‘Política’ de empresa, el arte de dirigir organizaciones
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‘Política’ de empresa, el arte de dirigir organizaciones

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‘Política’ de empresa, el arte de dirigir organizaciones

14/02/2020

Una duda razonable

A veces me preguntan por qué el área académica a la que estoy adscrito en mi institución, el IPADE, se llama Política de Empresa. ¿Existe alguna relación entre la política y la empresa? ¿Dirigir una empresa es como gobernar una ciudad?

Política es una palabra multívoca, es decir, tiene varios significados (es como banco, puede entenderse como una silla sin respaldo, pero también como un lugar donde se deposita o se pide prestado dinero).

No entendemos por política tampoco las “reglas” (generalmente contenidas en el “manual de políticas y procedimientos”), ejemplo: “los cheques de más de xx,xxx pesos tendrán que llevar dos firmas”, dentro de esta acepción de política están las llamadas “políticas de buen gobierno” que a veces son solo un conjunto de buenas intenciones.

La etimología de la palabra política es griega, viene de las raíces: polis (ciudad) e ica (referente a), para los griegos la ciudad era un lugar donde se agrupaban personas para satisfacer mejor ciertas necesidades, necesidades que viviendo aislados o solo con su familia no podrían satisfacer, por eso acuden a la ciudad. Con su familia satisfacen sus necesidades de comida, techo y quizá hasta vestido, pero es en las ciudades donde satisfacen otras cosas como tener amigos, divertirse, educarse, etcétera. De hecho, podemos observar cómo es cada vez mayor el porcentaje de personas que viven en las urbes; en México en 1950 la población rural era más de 66 por ciento, hoy es menos de 33 por ciento (la tercera parte).

La ciudad podía entonces definirse como una organización de personas con un objetivo en común (definición bastante parecida a la de empresa ¿no?), por eso los asuntos relativos al gobierno de ese grupo de personas con necesidades comunes en conjunto se denomina política y vemos que la diferencia con una empresa no es tanta. Se trata de un grupo de personas que se asocian libremente en una empresa para satisfacer ciertos objetivos conjuntos.

Definiendo política

Entonces la definición de política sería “El arte de dirigir”. Arte porque quien lo hace deja en cierta manera impresa su personalidad en la obra realizada. Así, cuando escuchamos una sinfonía de Beethoven, leemos un pasaje de Gabriel García Márquez u observamos una pintura de David Alfaro Siqueiros, estamos “viendo” al artista: vemos a Siqueiros cuando vemos ese Cristo con unas enormes manos cerradas, encrispadas, en puño, ocupando la mitad del cuadro, y concluimos: Siqueiros se preguntaba, dudaba; y así lo transmitió.

¿Dirigir o administrar?

Dirigir es elegir destino y conducir hacía él. Tarea que suele ser ardua, difícil. Requiere de esfuerzo, inteligencia y voluntad. Y no basta con elegirlo, es necesario conducir hasta él, “peleándose” contra la naturaleza misma.

Lo que diferencia a un director de un administrador es que el director elige el destino: define a dónde quiere llegar. El administrador (con todos los méritos y dificultades que esto representa) solamente conduce a la empresa —no es fácil— al destino elegido. Como analogía, podemos decir que es difícil tocar muy bien el piano, pero es tremendamente más complicado componer música clásica de calidad. El administrador en este símil sería el ejecutante; el director, el compositor.

Arte en la creación de valor

Política de empresa será entonces el arte de dirigir empresas y se relaciona, entonces, con los cuatro objetivos genéricos que todas estas comparten. Son importantes pues si no se cumplen ponen en peligro de muerte a la empresa. Podrían dejar de cumplirse un tiempo, pero no permanentemente, ni siquiera por un lapso prolongado.

La política de empresa —es decir, el arte de dirigir empresas— se centra en los cuatro objetivos:

1) Generar riqueza (valor económico agregado).

2) Satisfacer una necesidad de la sociedad.

3) Ser un lugar de desarrollo y crecimiento de las personas que en ella laboran (VHA o Valor Humano Agregado).

4) Lograr la continuidad y permanencia en el tiempo.

Lo propio del arte de dirigir una empresa, tiene que ver con cumplir estos objetivos genéricos Y también con elegir un futuro para la misma. Es decir, formular la estrategia, ir construyendo la organización, hacerla funcionar, y con ello, crear valor económico y humano. Eso es política de empresa.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.