El gran salto hacia adelante
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El gran salto hacia adelante

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El gran salto hacia adelante

08/07/2019

Lo confieso, por mucho que la razón, la cultura y el decadente mundo en el que fui creado se empeñe en decirme que no es serio que alguien acostumbrado al espectáculo y los reality shows gobierne mi mundo, he de reconocer que actualmente el mejor gobernante, en cuanto a saber impactar política y socialmente, se llama Donald Trump.

Me encantaría ver la cara no de Mike Pompeo –de quien tengo la impresión de que es un hombre que se siente bien dentro del ambiente de Trump– sino la cara de los bienintencionados servidores del Estado norteamericano cuando una mañana su presidente les confesó, con la gentileza de hacerlo antes de publicarlo en Twitter, que iría a Corea del Norte.

En definitiva, en el mundo del ayer jamás se hubiera podido organizar ese viaje sin antes una caterva de avanzadas de diplomáticos, elementos de seguridad, pero, sobre todo, sin una preparación minuciosa previa para, al final, dejar todo en manos de un hombre perteneciente a una dinastía de poder, al parecer, eterna. Porque yo creo que el presidente norcoreano cuando era pequeño no jugaba con un sonajero sino con un misil, por lo tanto, desde la cuna fue formado para esto. Ambos presidentes, Trump y Kim Jong-un, cuentan con la legitimidad de los órdenes de sus respectivos países y ambos son presidentes caracterizados por hacer las cosas según ellos creen y por su más profundo desprecio a los sistemas existentes.

En el G20, más allá de reírse y hacerse fotos simpáticas con jefes de Estado y cancilleres, lo que Trump hizo fue marcar su impronta demostrando que se toma todo tan en serio que la protagonista fue Ivanka, su hija. Después de eso Trump montó su gran número y lo que podría marcar la diferencia para el votante de Estados Unidos. Trump demostró que es necesario comprender que existe un mundo viejo y un mundo nuevo al ser el primer presidente estadounidense en ejercicio que da el “saltito”, atraviesa su frontera y camina veinte pasos por un país con el que está técnicamente en guerra, que es Corea del Norte. Lo único que faltó en la reunión fue un salto agarrado de la mano de su socio Kim Jong-un.

En verdad me sorprendió que Trump y su homólogo norcoreano no dieran el salto agarrados de la mano, pero al mismo tiempo, vista la diferencia de edad entiendo que hubiera sido peligroso porque hubiera sido una imagen entre padre y abuelo con el joven que promete. Y eso hubiera podido ofender a un hombre que ha demostrado tener una sensibilidad tan a flor de piel como Kim Jong-un; tal fue el caso de cuando mandó fusilar a uno de sus principales aliados por haberse quedado dormido en uno de sus discursos.

También en su viaje a Corea del Norte, el más importante de su campaña electoral, lo primero que Trump hizo fue demostrar que, a diferencia de sus negociadores, él sí tiene sentido de la historia y él sí evita guerras. Porque en un día no solamente salvó la guerra perdonándole la vida a 150 iraníes, sino que además después acabó temporalmente – todo en Trump es temporal– con la guerra cruenta comercial con China, llegando a un acuerdo momentáneo con su colega Xi Jinping.

Desde la época de Joseph Goebbels –y no estoy diciendo que sea un nazi– no había visto a nadie con mayor capacidad de manejo de la opinión pública y de la creación de nuevos escenarios, hasta que apareció Donald Trump. Si Goebbels usaba Núremberg y las antorchas para demostrar el triunfo de la voluntad, Trump usa un salto y veinte pasos sobre un país enemigo para comunicar urbi et orbi que el mundo que conocimos ya no existe. ¿Ganará las elecciones? Me temo que sí porque él es el profeta de lo nuevo, sin que nadie sepa qué es lo nuevo ni cómo puede acabar. Lo único que sabemos es que lo viejo ha muerto.

Trump no solamente está haciendo a América grande de nuevo, sino que sobre todo está destrozando todos los clichés de nuestro mundo. La única pregunta que hay que hacerse es, ¿puede el mundo vivir en la emoción constante de un reality show o necesita estructuras que se sustituyan entre sí? De momento, la campaña electoral que nació en el G20 y que dio el “saltito” sobre Corea del Norte créanme que está dando una gran distancia al presidente que quiere hacer América primero y grande de nuevo.

El mensaje que Trump está transmitiendo a su país es muy claro, ya que no sólo es un hombre libre e instalado en el siglo XXI sin los lastres y las cadenas del siglo XX, sino que les ha demostrado que un presidente está hecho sobre todo para arreglar cosas. Les ha enseñado que un presidente no está hecho para debatir ni para tener veinte candidatos que se pelean desde cuál es la definición de “socialista” hasta en su objetivo común que es echarlo de la Casa Blanca. Pero, ¿por qué razones se le está buscando echar? Él simplemente ha llegado y se ha puesto a hacer lo que hace un Ejecutivo, arreglar cosas. Trump arregló, de momento, el problema con China y aunque sea momentáneamente también dio un paso para que se pueda arreglar la relación que parecía imposible de resolver con Corea del Norte, ¿quién le puede pedir más?

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.