, claro está) y no términos de un acuerdo comercial, es violar los tratados declarando que se hace por razones de seguridad nacional. Y sin mucha explicación, las potencias comerciales pueden, argumentando razones de seguridad nacional, imponer aranceles, embargos a otras naciones, sanciones comerciales y listas negras.

Y sí, a través de años, países como Estados Unidos ha usado su economía como un arma para enfrentar gobiernos que no comulguen con la política estadounidense, por albergar o apoyar a terroristas, por el abuso masivos a derechos humanos, o por crear inestabilidad geopolítica en diferentes regiones del mundo.

Podemos debatir qué tan eficaces han sido estos instrumentos a través de los años para cambiar el comportamiento de gobiernos antagónicos a los países de occidente –por ejemplo, los casos de Cuba, Venezuela e Irán, en este momento.

Pero lo que sí es claro, es que el uso de la excepción de “seguridad nacional” en los tratados comerciales claramente dejó de tener el peso de antes, por el uso indiscriminado y sin justificación por parte del gobierno de Donald Trump. De hecho, pone entre dicho todo el sistema globalizado y la importancia que tiene el comercio exterior para la reducción de conflictos alrededor del mundo. Se destruyen frágiles alianzas.

En el caso de Brexit, a pesar de todas las advertencias de que la salida del Reino Unido sería desastrosa para la economía inglesa y del resto de la Unión Europea, parece que ahora no tiene vuelta de hoja.

Otro ejemplo fascinante es ver cómo se desarrolla la guerra comercial entre Estados Unidos y China, en la que ambos países están dispuestos a destruir la economía global. La pregunta es: ¿quién va a ceder primero debido al dolor que están causando a sus habitantes? Y en medio de esta “guerra” están empresas como Huawei y el futuro de quién va a controlar la tecnología de la 5G. Además de quién ejercerá la hegemonía en el oriente.

Otro extraordinario caso es el trato que le ha dado Donald Trump a México, y que siguen muy de cerca otros gobiernos. A pesar de la reconocida necesidad de tener un acuerdo con México por el impacto que tendría en la economía de Estados Unidos, la Casa Blanca ha decidido usar la excepción de seguridad nacional para no cumplir con las reglas que imponen los tratados comerciales. Hay que recordar que hace un año, citando supuestas amenazas a la seguridad nacional, Trump anunció aranceles globales de 25 por ciento para el acero.

El problema es que no había amenaza a la seguridad nacional. Lo hizo por razones políticas, buscando su reelección.

De la misma forma en que amenaza con imponer aranceles a todas las exportaciones mexicanas, por razones de seguridad nacional, si no se controla el flujo migratorio. Una amenaza similar a Guatemala forzó a ese gobierno a firmar lo que probablemente es un acuerdo de tercer país seguro, que supuestamente es ilegal. Y aunque el presidente Andrés Manuel López Obrador insistió esta semana que México no firmaría un acuerdo migratorio con EU, está en juego la reelección de Trump. No sorprenda que ponga el tratado sobre la mesa.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.