De un aficionado de Chivas a Jorge Vergara, el ‘vendedor de sueños’: ¡Gracias!
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De un aficionado de Chivas a Jorge Vergara, el ‘vendedor de sueños’: ¡Gracias!

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De un aficionado de Chivas a Jorge Vergara, el ‘vendedor de sueños’: ¡Gracias!

15/11/2019
Actualización 15/11/2019 - 20:14

Era 2002. A mis 15 años estaba resignado a que el equipo de mis amores viviera en la mediocridad. Un equipo que ni en sus mejores sueños podía pelear el campeonato en una liga donde equipos como Toluca o Santos solían dominar. Lejos quedaba aquel 1997 cuando ganaron el campeonato a los coloridos Toros Neza.

Problemas económicos del club, manejado hasta entonces como una asociación civil, derivaban en un equipo con poco talento futbolístico.

Hasta que irrumpió un tal Jorge Vergara, empresario poco conocido, experto en vender suplementos alimenticios, pero que también era especialista en vender sueños.

Convenció a socios de vender 190 certificados de propiedad a cambio de 260 millones de dólares, de acuerdo con ESPN.

Después de un proceso polémico, de temas judiciales que a un aficionado poco le importan, se hizo con el control del club.

Y vinieron las promesas. Refuerzos millonarios. Ser campeón en 5 años, y en 10 dominar la liga. Ser como el Real Madrid. Retirar toda publicidad a una playera que entonces parecía la Sección Amarilla. Tener el mejor estadio de Latinoamérica.

Dulce música para una afición lastimada en esos años por la poca competitividad de su equipo. Pocos le creían, es verdad, parecía de pronto un merolico ofreciendo milagros. Otros sí le creyeron, le creímos. Porque ¿qué es el futbol sino una ilusión constante?

Desde los primeros meses Vergara se hizo notar también en la Liga, que se espantó cuando el irreverente dueño de Chivas publicaba desplegados burlándose de algún resultado.

Quizá el que más fue Pumas, llamados ‘gatitos’ por Jorge Vergara.

Chivas era protagonista en los periódicos, pero también en las canchas. Pasaron pocos meses y ya se peleaba de nuevo la Liga. Fue en 2004 cuando el nuevo Guadalajara disputó su primera final, justamente contra los ‘gatitos’. Y la perdió Chivas contra un equipo que en realidad era una fiera (incluso fue bicampeón).

Qué dolorosa derrota, lo recuerdo bien. Pero sabíamos también que era el inicio de muy buenos años, con un equipo que tenía en su dueño la visión de contratar figuras, pero también apostar a la cantera, que seguro tenía telarañas.

Llegaron liguillas, espectaculares participaciones en Copa Libertadores. ¡Cómo olvidar el 4-0 a Boca Juniors en el Jalisco!

Y sabíamos que el campeonato estaba cerca y llegó en aquel diciembre del 2006. El equipo entró de rebote a la liguilla, pero ahí se embaló y despachó, ni más ni menos, que al líder Cruz Azul, al odiado América, y en la final a un poderoso Toluca.

Quizá todo aficionado de Chivas al recordar esa final tiene en la cabeza la imagen de Adolfo ‘Bofo’ Bautista llorando, levantando las manos al cielo al festejar el gol que a la postre dio el campeonato. Pero también la de un efusivo Vergara festejando en las tribunas. Es el sueño del hincha, pensé entonces y ahora.

Pese a un pasado 'rojinegro', Vergara siempre dijo que él era de Chivas. Ser dueño del equipo de tus amores es el sueño de cualquier apasionado por este hermoso deporte. Vergara era ese hincha que se hizo dueño. Qué maravilla.

Después del campeonato, vinieron buenos años, pero que no se pudieron consagrar con el campeonato. Y también tiempos turbulentos, con un dueño que para entonces era ya conocido por despedir a la primera de cambios a los entrenadores, ya sea por malos resultados, pero también si le hablaban feo.

Claro que se equivocó varias veces. Su temperamento le jugaba malas pasadas y cortaba proyectos que probablemente habrían dado alegrías a la afición. También alguna vez dejó en manos poco preparadas el manejo del equipo de futbol.

Porque sí, parece fácil dirigir un simple equipo, pero cuando se trata del más grande el país no es nada fácil. Vergara lo supo bien.

Los errores se hicieron más visibles en 2013 y 2014. Tal era la crisis de resultados del equipo que se ubicó varias jornadas en los últimos lugares del descenso.

Y claro que Vergara hacía enojar mucho. Parecía empecinado en tomar malas decisiones, desde lo administrativo a lo deportivo. Y aunque uno sabía que problemas personales estaban impactando en el manejo del equipo, la desilusión era mucha.

Pero un día volvió el ‘viejo’ Vergara. Tomó de nuevo las riendas de Chivas y decidió contratar a otro loco soñador como él: Matías Almeyda.

Matías entonces novel entrenador tenía muy poco cartel en México. ¿Por qué Vergara contrata a alguien con poca experiencia para dirigir un equipo en llamas? Pocos lo entendían. Quizá sólo ellos dos.

Pero así pasa, alguna vez las estrellas se alinean y un par de ilusionistas se unen para generar magia.

Ese dueño que sabía del negocio volvió a las raíces: un buen entrenador, con carácter, y un plantel con buenos jugadores, que venían de fuera y de la cantera. La receta ‘Vergara’, digamos

Y no fue uno, no fueron dos, no fueron tres. Fueron 5 los campeonatos que esta dupla consiguió. Se ganó todo: Liga, Copa, Supercopa, Concachampions. Todo.

Volvía el famoso Chivas, el más grande.

Fuimos felices y lo sabíamos. Y, también, sabíamos que algún día iba a terminar.

Primero se fue Almeyda, peleado más con directivos que conocían de números, pero no de futbol o del corazón del juego, que con Vergara.

Y Jorge, que en realidad fue desapareciendo de los reflectores paulatinamente entre rumores de una grave enfermedad, se fue del club apenas en junio pasado dejando el equipo en manos de su hijo.

Y hoy Jorge Vergara se fue para siempre.

Se le podrán alabar muchas cosas, se le podrán criticar otras tantas. Podrá caer bien, y a muchos mal.

Pero por rescatar al Guadalajara, por regresarle el corazón al equipo de mi vida, por aferrarse al sueño de que Chivas volviera a sus días de gloria, por lograr dos campeonatos, dos tardes inolvidables, y sobre todo por querer tanto a estos colores, este aficionado de Chivas sólo puede decir: ¡Gracias!

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.