Dos Méxicos
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Dos Méxicos

14/02/2020

Por Alejandra Marcos, directora de Análisis y Estrategia en Intercam Casa de Bolsa .

México vive una dicotomía. Por un lado, el contexto del país frente a los mercados internacionales dado el entorno macroeconómico, y por el otro, la situación al interior del país por el manejo de políticas públicas. Cuando los inversionistas internacionales evalúan la situación actual de México se encuentran con un país que sigue pagando las tasas más elevadas del mundo cuyo gobierno sigue comprometido a mantener una férrea disciplina fiscal, un endeudamiento limitado y con un presidente legítimo que tiene aprobación del pueblo. En otras economías latinoamericanas en las que los gobiernos no gozan de la aceptación de la población, han surgido disturbios que amenazan no solo con la paz sino con la estabilidad económica. A este entorno macroeconómico y de responsabilidad fiscal, se le suman bajos niveles de inflación, un tipo de cambio fuerte y estable que, a pesar del entorno internacional, ha tocado mínimos de los últimos 18 meses. Tenemos un tratado de libre comercio, el T-MEC, que es salvaguarda del comercio con Estados Unidos. Todo ello no obstante de una economía que se estancó en el 2019, y que de acuerdo con los últimos datos publicados se contrajo 0.1 por ciento.

El primer México es el que ven los inversionistas institucionales alrededor del mundo, que siguen aumentando posiciones en instrumentos soberanos o cuasi-soberanos mostrando un fuerte apetito. La última colocación de bonos de Pemex realizada el 20 de enero fue demandada cinco veces a uno. Se colocaron en el mercado cinco mil millones de dólares a un plazo de 11 y 30 años con tasas de interés inferiores a las observadas durante las colocaciones del 2019. La demanda de dicho papel fue de aproximadamente 26 mil millones de dólares. Otro ejemplo son las constantes emisiones de bonos en los mercados internacionales por parte de corporativos mexicanos. Adicionalmente, la tenencia de valores gubernamentales en manos de extranjeros está cerca de alcanzar de nueva cuenta máximos históricos, y al cierre de enero se situaba en 2.18 billones de pesos. ¿Por qué sigue existiendo tanto apetito por estos activos? La razón fundamental es por los elevados rendimientos que ha propiciado el Banco de México, de la disciplina fiscal; y más recientemente por la firma del T-MEC. Adicionalmente consideran que el riesgo de impago es limitado a pesar de que es probable ver revisiones a las calificaciones crediticias de estos instrumentos. Al parecer a los grandes inversionistas poco les importan la situación local y los problemas de la presente administración.

El otro México es el que nos enfrentamos todos los días sobre lo sangriento que acabó siendo el 2019 con la tasa de muertes violentas más elevada de la historia reciente, los crecientes feminicidios donde mueren nueve mujeres todos los días, la falta del abasto de medicinas y la grave situación del sector salud, los elevados niveles de inseguridad que vive el país. La caída de la inversión privada y la creciente preocupación respecto del Estado de derecho que fortalezca las garantías individuales.

Es indudable la división sobre la percepción, y el estado de México. Y encima de todo ello, tenemos a un presidente cuyas habilidades de comunicación son excepcionales. Nos encontramos preocupados por cuestiones sin sentido, que hacen que la opinión pública se mantenga “entretenida” con temas poco relevantes, y no por los problemas de fondo que se están viviendo en México y que acabarán por modificar la realidad en el largo plazo.

Esta dicotomía no puede seguir mucho tiempo más. Una acabará por reinar. Si a la estabilidad macroeconómica se le añade un ambiente más favorable para la inversión privada, acabaría detonando el crecimiento económico; y a la postre mejorará la situación de inseguridad y la fuerte desigualdad. O bien la mala conducción de políticas públicas acabará por mantener estancada a la economía incluso contraerla, debilitando las finanzas públicas y consecuentemente la estabilidad macroeconómica. Espero que sea la primera la que acabe dominando.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.