Reinventar América
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Reinventar América

01/07/2019
Actualización 01/07/2019 - 11:34

Después de la reunión del G20, la última de la antigua era y no sé si la primera de la nueva era, queda claro que muchas partes del discurso y de las preocupaciones de los titulares de estos discursos están claramente superadas por la realidad. Estados Unidos se busca a sí mismo rompiendo lo que ha sido la constante de los últimos cincuenta años. Se ha pasado de la libertad comercial total a la intervención comercial total.

Los países que no eran capaces de mantener una situación de defensa de la libertad comercial y de la competencia, son ahora los adalides del libre comercio. Por el contrario, los creadores de la libertad comercial se han convertido en los enemigos del libre comercio. Después de Osaka, donde la lluvia a veces era negra por contaminación, el mundo es diferente. Europa tiembla con los temblores de la canciller Merkel. Inglaterra es un país a caballo entre lo que fue y lo que quiere ser, teniendo además que comprobar de qué están hechas las nuevas generaciones de los políticos británicos, y como pasa en distintos lugares de la Tierra a la vez, el resultado no es bueno.

¿Cuánto tiempo se podrá mantener la simplificación insultante de que puede más la resolución de un hombre –como si se tratase del nuevo Moisés o Mesías– que toda la estructura de los Estados en el entendimiento o en el enfrentamiento de Trump con el mundo? ¿Cuánto tiempo más puede coexistir el trabajo de los técnicos chinos y estadounidenses antes de que se convierta en un problema de capacidad del arte de los deal del presidente estadounidense? También es necesario determinar cuánto tiempo más será posible gobernar y solucionar los problemas del mundo donde, por una parte, no terminamos de confiar en los servicios de inteligencia, ya sea la CIA o los propios. Y un mundo donde, por otra parte, todo lo arriesgamos a la capacidad personal de convicción o de mando, así sean los misiles balísticos de Corea del Norte o así sea el arreglo de reequilibrar el tema del mundo islámico a través del conflicto con Irán.

Lo que sucedió en Osaka representa la foto del mundo que fue. Lo que yo espero que resulte del G20, aunque sea por la vía de hechos, es la imagen del mundo que puede ser. Naturalmente me ahorro el comentario obvio de que México estuvo representado, pero nuestro presidente no forma parte de la foto. Todo eso está al alcance de cualquiera, pero después de Osaka solamente hay un discurso sensato en el que podemos trabajar. Este discurso es, visto como está todo y vista la destrucción masiva de instituciones y de elementos que hasta ahora condicionaban la actuación de los gobiernos y de los pueblos, ¿en qué posición se tiene que poner México y a qué tiene que apostarle?

Siempre había creído que la apuesta interna, creando y fortaleciendo los mecanismos internos en todos los órdenes, era una buena elección. Pero en este momento quiero saltar –aunque sea mucho salto– sobre la gravedad del momento que estamos viviendo debido al tema migratorio. Pero quiero rescatar otra cosa que no se nos puede olvidar, que es que el 90 por ciento de las explicaciones de la descomposición, crisis y finalmente de la destrucción de la Unión Europea, se halla en la no resolución del tema migratorio. Trump, su campaña y nuestra condición de víctimas propiciatorias son una cosa, mientras que el fenómeno de la migración que se ha devenido en otro de los grandes fenómenos modernos del mundo, es otra. La migración ha tumbado gobiernos, Estados y al final, como ha pasado con el comercio, hemos pasado de la solidaridad internacional y las fronteras abiertas al rechazo y la insolidaridad.

El modelo que se proyecta para el siglo XXI no es la inclusión, es la exclusión. Y ahí se encuentra la gran pregunta si el mundo, si América y si nosotros estamos así, ¿a qué tenemos que seguirle apostando? ¿A lo que quede de los días de lo que fue América del Norte? O, ¿ha llegado el momento de que las Américas –las que hablan inglés, español o portugués– nos integremos de otra manera?

No estoy pensando en una unión americana a la europea ni en la creación de un euro, pero sí estoy pensando sobre un hecho relevante. Las Américas, incluido ese distingo que se hace normalmente y que nunca entendí bien llamado el Caribe, tienen una magnífica e impresionante oportunidad de constituir lo que seguramente podría ser el primer mercado consolidado del mundo.

Lo que de verdad dará estabilidad a América, a México y a Brasil, será configurar un nuevo orden en el que la existencia de ese mercado, con unas políticas económicas comunes, le haga ser un jugador superior a cualquier otro. Creando de esta manera, ahora sí, una capacidad de competencia directa frente a la amenaza oriental, ya que tanto el TLCAN como el Mercosur son insuficientes en esta nueva realidad.

Todas las Américas son interdependientes, tanto desde la crisis climática hasta la unidad económica o referenciada ante 'su majestad' el dólar. Todas las Américas tienen una lectura en la que solamente la desconexión intelectual y el no reconocimiento del surgimiento de las nuevas realidades comerciales, económicas, tecnológicas y políticas orientales, explican que el esquema siga siendo deficiente.

La construcción de una nueva América no puede prescindir del hecho de las nuevas interpretaciones de las realidades económicas, los equilibrios geoestratégicos y de las presiones sociales que se han ido produciendo por la migración. Gran parte de lo que se necesitará para superar este momento de oscuridad y de confusión ante los desafíos que tenemos, será tener el valor, la visión, la inteligencia, salirnos del caparazón y trabajar para reinventar América.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.