El desenlace del T-MEC en el Congreso estadounidense
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El desenlace del T-MEC en el Congreso estadounidense

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El desenlace del T-MEC en el Congreso estadounidense

14/11/2019

Por Kenneth Smith Ramos, Exjefe Negociador del TLCAN para el Gobierno de México y socio en el despacho “AGON, Economía, Derecho, Estrategia” .

Hace algunos días, altos funcionarios del Gobierno Federal señalaban que el T-MEC se encontraba “a punto de turrón” en su proceso de ratificación en el Congreso de EU. Las llamas del optimismo también han crecido en Washington gracias a las recientes declaraciones de Nancy Pelosi, presidenta de la Cámara de Representantes, así como del Representante Richard Neal, presidente del Comité de Medios y Arbitrios. Ambos han señalado que a pesar de la espada de Damocles del posible juicio político en contra del presidente Trump, tanto demócratas como la Casa Blanca han logrado avanzar en los temas pendientes en torno al T-MEC, y están cada vez más cerca de llegar a un acuerdo.

¿Habrá llegado la hora de sacar el champagne y echar campanas al vuelo? No se apresuren, ya que para México es necesario leer entre líneas para entender lo que está detrás de las señales optimistas de los demócratas y del Representante Comercial de EU. El que lleguen a un acuerdo en EU respecto a las demandas de los demócratas no significa que el resultado sea aceptable para México.

A lo largo de esta negociación interna en EU, el liderazgo demócrata ha insistido en que el texto del USMCA debe reabrirse para atender sus preocupaciones en materia de propiedad intelectual, laboral, medio ambiente y solución de controversias. Sin embargo, estamos a un par de semanas de un posible voto en la Cámara de Representantes, y hasta el momento se desconocen por completo los textos que están sobre la mesa. Tenemos indicios claros de que los demócratas seguirán insistiendo en que México acepte la imposición de visitas de inspección unilaterales para determinar el cumplimiento de las disposiciones establecidas en el Capítulo Laboral del T-MEC. Esto es completamente inaceptable.

¿Por qué? Porque las inspecciones discrecionales le permitirían a EU darle la vuelta al mecanismo de solución de disputas del Tratado, y le otorgaría el derecho de “certificar” de manera unilateral si México está cumpliendo con sus compromisos, sin pasar por un panel imparcial y transparente. Ergo, si México acepta esto, podríamos tener una lluvia de casos laborales en contra de México en los primeros años de vigencia del T-MEC, con la posible imposición de restricciones comerciales para nuestros exportadores. Ante un escenario de esta naturaleza, el resultado del T-MEC en la práctica sería un TLCAN “Minus” en lugar de un TLCAN “Plus”, ya que pondría en riesgo el acceso de nuestros principales productos a EU.

Esta preocupación no es mera especulación, ya que es exactamente lo que EU intentó hacer en la negociación del TPP al imponerle a los países “chiquitos” como Vietnam, Malasia, y Brunei, los “Planes de Acción” (Action Plans) que plasmaban requisitos adicionales de verificación del cumplimiento del capítulo laboral, mismos que por ejemplo, le hubieran permitido a EU suspender el acceso preferencial a su mercado para los productos del sector textil y calzado provenientes de Vietnam, sin necesidad de pasar por un panel arbitral. Afortunadamente para estas naciones, EU nunca pudo implementar estas medidas leoninas porque el recién llegado presidente Trump decidió sacar a su país del TPP en 2017.

El sector privado mexicano, y en particular el Cuarto de Junto saben perfectamente que el ceder respecto a las inspecciones laborales traería consecuencias funestas para México. Asimismo, están muy preocupados de que mientras que en EU los Congresistas señalan que un acuerdo es inminente, en México se desconocen los detalles de la negociación. Afortunadamente el Gobierno Federal ha señalado claramente que no aceptará las inspecciones unilaterales, pero ese no es el único tema tóxico en materia laboral. Se habla también de un posible mecanismo diferenciado de solución de controversias en el que los temas laborales, de interés de EU, gozarían de un mecanismo “fast track” o mejorado para la conformación de los paneles y los tiempos de resolución, mientras que los demás sectores de interés de México (como el agropecuario, textil, o automotriz) no recibirían el mismo trato.

A pesar de que nuestro gobierno pintó su raya respecto a las inspecciones, es probable que la presión política sobre México incremente radicalmente en las próximas semanas. Imaginemos un escenario en el que el EU le informa a México que si no acepta las inspecciones, o el sistema diferenciado de solución de diferencias, se cerrará la ventana para poder aprobar el T-MEC este año. “Presidente López Obrador, quiere ser usted el responsable de matar el T-MEC? Evite eso y acepte nuestras solicitudes en lo laboral”. Esa es una pregunta del presidente Trump que nuestro Gobierno no quisiera enfrentar. Pero si se la ponen en frente, la respuesta debería ser: “Mr. Trump, México está a favor de un T-MEC que fortalezca el TLCAN, que lo modernice e impulse la competitividad de nuestro país y de la región. No podemos aceptar un retroceso.”

Por otro lado, hemos señalado en artículos anteriores que las preocupaciones de los demócratas respecto a la aplicación del Tratado (enforcement) es algo que se pudiera atender por la vía administrativa, sin necesidad de tomar como rehén la aprobación del T-MEC. De hecho, durante las negociaciones México fue el principal promotor de un mecanismo de solución de controversias mejorado, que agilizara la conformación de paneles, y brindara mayor transparencia a lo largo del proceso.

Sin embargo, lo que los demócratas pretenden en materia laboral sí sería un enorme retroceso. La clave está en que en estos días tan importantes, México tenga la claridad de responder certeramente a EU y reiterar qué es o no aceptable para México. Esto con un previo acuerdo entre las dependencias del Gobierno Federal (quienes implementarán el acuerdo) y también con el sector privado. Es importante recordar que cualquier cambio que se le haga al tratado, ya sea mediante acuerdos administrativos o a través de cambios al texto, sería una concesión por parte de México. Recordemos que México ya ratificó el tratado tal y como está, sin necesidad de cambiarle ni una coma. Por lo tanto, cualquier cambio que quiera hacer EU pone en riesgo el balance de la negociación.

Esperemos que el Gobierno de México no ceda ante las presiones de EU y logremos a la brevedad la ratificación y la entrada en vigor del T-MEC. Mucho está en juego, y esta es una negociación en la que no nos podemos equivocar.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.