El extraño caso de las adquisiciones asesinas
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El extraño caso de las adquisiciones asesinas

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El extraño caso de las adquisiciones asesinas

02/12/2019
columnista
Carlos Mena
Competencia 2.0

Existe una moda entre los estudiosos y practicantes de la competencia económica en todo el mundo de hablar sobre el gran riesgo de fusiones y adquisiciones “asesinas”. Con ese término, se refieren a las adquisiciones de pequeñas y jóvenes empresas por parte de grandes compañías, con el supuesto objetivo de evitar la competencia que en el futuro pudieran generarles.

Me parece que en ese debate se están confundiendo muchos temas que contaminan el análisis de fondo de adquisiciones que en verdad pudieran ser problemáticas. Adoptar estas teorías puede ser contraproducente, en especial en una economía como la nuestra.

Hay que recordar que este debate surgió con el tema de las grandes empresas farmacéuticas que empezaron a adquirir pequeñas empresas que estaban desarrollando, o incluso que ya habían generado, un producto que podría competir con su producto estrella. Imaginemos el gran impacto que un nuevo medicamento, mejor y más barato, puede generar en un fármaco que ya lleva muchos años en el mercado. Por obvias razones, en estos casos, las compras se han visto con un grave potencial anticompetitivo, y es claro que estas operaciones con el objetivo de matar a un producto competidor representan un problema de competencia que bien vale la pena analizar.

Sin embargo, en este ánimo de llevar un debate en un mercado muy específico a las conferencias y publicaciones internacionales, la gente ha empezado a extrapolar el tema a todas las adquisiciones de empresas pequeñas en cualquier mercado, y las autoridades empiezan a ver moros con tranchetes por todos lados.

Hace unos días, la Universidad de Harvard organizó una conferencia donde se comentó el gran riesgo de que estas teorías de las empresas asesinas se trasladen a los sectores de tecnología, donde la dinámica empresarial es absolutamente diferente a lo que pasa en medicamentos. La Comisión Federal de Competencia Económica en México organizó un foro hace unos días donde se comentó el tema en las mismas líneas por parte de los académicos y practicantes invitados.

Ya hemos comentado aquí que Facebook y Google han hecho varias adquisiciones importantes en mercados de tecnología, pero la gran diferencia radica en que las empresas que han comprado no son empresas con años de inversión en investigación y desarrollo que han patentado un medicamento, sino empresas de 5 empleados en un garaje y sin dinero que muy probablemente hubieran desparecido si no las hubieran adquirido rápidamente.

En datos de diversas consultoras, más del 50 % de los emprendedores de tecnología en Silicon Valley tienen como objetivo para sus emprendimientos, venderlos a inversionistas o a una gran empresa del sector. Si las grandes empresas de tecnología hubieran estado “matando” emprendimientos, hubiera sido muy fácil para otros 5 jóvenes crear otro producto o servicio similar muy rápido.

Los comentaristas de Harvard estiman que si las autoridades de competencia se ponen demasiado creativas y empiezan a bloquear adquisiciones por la sospecha de que quizá, tal vez, la empresa adquirida a 3 jóvenes va a ser el nuevo Google, lo que se va a lograr es desincentivar esos emprendimientos.

El riesgo de sobreintervención en mercados dinámicos es enorme. Es muy peligroso creer que todas las empresas traen millones de dólares en la bolsa para estar asesinando ideas de veinteañeros y es fundamental que la intervención en casos de concentraciones debe ser la excepción basada en evidencia, no la regla.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.