El profesor que nos ayudó a entender la innovación
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El profesor que nos ayudó a entender la innovación

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El profesor que nos ayudó a entender la innovación

31/01/2020

Clayton Christensen (1952-2020)

El pasado 23 de enero falleció en Boston, Clayton (Clay) Christensen, uno de los mejores profesores de la Harvard Business School (HBS). El motivo de su muerte, señaló en un comunicado Nirin Nohria, director de la HBS, fueron complicaciones por leucemia, la enfermedad que le detectaron en 2010.

El sobreviviente. La revista Forbes, en su portada de febrero de 2011 muestra a Christensen de frente, con las manos abiertas, como explicando algo. Abajo, al lado de su nombre, en letras muy grandes se ve el título del artículo principal de la revista: “The Survivor” (El sobreviviente). ¡Y vaya que lo era! Antes de cumplir 50 años tuvo un ataque cardíaco, luego le detectaron cáncer y poco después una embolia que lo dejó sin habla. Con un enorme esfuerzo y terapias de ocho horas al día aprendió a hablar de nuevo. En su recuperación escribió un libro The Innovator’s Prescription donde expone cómo puede mejorarse el sistema de salud en Estados Unidos (innovadoramente).

Y es que su nombre está enteramente relacionado con el tema. Escribió numerosos libros sobre (empezando por su tesis doctoral) y aquí solo hablaremos de dos que dejaron una profunda huella en el mundo del management:

El dilema del innovador. La revista “The Economist” lo señaló como uno de los seis mejores libros de management jamás escritos. Fue publicado en los 90 y está basado en su tesis doctoral. En este, Christensen afirma que los factores que hacen que una compañía triunfe posteriormente se vuelven las explicaciones de su fracaso. El “dilema” consiste en que el innovador tiene que “abandonar” las capacidades que lo hicieron exitoso, para desarrollar otras que le aseguren el éxito a futuro (pensemos en Blockbuster, las capacidades que le dieron éxito no le sirvieron para competir con Netflix). Andy Grove, el legendario CEO de Intel afirmó que era el libro más importante que había leído en los últimos 10 años, la frase le ayudó a convertirse en best seller. Para 2007 ya había vendido más de medio millón de ejemplares.

El ADN del innovador. Observando e identificando las características propias de algunos de los mejores innovadores del mundo (los fundadores de Apple, Google, Skype, Amazon y Microsoft) el libro muestra cuáles son las habilidades necesarias para tener ideas innovadoras, desde su concepción hasta su culminación. El libro señala las cinco capacidades de un innovador exitoso: primero tener coraje para innovar (desafiando el status quo y asumiendo riesgos); segundo, practicando cuatro conductas (interrogarse y/o cuestionarse, observar, crear “redes” y experimentar) y, finalmente, practicar pensamiento asociativo para unir todas las ideas y así “parir” una idea de negocio innovadora. Un excelente libro, que además de ser muy práctico nos reta a reflexionar sobre nuestra capacidad de innovar; ¿tenemos o no el ADN del innovador?

Una vida de logros. Clay Christensen nació en Salt Lake City (Utah) en 1952, el segundo de ocho hermanos. Su padre era el encargado del departamento de abarrotes de un supermercado, y cuando era joven llevaba a su hijo a la tienda a acomodar mercancías en los estantes. Cuando su padre murió, también de cáncer a los 49 años, Christensen tenía 23 años y conocía tan bien el trabajo, que se quedó con el puesto. Afirmaba: “eso me permitió mantener el mismo salario que tenía mi padre”. Fue él quien lo cuidó hasta el final de su vida y aprovechó (siempre escritor) para escribir su biografía, la cual después releería a sus hijos.

Tras terminar su MBA en Harvard en 1979, Christensen trabajó en el Boston Consulting Group (firma de consultoría) y después en otra empresa, de ahí, en 1992 entró a la vida académica, incorporándose al claustro de profesores de la HBS donde rápidamente destacó como uno de los mejores.

Clay Christensen era un hombre con un profundo sentido religioso (era mormón, y en el servicio que hizo a su iglesia se fue dos años de misiones a Corea, así que hablaba coreano con fluidez). En la última clase de su curso pedía a sus alumnos que se observaran a ellos mismos, que encontrarán felicidad en su carrera, que se aseguraran tener una buena relación con su esposo/a y su familia (procurando ser fuente de felicidad y tranquilidad) y que actuaran éticamente. “Nunca se preocupen demasiado por el nivel de prominencia que alcanzaron, preocúpense más por el número de personas a las cuales ustedes les ayudaron a ser mejores” Sin duda un mensaje innovador.

* El autor es profesor decano del Área de Política de Empresa (Estrategia y Dirección) en el Instituto Panamericano de Alta Dirección de Empresa (IPADE).

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.