Nunca es tarde, hasta que es demasiado tarde
menu-trigger
ESCRIBE LA BÚSQUEDA Y PRESIONA ENTER

Nunca es tarde, hasta que es demasiado tarde

COMPARTIR

···
menu-trigger

Nunca es tarde, hasta que es demasiado tarde

24/09/2019

Al Gore recuerda en un artículo publicado el domingo pasado en el New York Times (https://www.nytimes.com/2019/09/20/opinion/al-gore-climate-change.html), la llamada “Ley Dornbusch”, para tratar de explicar la disyuntiva de las acciones globales para mitigar el cambio climático. Esta “ley”, formulada por el economista del MIT, Rudiger Dornbusch, dice más o menos que una crisis económica toma mucho tiempo en llegar, pero que finalmente, una vez que sucede, sus consecuencias se dan muy rápido. No está de más mencionar que cuando Dornbusch formuló su “ley”, se refería específicamente a la crisis económica mexicana de 1994-95.

El artículo de Gore se publica después de que el viernes anterior en un número importante de ciudades de todo el mundo se realizaron manifestaciones en las que se exigió una mayor atención de los gobiernos para abatir los efectos del cambio climático. Se espera que toda esta semana habrá manifestaciones en la ciudad de Nueva York, durante la reunión de la Asamblea General de las Naciones Unidas , a la que acudirán líderes políticos de todo el mundo, demandando contener los efectos del cambio climático.

Estas manifestaciones, y el interés mediático que han suscitado los efectos del cambio climático parecen anunciar que en amplios sectores de la sociedad global, sobre todo entre los más jóvenes, estamos abandonando la idea de que el planeta, en su inconmesurable anchura y vasta riqueza natural, puede absorber y disipar el efecto nocivo de la actividad humana. La nueva conciencia ambiental encabezada por líderes con una gran capacidad de movilización como la sueca Greta Thunberg, nacida apenas en 2003 y que han logrado renovar y refrescar el debate mundial sobre el medio ambiente, nos hace ver que este planeta es en realidad, un ecosistema muy vulnerable, con equilibrios frágiles, y que las consecuencias de la indiferencia y la falta de cuidado pueden ser catastróficas para todos, no en el largo sino en el corto plazo. En esta nueva nueva conciencia ambiental, parece estar presente la advertencia de Dornbusch, pues se tiene la convicción de que una vez que sobrevenga la crisis ambiental, los efectos no solamente se darán con rapidez, sino que también serán irreversibles.

La nueva conciencia ambiental se ha nutrido de una mayor evidencia científica sobre el cambio climático, por ejemplo, sobre el deshielo en Groenlandia, la llegada de cada vez más huracanes y de mayor fuerza, los incendios forestales en la Amazonia, la aparición del sargazo en el caribe, la desaparición de poblaciones de abejas y aves, la muerte de corales, y la evidencia que apunta a que tenemos en puerta una extinción de especies masiva, como lo ha explicado Elizabeth Kolbert en The Sixth Extintion: An Unnatural History (2014).

Hay motivos, como dice Gore, para alimentar el optimismo: Apenas en 2014, la electricidad producida con energía solar y eólica era más barata que producirla en plantas de carbón o gas en sólo el 1.0 por ciento del mercado energético mundial; hoy ese porcentaje ha aumentado al 30 por ciento y se estima que en apenas unos cinco años, el sol y el viento serán las fuentes de energía eléctrica más baratas en todo el mundo, con costos por debajo de los combustibles fósiles; cerca del 90 por ciento de la nueva capacidad instalada de producción de energía en la Unión Europea en 2018 fue solar y de viento. La sustitución de vehículos de combustión interna a eléctricos se está dando de forma mucho más acelerada de lo previsto y para 2020 prácticamente todas las marcas automotrices presentarán a la venta en México al menos un modelo híbrido o eléctrico. Se habla de que en los próximos años seremos testigos de una “revolución sustentable”, de una magnitud e importancia transformadora similar a la revolución industrial.

A pesar de eso, persisten ideas y movimientos que operan en contra de la acción inmediata: muchos líderes políticos, sobre todo los de corte populista, por hacerse de clientelas electorales o por simple ignorancia, cuestionan sin más los hallazgos de la ciencia sobre el cambio climático o llanamente rechazan las políticas de desarrollo “verdes” que son compatibles con la sostenibilidad, y prefieren promover modelos de desarrollo anticuados que siguen apostando a la explotación de recursos naturales y el uso de combustibles fósiles como estrategia para incentivar el crecimiento económico. Existen también desde luego, intereses económicos y políticos capturados por empresas relacionadas con la explotación de combustibles fósiles.

La lucha contra los efectos del cambio climático enfrenta también obstáculos que tienen que ver con la dificultad de coordinar acciones colectivas para resolver un problema que es común a todos. Es difícil llamar a la acción para controlar los efectos del cambio climático cuando la aportación individual de cada uno es valorada como marginal, y el problema tiene consecuencias que son compartidas por igual por todos.

Pero hay una creciente conciencia sobre este problema de acción colectiva, posiblemente detonado por el efecto de las redes sociales. La evidencia documental, en video o fotografías, de los efectos del cambio climático y su viralización en redes sociales evidencia la creciente frustración que provoca ver la disparidad entre la gravedad de lo que ocurre y la incapacidad de la sociedad y gobiernos para concebir la magnitud del problema y de actuar en consecuencia. Resulta una trágica paradoja el hecho de que tenemos la conciencia de la necesidad de un cambio y se tiene la tecnología para hacerlo, pero hace falta voluntad política. La gran pregunta que gravita hoy sobre las cabezas de los líderes mundiales reunidos en Nueva York es si vamos a escuchar a los nuevos líderes ambientales de la generación de Greta Thunberg y actuar hoy, o si vamos a esperar a que sea demasiado tarde, como dice la Ley de Dornbusch, cuando las consecuencias de la inacción se conviertan en una catástrofe universal que hoy por hoy no podemos dimensionar.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.