Dilemas de la educación a distancia
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Dilemas de la educación a distancia

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Dilemas de la educación a distancia

04/08/2020
Actualización 04/08/2020 - 13:23

El próximo 24 de agosto iniciará el ciclo escolar 2020-2021 para unos 30 millones de estudiantes de preescolar, primaria, secundaria y bachillerato bajo la modalidad a distancia. Los alumnos no regresarán a las aulas a recibir clases presenciales hasta que el semáforo epidemiológico de los estados se encuentre en verde, lo cual no se aprecia que pueda ocurrir en los próximos meses, o tal vez hasta el año entrante. Esta es una decisión difícil y polémica, pero a fin de cuentas responsable. El hecho es que pocos ambientes son más propicios para el contagio y la propagación del Covid-19 que el salón de clases, en donde por regla general conviven sin distanciamiento, por horas y en habitaciones mal ventiladas, un gran número de alumnos con sus profesores. Bajo el esquema de clases presenciales, se expone al riesgo de contagio a maestros, estudiantes, a sus familias y a todos los que comparten la misma vivienda con ellos, especialmente los de mayor edad. La relación entre pobreza y hacinamiento hace que esta decisión prevenga el contagio de forma particular en las familias de menores ingresos.

Si bien correcta desde el punto de vista sanitario, esta decisión necesariamente tendrá consecuencias en cuanto a las metas educativas, para la convivencia familiar y para las dinámicas domésticas que será necesario transformar para que los estudiantes puedan seguir los programas de estudio a distancia, en casa, por televisión, por radio y siguiendo los libros de texto.

La educación a distancia bajo supervisión no es algo nuevo. Se sabe de la impartición de cursos por correspondencia desde el siglo XVIII. La telesecundiaria en México es un modelo de educación creado a finales de los sesenta. La UNAM ofrece modalidad abierta, en la que se minimiza la educación en salones de clase desde hace casi cincuenta años, y hoy ofrece cursos de bachillerato, nivel profesional y posgrado en sistema abierto y también a distancia.

La aparición de internet ha revolucionado la educación a distancia y ha hecho más fácil la interacción entre alumnos y profesores, la comunicación, la colaboración y la difusión de clases especiales, seminarios, mesas de discusión y conferencias. La iniciativa Khan Academy (https://es.khanacademy.org/) es probablemente uno de los más importantes esfuerzos sin fines de lucro entre muchos que existen, para llevar a través de internet clases de matemáticas, economía, ciencias y otros temas para niños y jóvenes de manera eficaz, gratuita y profesional. La plataforma edX (www.edx.org), fundada por Harvard y el MIT, ha logrado reunir más de dos mil 500 cursos por internet de unas 140 instituciones de educación superior de todo el mundo. Desde hace unos diez años y cada vez más, los llamados cursos masivos abiertos en línea (MOOCs) han servido para capacitar en cuestiones técnicas a millones de personas.

A pesar de que la educación a distancia tiene una larga historia y una amplia presencia hoy en día, lo que se anunció ayer va a representar una carga adicional y no esperada para las familias, especialmente para aquellas con alumnos más jóvenes, además de un reto personal para los estudiantes que tendrán que cubrir sus programas educativos con menor supervisión. En primer lugar, la educación a distancia requerirá que las familias establezcan rutinas específicas y reglas para traducir la experiencia didáctica-escolar al entorno de los hogares y hacerla compatible con la convivencia e interacción otros miembros de la familia en un entorno de confinamiento social. Habrá que abordar y encontrar la solución a retos importantes como definir un lugar propicio para el aprendizaje y la concentración, establecer los horarios para el uso de las computadoras o televisiones para la escuela, el trabajo y la diversión, y la forma y momentos en los que los padres tendrán que acompañar y apoyar el trabajo escolar.

En segundo lugar, hay que tomar en cuenta que todos esos problemas se multiplican en complejidad cuando se trata de familias de menores ingresos o cuando hablamos de alumnos con capacidades especiales. ¿Cómo podrá apoyar a sus hijos los padres que trabajan en actividades escenciales y no están en la casa durante el día, o en las que sólo hay un jefe de familia, generalmente la madre? ¿Cómo podrá un padre que carece de educación formal apoyar los esfuerzos de un hijo que está aprendiendo a leer o a resolver operaciones matemáticas? ¿Cómo se resolverán las dudas de los alumnos si la interacción con los profesores es por radio o televisión? ¿Cómo se atienden en casa las necesidades de alumnos con capacidades especiales si los padres no cuentan con la capacitación suficiente? Cada uno de esos dilemas que genera la educación a distancia se profundizan para los más pobres, y surgen nuevas cuestiones que entran en el terreno de la justicia social y la equidad de género, y que será importante resolver.

Hay otros retos que hay que prever y que tienen que ver con cómo promover que exista entre los alumnos algún tipo de convivencia social, aunque sea a distancia, que sustituya de alguna forma las interacciones que tenían en el salón de clase y cómo se motiva a los alumnos para que desarrollen actividades físicas y hagan ejercicio en confinamiento. Socialización y actividad física serán importantes para atenuar las posibles consecuencias sicológicas del confinamiento, las cuales aún no sabemos su profundidad. Finalmente será fundamental generar las condiciones para que los mismos alumnos se apropien y hagan suyo el proceso de aprendizaje, y que aprendan a aprender, que es uno de los elementos necesarios para que la educación a distancia tenga éxito.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.