Tiempos difíciles
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Tiempos difíciles

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Tiempos difíciles

24/06/2019
Actualización 24/06/2019 - 11:26

Algo que podemos notar en todos los hemisferios del planeta Tierra es que actualmente el mundo atraviesa por un tiempo difícil. Hay muchos riesgos, pero sobre todo hay algo contra lo que naturalmente el ser humano se rebela, que es el fin de algunos ciclos. La democracia está en crisis en la mayor parte de donde forman los gobiernos y de donde dirige el destino de los pueblos. Uno de los muchos desafíos que enfrenta este tiempo difícil –seguramente el peor– es vivir en una situación antes ya vista y que consiste en usar el sistema democrático para desnaturalizar este mismo sistema. Hoy, la virulencia y los riesgos encarnados de esta situación son peores que nunca.

No sé si habrá o no un impeachment contra Donald Trump, pero pongo a Dios de testigo de que a pesar de que todos los días trato de poder escribir o pensar sin que Trump aparezca, no hay un solo día sin que el presidente estadounidense esté en mis sueños o en mis pesadillas. Y es que resulta imposible que eso suceda porque al final iniciada ya su campaña para el año 2020, y siendo México la víctima promisoria de esta campaña, el gran riesgo que uno tiene que ver es el que verdaderamente ha causado el primer ciclo del mandato de Donald Trump.

El verdadero éxito de Estados Unidos es que, con todo, durante doscientos años ningún hombre estuvo por encima de la ley ni ninguna mayoría parlamentaria pudo doblegar a las instituciones. Con Trump se han alcanzado todos los límites y estamos enfrentados de manera desnuda a un hecho elemental. ¿Qué puede más, la voluntad del hombre, por muchos votos y popularidad que obtenga? O, ¿la capacidad del balance de los poderes que protege a la sociedad? Y es que no sólo es un tiempo difícil para él, es un tiempo difícil que también permea en los países con una presencia mucho más débil y con entramados del poder apenas existentes.

Existen tiempos difíciles en lo económico, actualmente resulta complicado admitir que Estados Unidos ya no es la única potencia económica irrefutable en el mundo. También estamos ante tiempos difíciles sobre la nueva configuración geoestratégica del mundo. Es triste ver cómo los jardines de los cementerios americanos de Normandía, que en su momento sirvieron para liderar Europa, pero sobre todo para acabar con el peligro del fascismo y del nazismo, hoy son estampas del pasado que ni asumen ni condicionan ni viven con el nuevo gobierno de Estados Unidos.

El tema de migración prefiero dejarlo apartado durante unas semanas, sobre todo porque nos persigue durante tarde y noche. Estados Unidos pide algo que no podemos dar y nosotros –creo yo y espero no cometer un error– es que intentando ser buenos chicos, estamos tratando de dar lo que no sé si debemos dar, pero que sí me parece imposible que demos. A este paso es difícil admitir que cuando acabemos de luchar –por ejemplo, con las desigualdades sociales en nuestro país– seguramente llegaremos a una situación donde la desigualdad no estará basada en el número de millonarios o en los millones de pobres, sino que estará basada en quién tiene al mejor precio las respuestas tecnológicas que imponen el desarrollo de nuestros países.

Los sistemas democráticos tienen un defecto de funcionamiento frente a los autoritarios y es que ellos son de caducidad extrema en el sentido de que, si vuelve a ganar este presidente las elecciones o pase lo que pase, ya sabemos que en 2024 habrá un nuevo presidente y con él lo que parece que ya es el signo de nuestros tiempos, un nuevo país.

Mientras tanto, el mundo asiste al duelo imperdible que actualmente suponen las disputas comerciales entre China y Estados Unidos. Y es que el mundo tiene pocas opciones. Por ejemplo, hay que saber que lo que realmente está detrás de la gran pelea comercial con China es una carrera tecnológica, a la cual es necesario conocer su ganador. Es necesario saber quién ganó esta carrera de lo que ya parece ser no sólo el internet de las cosas, sino el inicio de una nueva era que se parece más a la 'Guerra de las Galaxias' que a cualquier otra situación antes vivida.

Los expertos dicen que la tecnología desarrollada por Huawei y los chinos tiene cuatro o cinco años de ventaja sobre sus potenciales competidores, los cuales vienen del mundo occidental. Ante esto, resulta evidente que hacía falta un reajuste comercial de costos y de pagos con el uso que China hace bajo su situación hegemónica en muchos campos. Pero también es cierto que eso se puede hacer mediante la destrucción o por la construcción y que, al final, se eligió un camino más de primera plana de periódicos que de cambio real de lo que significan los nuevos comportamientos.

Tiempos difíciles para todos, marcados, sobre todo, por el choque de trenes que significa la realidad imbatible que es que el mundo hoy y en los próximos años tiene dos ejes económicos fundamentales, Estados Unidos y China. Los demás, salvo el caso de gente como Putin, poco pueden hacer más que aprovechar los huecos que se van abriendo y que cada vez son menos. Las dos grandes preguntas que tenemos que hacernos y que resultan inevitables son: ¿cuántas cosas van a caer de ese choque de trenes? Y, ¿al final del día, cuál es nuestro real campo de juego como país y, nunca lo olviden, como referente continental?

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.