La crisis de los partidos y el futuro de la democracia
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La crisis de los partidos y el futuro de la democracia

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La crisis de los partidos y el futuro de la democracia

15/10/2019
Actualización 15/10/2019 - 14:24

Hace unas semanas, durante su primer-tercer Informe de Gobierno, el presidente declaró que la oposición, representada en su discurso por los “conservadores”, estaba moralmene derrotada. Sobre los conservadores, dijo textualmente que “no han podido constituir, […] un grupo o una facción con la fuerza de los reaccionarios de otros tiempos. […] están moralmente derrotados”.

Al hacer referencia a los conservadores, el presidente posiblemente se refería a un conjunto más amplio de organizaciones y personas que va más allá de los partidos políticos de oposición, y en el que suele incluir a organizaciones de la sociedad civil, medios de comunciación, políticos retirados con quienes tuvo diferencias en el pasado, un expresidente, calificadoras de inversión, organismos financieros internacionales y también a instituciones privadas de educación superior.

No sé cuáles tendrían que ser los parámetros para identificar los triunfos o derrotas morales de un movimiento o grupo político particular, tal vez habría que matizar estableciendo que en materia ideológica hay distintas visiones sobre lo moral, y que los triunfos o derrotas morales son en todo caso, relativos.

Pero lo que es un hecho material es que la oposición al gobierno organizada en torno a partidos políticos se encuentra claramente derrotada en lo electoral; que hoy por hoy no tiene voz ni participa de forma relevante en el debate público; que muy probablemente los partidos de oposición se encuentren quebrados también en lo económico y que, en efecto, están derrotados en lo moral, pero entendiendo esta palabra no como el estado paradigmático de los valores de una sociedad, sino como bancarrota espiritual, de sprit de corps, de ausencia de mística política, de empuje, de liderazgos. La oposición mexicana no tiene la capacidad de emocionarse y emocionar a grupos de ciudadanos en torno a un proyecto diferente al del gobierno y sin eso, no parece que pueda tener futuro. Es posible que esta derrota no sea consecuencia exclusiva de la coyuntura política mexicana, sino más bien parte de un fenómeno más amplio que afecta en general a los partidos políticos tradicionales.

En el número más reciente de la revista Configuraciones (https://www.ietd.org.mx/configuraciones-48-49/), Mariano Sánchez Tallanquer ha publicado un artículo en el que ofrece algunas claves para tratar de entender, entre otras cosas, por qué los partidos políticos en general, y no solamente los que han atravesado una sonora derrota como la oposición mexicana, se encuentran en crisis.

Una de esas claves es que los partidos políticos han abandonado su función como organizadores de la vida social y han intensificado su papel como organizaciones del Estado, “dependientes de las subvenciones (prerrogativas), legalmente protegidas de la competencia, refugiadas en los puestos gubernamentales…”. Dicho de otra forma, los partidos dejaron de ser intermediarios entre los ciudadanos y el Estado, para convertirse en organizaciones del Estado. Este movimiento del foco de los partidos de la sociedad hacia el Estado, significa para los ciudadanos una pérdida efectiva de representación política, lo cual crea un “vacío” en la democracia.

Los partidos políticos tradicionales también se enfrentan a entornos político-económico, tecnológico y social difíciles de navegar. La integración comercial, la ausencia de alternativas económicas al libre mercado y la presencia de una comunidad internacional con una fuerte influencia sobre las decisiones internas de los países, han acotado el abanico de alternativas de política pública. Los partidos competían representando membretes distintos, pero la diversidad de oferta de políticas públicas para la solución de problemas se volvió cada vez más estrecha. Sin alternativas reales de oferta programática que pudieran diferenciarse, se desfondó la promesa democrática sobre la capacidad del ciudadano para elegir entre distintas opciones.

Los partidos también se han visto afectados por la tranformación de su capacidad de comunicarse con los ciudadanos por la revolución de la internet y las redes sociales. El flujo de información se ha descentralizado y la comunicación política se concentra en la importancia de la imagen. Los ciclos de comunicación se han acelerado y los mensajes luchan por ganar atención en un ambiente inestable, poblado por noticias falsas y en el que adquieren una mayor importancia los 'seguidores' que las organizaciones de militantes y bases de apoyo.

Finalmente, los partidos funcionan hoy en sociedades menos estructuradas, en donde las identidades sociales son cada vez menos estables. Las sociedades están hoy más “fragmentadas, móviles e individualizadas”. Esto limita la capacidad de los partidos de hacer alianzas estables con grupos sociales definidos, lo cual dificulta la identificación de demandas y el diseño de programas de gobierno que atiendan esas demandas.

Estos cambios que impiden a los partidos políticos operar de la forma tradicional aparecen en un momento especialmente inoportuno para la oposición mexicana, que aún no se repone del knock out electoral de 2018. La pregunta relevante aquí es si los partidos políticos serán capaces de adaptarse a este nuevo entorno y recuperar sus capacidades de ser intermediarios entre los intereses de los ciudadanos y las decisiones de los gobiernos o bien, si en el futuro la democracia prescindirá de plano de los partidos políticos como mecanismos centrales para la representación de los ciudadanos.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.